«Yo cobro 2.000 euros al mes», afirmó Blasco en la entrevista, en referencia a jornadas que, según relató, pueden alcanzar las 12 horas. La conductora consideró esa cifra insuficiente si se pondera junto a la responsabilidad de manejar vehículos de hasta 40 toneladas y el tiempo que los profesionales del transporte pasan fuera de casa. A su juicio, mejorar las condiciones laborales y salariales es «una de las claves» para atraer nuevos conductores y garantizar el futuro del sector, según explicó durante la conversación.
La valenciana enmarcó su caso en el transporte de ámbito nacional, distinto de las rutas internacionales, que suelen implicar dietas y complementos adicionales. El salario en el sector se rige por los convenios colectivos provinciales de transporte de mercancías por carretera, que fijan cuantías diferentes según la comunidad autónoma y el tipo de servicio. Para ejercer, la ley exige el permiso C+E y el Certificado de Aptitud Profesional (CAP), regulado por la normativa europea, requisitos que Blasco obtuvo tras formarse al perder su empleo anterior.
Blasco insistió en que ser camionero no es simplemente conducir un vehículo pesado. Las largas jornadas, la dificultad para conciliar la vida familiar, los horarios imprevisibles, la alimentación en carretera, la escasez de descansos adecuados y la soledad del oficio forman, a su juicio, parte del día a día de miles de conductores. En su opinión, esas circunstancias explican en buena parte la falta de relevo generacional que atraviesa el transporte por carretera, un déficit estructural de conductores que patronales y asociaciones de autónomos vienen señalando desde hace años y que afecta también a otros países europeos.
Ser mujer al volante
Uno de los ejes de la entrevista fue la experiencia de Blasco como mujer en un sector tradicionalmente copado por hombres, donde la presencia femenina entre los conductores profesionales sigue siendo minoritaria pese a su crecimiento progresivo. «Me he sentido arropada, me he sentido apoyada. Es que no puedo hablar mal de mis compañeros, es que me han ayudado muchísimo», relató la conductora, que reconoció haber tenido temores antes de incorporarse al oficio y animó a otras mujeres a no dejarse frenar por los estereotipos.
La conductora matizó que su experiencia no ha estado exenta de episodios incómodos, aunque los calificó de excepcionales: «Solo ha habido una situación en tres años donde me he sentido incómoda, una en tres años», señaló. El comentario introduce un matiz de cautela frente a un relato mayoritariamente positivo sobre la integración de la mujer en el transporte.
Blasco dedicó también parte de la entrevista a la seguridad vial. Pidió comprensión a los conductores de turismos hacia los vehículos pesados, recordando que estos tienen mayores limitaciones de maniobrabilidad y una distancia de frenado considerablemente superior. Reclamó mantener la distancia de seguridad, factores contemplados en la normativa de tráfico y en las campañas de sensibilización de la Dirección General de Tráfico.
El testimonio se enmarca en el fenómeno de los creadores de contenido dedicados a oficios tradicionales, que ha crecido en los últimos años en plataformas como Instagram, YouTube o TikTok. Perfiles como el de Blasco contribuyen a visibilizar una profesión esencial para la cadena de suministro —desde el abastecimiento de supermercados hasta el transporte industrial— pero con escaso reconocimiento social, según coinciden distintas asociaciones sectoriales.
La reivindicación salarial no es nueva. Organizaciones como la Confederación Española de Transporte de Mercancías y distintas plataformas de transportistas autónomos han reclamado en los últimos años mejoras retributivas y de condiciones laborales como vía para frenar la falta de conductores, un fenómeno que ha llevado a algunas empresas a buscar personal fuera de España. Entre sus peticiones al Gobierno figuran la revisión de los costes de explotación, el control de la morosidad en los pagos y la mejora de las áreas de aparcamiento seguro en carretera.
El debate conecta con cuestiones más amplias de la economía española, dado que la carretera concentra la práctica totalidad del transporte terrestre de mercancías del país. La escasez de conductores y las condiciones laborales denunciadas por profesionales como Blasco han estado detrás de tensiones en la cadena logística visibles en episodios recientes, como los paros de transportistas autónomos que en marzo de 2022 desabastecieron puntualmente parte de la distribución de alimentos y provocaron la intervención del Gobierno con ayudas al gasóleo profesional.
A falta de una resolución de fondo, el testimonio de Blasco se suma a un debate abierto sobre cómo atraer a nuevas generaciones a un oficio considerado esencial para el funcionamiento de la economía, pero que arrastra dificultades de relevo generacional que ni empresas ni administraciones han logrado resolver por completo. La revisión de los convenios provinciales y las negociaciones entre patronales y sindicatos seguirán marcando la evolución de unas condiciones laborales en el centro de la controversia.

