El caso más extenso involucra a un consultor tecnológico en Bamako que, en colaboración con el servicio de inteligencia estatal de Malí bajo control de la junta militar, empleó Claude Code para desarrollar "Lakana 360", un sistema capaz de interceptar llamadas, mensajes de texto y tráfico de voz en la red móvil del país, identificar personas por su voz aunque cambiaran de tarjeta SIM y detectar el uso de cifrado o redes privadas virtuales. Anthropic reconoció no haber podido desactivar la aplicación.
En el terreno bélico, un equipo de desarrolladores en Rusia, presuntamente independientes, utilizó la herramienta para programar drones autónomos tipo "kamikaze" capaces de seleccionar sus propios objetivos sin intervención humana en la decisión final. Según el informe, el grupo seleccionó de manera repetida una ubicación en la región ucraniana de Donetsk y recurrió a redes privadas virtuales para evadir los bloqueos geográficos de la empresa. Los desarrolladores afirmaron contar con financiamiento de programas gubernamentales y militares rusos, aunque Anthropic sostuvo que se trató de una operación no oficial.
En el norte de Yemen, un grupo recurrió a Claude Code para el diseño de software de un cohete guiado, la elaboración de planos de un misil de largo alcance y el desarrollo preliminar de un vehículo de planeo hipersónico. Para evitar ser detectados, los usuarios fragmentaron el trabajo en conversaciones separadas con la inteligencia artificial. Anthropic señaló que no existen pruebas de que el grupo haya completado un arma funcional, aunque sí realizó un lanzamiento de prueba de un cohete que, de acuerdo con el reporte, resultó fallido, lo que llevó al grupo a consultar nuevamente al sistema para identificar el error.
El expediente también documenta una operación de desinformación rastreada hasta una agencia de publicidad francesa identificada como LKM Company, que produjo en masa artículos políticos para cerca de 70 sitios de noticias falsas en unos 20 idiomas, con al menos 8,913 notas publicadas. Cada portal contaba con la firma de un periodista ficticio y una cuenta falsa en la red social X, respaldada por cientos de perfiles automatizados. La operación, que Anthropic describió como "propaganda como servicio", ajustaba su narrativa según el cliente que pagara y se concentró en Estados Unidos, Brasil y Francia, con especial intensidad hacia la República Democrática del Congo en su conflicto con Ruanda.
Una campaña vinculada a Emiratos Árabes Unidos
Otro de los casos documentados involucra una operación vinculada a Emiratos Árabes Unidos dirigida contra los Hermanos Musulmanes y contra expertos de Naciones Unidas críticos del papel de Abu Dabi en el conflicto de Sudán. Según Anthropic, la campaña se articulaba en torno a una personalidad de inteligencia artificial identificada como "Deadshot", que se valió de Claude para generar informes, contenidos para redes sociales y testimonios sobre Sudán.
"Una acción coordinada, transatlántica y regional, para desmantelar a los Hermanos Musulmanes a nivel mundial", señalaba la directriz que guiaba a la personalidad de IA "Deadshot", según el informe de Anthropic.
La operación también redactó testimonios destinados a la 62ª sesión del Consejo de Derechos Humanos de la ONU bajo "restricciones específicas" que prohibían mencionar a los Emiratos en los discursos, de acuerdo con el mismo documento.
En un registro distinto, un estudio con sede en China creó una red de más de 20 aplicaciones de citas que se anunciaban con personal humano real, pero que en realidad eran operadas por Claude. En un lapso de dos semanas de abril pasado, Anthropic detectó más de 4,700 personajes de inteligencia artificial que sostuvieron conversaciones con al menos 25,000 usuarios reales y enviaron cerca de 2.36 millones de mensajes; para dar credibilidad al esquema, se mezcló personal humano con los bots en una proporción de un trabajador por cada tres personalidades automatizadas.
La empresa presentó los casos como resultado de sus propios mecanismos de detección y respuesta, sin que ello implique que los actores maliciosos hayan logrado sus objetivos en todos los episodios. En Yemen, la propia compañía subrayó que el fracaso del lanzamiento de prueba llevó al grupo a regresar a la herramienta para diagnosticar la falla, un detalle que ilustra tanto los límites como los riesgos del uso de estos sistemas en el desarrollo armamentista.
Presión legislativa en Estados Unidos
Los hallazgos se conocen en un momento de creciente presión legislativa en Estados Unidos sobre el sector. OpenAI pidió al Congreso de EU aprobar reglas obligatorias para la inteligencia artificial, mientras congresistas de ese país han urgido a regular la tecnología ante advertencias de especialistas sobre riesgos existenciales asociados a su desarrollo acelerado. A escala global, la trazabilidad de las herramientas de doble uso depende en buena medida de la cooperación voluntaria de las propias firmas desarrolladoras, sin marcos vinculantes que obliguen a monitorear su empleo.
El fenómeno del uso dual de tecnologías emergentes no es nuevo en los conflictos contemporáneos: la reconversión industrial hacia fines militares se aceleró en Europa durante los últimos años, cuando fábricas automotrices europeas se reconvirtieron a la producción de armamento en un contexto de rearme continental. La diferencia que plantea el reporte de Anthropic es que la barrera de entrada ya no es la infraestructura fabril, sino el acceso a un sistema comercial de programación asistida capaz de acortar el desarrollo de un misil guiado.
Anthropic advirtió que no pudo neutralizar todos los usos detectados —el sistema de vigilancia en Malí siguió operativo pese al bloqueo intentado—, lo que subraya la brecha entre la capacidad de las empresas para rastrear el abuso de sus modelos y su capacidad real para detenerlo una vez desplegados por terceros.