El acercamiento se produce tras años de fricción comercial y geopolítica entre las dos mayores economías del mundo, cuyas disputas arancelarias y tecnológicas han marcado la agenda internacional. Para una economía pequeña y abierta como la salvadoreña, dependiente del comercio exterior y de las remesas provenientes de EE.UU., cualquier variación en la relación entre Washington y Pekín tiene efectos indirectos sobre el costo de las importaciones y el apetito de inversión extranjera en la región centroamericana.
El Banco Central de Reserva ha reiterado en informes previos que la economía salvadoreña, dolarizada desde 2001, resulta sensible a los vaivenes de la política monetaria y comercial estadounidense, dado que carece de moneda propia con la cual amortiguar choques externos. Una eventual distensión entre las dos potencias podría traducirse en mayor estabilidad para las cadenas de suministro globales de las que también depende El Salvador para insumos y bienes de consumo importados desde Asia.
Ruptura con Taiwán en 2018
El giro diplomático se inscribe en una larga trama de recomposición de alianzas en el istmo. En agosto de 2018, El Salvador rompió relaciones con Taiwán para establecer vínculos formales con la República Popular China, una decisión que en su momento generó fricciones con la primera administración Trump. Aquel episodio ilustró cómo las dinámicas entre Washington y Pekín repercuten directamente en las decisiones de política exterior de los países centroamericanos.
La región ha buscado en los últimos años diversificar sus relaciones comerciales sin perder el vínculo estratégico con EE.UU., su principal socio en remesas, seguridad y cooperación migratoria. En ese equilibrio, otros gobiernos han adoptado medidas de corte económico ante presiones externas: Guatemala suspendió hasta diciembre el IVA y el impuesto a los combustibles frente a la volatilidad de precios internacionales derivada, en parte, de las tensiones comerciales globales.
La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) ha planteado en el pasado medidas para amortiguar el impacto de fenómenos externos sobre las economías de la región, en línea con las recomendaciones que la Cepal ha propuesto para reducir el impacto económico de El Niño, un marco de análisis aplicable también a los choques derivados de la geopolítica entre potencias.
El propio Trump ha mantenido posiciones firmes frente a China en otros foros. En su intervención ante la Asamblea General de la ONU, rechazó cualquier regulación internacional de la inteligencia artificial, lo que apunta a que la distensión anunciada en materia de estabilidad estratégica no necesariamente se extenderá a todos los frentes de competencia tecnológica y militar entre ambas potencias.
Ni la parte china ni la estadounidense detallaron los términos del entendimiento alcanzado este viernes ni fijaron una fecha para un próximo encuentro entre ambos mandatarios.

