El primer día de campaña de las elecciones autonómicas andaluzas del 17 de marzo escenificó el lunes cuatro estrategias divergentes en cuatro capitales de provincia: el presidente de la Junta y candidato del PP, Juanma Moreno, convocó a 5.200 simpatizantes en los Jardines de Murillo de Sevilla eludiendo toda referencia a la corrupción; la candidata socialista, María Jesús Montero, atacó desde Granada con datos sobre listas de espera sanitarias de 147 días de media; el candidato de Vox, Manuel Gavira, desplegó en Cádiz un mapa que denominó de «ocupación migratoria», generando rechazo inmediato de organizaciones no gubernamentales; y el candidato de Izquierda Unida-Por Andalucía, Antonio Maíllo, reclamó en Málaga la creación de un parque de 50.000 viviendas públicas. Las encuestas disponibles atribuyen al PP un 43,6% de intención de voto y una probabilidad del 60% de alcanzar la mayoría absoluta.
Moreno y el silencio sobre el caso Koldo
El mitin del PP en Sevilla, el más nutrido de la jornada con 5.200 asistentes según los datos del propio acto, tuvo como rasgo más llamativo lo que no se pronunció: la palabra 'corrupción' estuvo ausente del discurso de Moreno durante toda la intervención. La omisión adquiere relevancia en el contexto del denominado caso Koldo, una investigación judicial en curso relacionada con presuntas comisiones ilegales en contratos públicos vinculados al Partido Socialista a nivel estatal, cuya sombra planea sobre el debate político nacional. La decisión del candidato popular de no abordar el asunto —ni para atacar a sus rivales ni para desvincularse de episodios que afectan a otros territorios gobernados por el PP— apunta a una estrategia de campaña centrada en el terreno de la gestión propia antes que en el de la confrontación judicial.
Montero y la sanidad como bisturí electoral
La candidata socialista eligió Granada para hacer de la sanidad pública su principal arma de apertura de campaña. El dato que Montero situó en el centro de su intervención —147 días de espera media en las listas sanitarias andaluzas— constituye una cifra concreta y cuantificable en un ámbito, la gestión hospitalaria, en el que el PP acumula ya varios años de gobierno autonómico. La sanidad pública andaluza ha sido históricamente uno de los indicadores más sensibles para el electorado de la comunidad, que cuenta con la mayor población de España según el Instituto Nacional de Estadística. Al escoger Granada, una provincia con peso electoral propio y tradición de disputas territoriales entre ambos partidos mayoritarios, el PSOE-A buscó también proyección simbólica más allá del volumen del acto.
Gavira y la inmigración como mapa de conflicto
El candidato de Vox, Manuel Gavira, optó por Cádiz —provincia con una de las tasas de desempleo más elevadas de Andalucía y puerta de entrada de flujos migratorios irregulares procedentes del norte de África— para presentar lo que su formación denominó un mapa de «ocupación migratoria». El término y el recurso visual provocaron la repulsa inmediata de organizaciones no gubernamentales que trabajan en la atención a migrantes en la región. La estrategia de Vox sigue una pauta consolidada en su trayectoria electoral: vincular la cuestión migratoria a un discurso de amenaza territorial en provincias costeras con presencia de llegadas irregulares, donde el impacto emocional del mensaje puede ser mayor. La reacción de las ONG fue documentada desde el primer día, lo que garantiza a la formación de ultraderecha visibilidad mediática más allá de su propio electorado cautivo.
Maíllo y la vivienda como eje de la izquierda alternativa
En Málaga, la ciudad andaluza con mayor tensión en el mercado inmobiliario por la presión del turismo y la inversión extranjera, Antonio Maíllo centró su primer discurso de campaña en la exigencia de un parque público de 50.000 viviendas. La cifra constituye el eje programático más concreto lanzado en la jornada inaugural por cualquiera de los cuatro candidatos. La vivienda pública ha pasado a ser en los últimos años uno de los principales campos de disputa política en toda España, tras décadas de dependencia casi exclusiva del mercado privado y la práctica desaparición del parque social construido entre los años cincuenta y ochenta del siglo pasado. Maíllo apostó así por un mensaje de izquierda económica en la capital que más polariza en términos de desigualdad residencial dentro de la comunidad.
El mapa electoral que dibuja el 43,6%
El telón de fondo de los cuatro actos es un escenario de encuestas favorable al PP que, con un 43,6% de intención de voto y una probabilidad del 60% de mayoría absoluta, sitúa a Moreno como favorito antes de que la campaña alcance su ecuador. Una mayoría absoluta en el Parlamento de Andalucía —cámara de 109 escaños— requiere 55 diputados. El PP ya gobierna en solitario la comunidad desde las elecciones de junio de 2022, cuando obtuvo 58 escaños en un resultado histórico para la derecha andaluza que puso fin a décadas de hegemonía socialista interrumpida en 2018. La consolidación de ese modelo de gobierno sin socios es el principal objetivo del candidato popular; evitar que se repita es el denominador común, aunque con estrategias distintas, de los otros tres partidos con representación parlamentaria.
Cuatro provincias, una campaña fragmentada
La elección de cuatro capitales diferentes para el arranque simultáneo de campaña no es casual: refleja la heterogeneidad de una comunidad de ocho provincias con realidades económicas, demográficas y sociales muy distintas. Sevilla concentra la capitalidad institucional y el mayor peso demográfico; Granada combina tradición universitaria con tensiones en el empleo; Cádiz acumula los índices de paro más altos de la región; Málaga encarna el modelo de crecimiento turístico con sus contradicciones. Cada candidato eligió su escenario en función del perfil de su electorado objetivo y del mensaje que pretende anclar durante las próximas semanas. El resultado es una campaña que, desde su primer día, se libra en registros y territorios paralelos antes que en un debate común de fondo.
Lo que viene: el debate como momento de convergencia
La fragmentación del arranque hace del primer debate electoral entre los candidatos el momento clave en que las cuatro narrativas deberán confrontarse en un mismo espacio. Hasta entonces, cada formación controlará los tiempos y los temas de sus propios actos. La pregunta que queda abierta tras esta jornada inaugural es si el caso Koldo, la sanidad, la inmigración o la vivienda lograrán imponerse como eje central de la campaña, o si la ventaja en las encuestas del PP permitirá a Moreno mantener una estrategia de perfil bajo hasta el día 17 de marzo.


