El pistoletazo de salida lo marca el disparo de un cohete, señal que da paso a los camiones cargados de tomate que abastecen a los participantes por el recorrido oficial. La multitud se lanza tomates aplastados durante alrededor de una hora, hasta que un segundo cohete ordena el cese inmediato del lanzamiento. Es entonces cuando los camiones cisterna limpian las calles con agua a presión.
La Tomatina nació en 1945, según recoge la web municipal, a partir de una trifulca callejera entre jóvenes que derivó en el lanzamiento improvisado de verduras de un puesto cercano. Lo que comenzó como una gamberrada aislada, prohibida en varias ocasiones durante el franquismo por las autoridades locales, acabó consolidándose como fiesta oficial en la década de 1950 y hoy figura declarada Fiesta de Interés Turístico Internacional por el Ministerio de Industria, Comercio y Turismo, la máxima categoría del catálogo estatal, reservada a celebraciones con relevante proyección exterior.
El sistema de entradas de pago se implantó en 2013 como respuesta a la masificación que llegó a poner en riesgo la celebración. Antes de esa fecha el acceso era libre y gratuito, y algunas ediciones habían llegado a congregar a más de 40.000 personas en un municipio de apenas 9.000 habitantes, según el padrón municipal. El precio actual, en torno a los 15 euros por entrada, se destina a cubrir los gastos de organización, limpieza y seguridad. Con 22.000 localidades vendidas y agotadas, el aforo autorizado ronda hoy la mitad de aquellas afluencias descontroladas.
Del acceso libre al debut televisivo
El operativo de este año incluye un acuerdo entre el consistorio y RTVE para ofrecer la retransmisión en directo del acontecimiento, algo que el ayuntamiento calificaría de histórico al tratarse de la primera vez que la televisión pública cubriría en directo la totalidad de la batalla. Hasta ahora la cobertura mediática se había limitado a resúmenes y conexiones puntuales de distintas cadenas nacionales e internacionales, que durante décadas han situado las imágenes de la plaza teñida de rojo en informativos de medio mundo.
El impacto económico para Buñol y la comarca de la Hoya de Buñol-Chiva es notable: la afluencia de visitantes durante la semana previa y posterior llena hoteles y alojamientos rurales en un radio de varios kilómetros, en una localidad cuya economía tradicional ha girado en torno a la industria papelera y cementera. El propio consistorio ha reconocido en ediciones anteriores que el evento se ha convertido en la principal palanca de promoción turística del municipio.
La organización despliega un dispositivo de seguridad y limpieza coordinado con la Policía Local, Protección Civil y efectivos de la Diputación de Valencia. Tras el final de la batalla, los camiones de bomberos baldean las calles, ya que, según ha explicado en ocasiones anteriores el ayuntamiento, la acidez del tomate contribuye a dejar el asfalto limpio una vez retirada la pulpa.
Entre las normas de participación figuran la prohibición de llevar objetos que puedan causar daños, como botellas de cristal, y la recomendación de aplastar los tomates antes de lanzarlos para evitar golpes. El consistorio exige que los participantes respeten el corte al segundo disparo de cohete, momento en que debe cesar el lanzamiento de forma inmediata, una regla básica para ordenar la desconcentración de miles de personas en un espacio reducido.
La comparación con otras fiestas populares españolas de gran repercusión internacional, como los Sanfermines de Pamplona o las Fallas de Valencia, sitúa a La Tomatina en un plano distinto por su carácter más lúdico que ritual, aunque comparte con ellas el reto de gestionar la masificación turística sin perder la esencia local. El ayuntamiento ha defendido en el pasado que el límite de aforo busca precisamente preservar ese equilibrio entre proyección exterior y convivencia vecinal.
No constan hasta el momento incidentes reseñables en esta edición, más allá de la habitual asistencia médica leve por golpes de calor o pequeñas contusiones, algo recurrente dado el calor propio de finales de agosto en el interior valenciano. Los servicios sanitarios municipales mantienen un dispositivo específico durante toda la jornada.
La próxima cita, la edición número 80, está prevista para el último miércoles de agosto de 2027, fecha en la que el ayuntamiento de Buñol deberá decidir si mantiene el actual sistema de aforo y precio de entradas o introduce modificaciones, en función de cómo evolucione la demanda internacional por participar en una de las tradiciones festivas españolas con mayor proyección exterior.

