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La directiva europea contra el 'greenwashing' entra en vigor a finales de septiembre

Prohibirá la obsolescencia programada y, desde 2027, obligará a que los usuarios puedan sustituir la batería sin servicio técnico, según el Reglamento (UE) 2023/1542.

Por Redacción de El Hemiciclo·
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La Directiva europea contra el 'greenwashing' comenzará a aplicarse a finales de septiembre y prohibirá prácticas como la planificación deliberada de la obsolescencia temprana de los productos. A partir de 2027, además, los fabricantes deberán diseñar los dispositivos para que los usuarios sustituyan la batería sin acudir a un servicio técnico, según el Reglamento (UE) 2023/1542 sobre pilas y baterías, dos normas que sitúan la reparabilidad en el centro de la economía circular comunitaria.

El giro regulatorio de Bruselas coincide con la aparición de herramientas ciudadanas de autodiagnóstico. La Asociación Huella de Carbono, entidad colaboradora del Pacto Climático Europeo, acaba de lanzar una calculadora gratuita que estima el impacto ambiental del uso cotidiano de la tecnología a partir de un cuestionario sobre hábitos digitales: buscadores, redes sociales, almacenamiento en la nube y correo electrónico.

Según los datos difundidos por la propia entidad, un uso medio de herramientas digitales genera una huella anual de 141,3 kilogramos de CO₂ equivalente, cifra que la asociación equipara a recorrer unos 1.000 kilómetros en un coche de gasolina de potencia media o a 141 días de consumo eléctrico residencial de un hogar tipo. La herramienta ofrece un desglose de los ámbitos que más pesan en ese impacto para identificar áreas de mejora.

La calculadora no plantea reducir el uso de la tecnología, sino manejarla de forma más consciente. La entidad complementa la herramienta con un curso gratuito, la Guía de Sostenibilidad Digital Personal, disponible en su campus online, donde los usuarios pueden interpretar sus resultados y aplicar acciones concretas.

«La herramienta se concibe como un punto de partida para promover cambios reales en el día a día mediante pequeños gestos, los llamados ecogestos digitales, que pueden multiplicar su impacto cuando se comparten», explican desde la Asociación Huella de Carbono.

Más de 40 materiales por teléfono

El foco medioambiental no se limita al consumo energético del uso diario: la fabricación concentra la mayor parte del impacto. Un único teléfono inteligente requiere más de 40 materiales diferentes, muchos de ellos clasificados como críticos por su relevancia estratégica y la dificultad para obtenerlos: litio, cobalto, níquel, grafito, oro, plata, cobre, neodimio, disprosio, tántalo, wolframio, indio o galio forman parte de la lista.

Para obtener un solo dispositivo móvil es necesario extraer entre 10 y 15 kilogramos de mineral, según la Universidad de Plymouth. Ese proceso de extracción, fabricación y ensamblaje concentra la mayor parte de la huella de carbono del aparato: durante su primer año de vida, un smartphone emite de media unos 85 kilogramos de CO₂ equivalente, y cerca del 75% de esas emisiones se generan antes de que el usuario lo encienda por primera vez.

A esa huella se suma un consumo hídrico considerable a lo largo de toda la cadena de producción. Algunas estimaciones la sitúan en torno a 12.000 litros de agua por cada teléfono inteligente y hasta 20.000 litros en el caso de un ordenador portátil, cifras que colocan la industria electrónica entre los sectores manufactureros con mayor demanda de agua por unidad producida.

Reparabilidad en el centro de Bruselas

Ante ese diagnóstico, la Unión Europea ha situado la durabilidad y la reparabilidad de los dispositivos en el centro de su estrategia de economía circular. La Directiva contra el 'greenwashing', que comienza a aplicarse a finales de septiembre, prohibirá explícitamente la planificación deliberada de la obsolescencia temprana de los productos.

La medida entronca con una preocupación europea de más de una década: en 2015, Francia tipificó como delito la obsolescencia programada en su Ley de Transición Energética, lo que abrió la vía a investigaciones y sanciones administrativas contra fabricantes de electrónica de consumo en varios Estados miembros.

La norma se complementa con el Reglamento (UE) 2023/1542 sobre pilas y baterías, que obligará a los fabricantes, desde 2027, a diseñar sus dispositivos para que los usuarios retiren y sustituyan la batería sin depender de un servicio técnico especializado. Es un cambio de calado para una industria que durante años ha optado por el sellado hermético de sus componentes como estándar de diseño.

Voluntariado y acceso desigual

La Asociación Huella de Carbono, creada en 2022, plantea su labor como una vía para reducir la desigualdad en el acceso a los recursos climáticos y se apoya en el voluntariado digital experto: más de 400 profesionales colaboran de forma gratuita con ciudadanos, pymes y organizaciones en sus procesos de mejora ambiental, según los datos que la propia entidad ha hecho públicos.

«La acción climática debe estar al alcance de todas las personas y organizaciones, no sólo de quienes tienen más recursos. Nuestro objetivo es acompañar, formar y facilitar herramientas prácticas para que ciudadanos, pymes y entidades puedan comprender su impacto, reducirlo y convertirse también en parte activa de la solución», señalan desde la asociación.

La iniciativa se enmarca en el Pacto Climático Europeo, el mecanismo comunitario que busca movilizar a la ciudadanía como agente de la transición ecológica, más allá de las políticas de reducción de emisiones que se negocian en las instituciones de la Unión, un terreno donde España ha chocado recientemente con otros socios en torno al reparto del presupuesto europeo.

La entidad resume así el sentido último de la calculadora: «demostrando que la acción climática puede empezar también en el entorno digital de forma sencilla, inclusiva y accesible». La herramienta de autodiagnóstico ciudadano y el calendario regulatorio europeo, que empieza a aplicarse esta misma semana, apuntan a una transición que dependerá tanto de la normativa como de los hábitos individuales de consumo tecnológico.

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