El dato que ha provocado más consternación en Génova no es la cifra del PP, que se mantiene estable respecto al tracking del lunes, sino el ascenso continuado de Vox, que ha pasado del 14,4 al 14,8 por ciento en apenas 48 horas y amenaza con superar la barrera psicológica del 15 que los estrategas populares habían fijado como línea roja. La formación de Abascal se proyecta ahora entre 17 y 19 escaños, lo que supondría prácticamente duplicar los diputados que obtuvo en 2022. El mecanismo de trasvase es conocido pero difícil de contener: el votante de centro-derecha que percibe a Moreno como «demasiado moderado» encuentra en Vox una alternativa que comparte su rechazo al Gobierno central pero le añade una dosis de firmeza identitaria que el PP evita deliberadamente. Córdoba, Huelva y Málaga son las tres provincias donde esta transferencia puede alterar la distribución de escaños.
En Córdoba, el CENTRA asigna al PP ocho escaños frente a los nueve que necesitaría para blindar la mayoría, mientras Vox sube de uno a dos. El mecanismo es de suma cero: cada diputado que Vox arrebata al PP en las circunscripciones medianas supone un golpe directo a las aspiraciones de gobierno en solitario de Moreno. En Huelva la situación es similar: el PP pierde un escaño respecto a las proyecciones de marzo y Vox gana exactamente ese escaño perdido. En Málaga, la provincia más poblada y con mayor número de diputados en juego, los márgenes son tan estrechos que una variación de medio punto porcentual en la participación puede alterar la asignación de dos escaños simultáneamente. Los analistas de los tres grandes partidos comparten un diagnóstico que rara vez verbalizan en público: el resultado del domingo no lo decidirán las grandes corrientes nacionales sino la movilización diferencial en estos tres territorios concretos.
Moreno concentró sus esfuerzos vespertinos en Jaén, la provincia más castigada por el desempleo agrario y tradicionalmente uno de los feudos socialistas más sólidos del sur. El acto, celebrado en el Palacio de Congresos con un aforo de 3.000 personas según la organización y 2.200 según la Policía Local, tuvo un tono deliberadamente optimista que contrastaba con la crispación de las últimas jornadas. Moreno evitó mencionar a Vox por su nombre y dedicó el grueso de su intervención a un repaso de cifras de inversión en infraestructuras hidráulicas, un tema con enorme tracción electoral en una provincia que arrastra décadas de promesas incumplidas sobre el trasvase del Guadalquivir. La estrategia es transparente: si el PP logra arañar dos puntos adicionales en Jaén, compensa la pérdida potencial en Córdoba y la mayoría queda asegurada.
Mientras Moreno llenaba Jaén, María Jesús Montero desplegaba su artillería sanitaria en Granada. La candidata socialista compareció ante un auditorio de 1.200 personas en el Palacio de Exposiciones para presentar un informe elaborado por el sindicato médico CESM que documenta 847 consultas cerradas en la provincia desde enero de 2025, una cifra que Montero calificó de «vergüenza para una comunidad que presume de excelencia sanitaria mientras sus ciudadanos esperan meses para ver a un especialista». El ataque a la sanidad moreonista es la única línea argumental que los focus groups del PSOE han identificado como capaz de movilizar al votante socialista desafecto. Sin embargo, la efectividad de la estrategia se ve lastrada por un problema estructural: el 62 por ciento de los andaluces considera, según el propio CENTRA, que Montero «no conoce los problemas reales de Andalucía», un porcentaje que no ha variado en cuatro semanas de campaña.
Pedro Sánchez confirmó esta tarde que regresará a Andalucía el sábado para un acto conjunto con Montero en La Línea de la Concepción, el enclave gaditano fronterizo con Gibraltar que concentra una de las tasas de desempleo más altas de la comunidad y donde el PSOE mantiene un suelo electoral resistente. La elección del escenario no es casual: La Línea permite a Sánchez conjugar en un solo discurso los temas de soberanía, empleo, Europa y lucha contra el narcotráfico, un cuarteto que resuena especialmente en el Campo de Gibraltar. Fuentes de Moncloa aseguran que el acto tendrá formato de «diálogo con vecinos» en lugar del mitin tradicional, un cambio de registro que busca proyectar cercanía en un momento en que las encuestas retratan al presidente como un lastre para la candidata andaluza.
La participación se ha consolidado como la variable decisiva que ningún partido puede controlar pero todos intentan influir. Los modelos predictivos del CENTRA establecen tres escenarios nítidamente diferenciados: por debajo del 58 por ciento de participación, el PP pierde la absoluta con una probabilidad del 78 por ciento, porque la baja movilización beneficia desproporcionadamente a Vox, cuyo electorado está más ideologizado y, por tanto, más motivado para acudir a las urnas independientemente de las circunstancias. Entre el 58 y el 63 por ciento, la absoluta es un empate técnico que depende de la distribución provincial. Por encima del 63, el PP la consolida con un 82 por ciento de probabilidad, porque la alta participación diluye el peso relativo de Vox y favorece al partido que lidera las encuestas en todas las provincias.
El factor meteorológico, que en Andalucía nunca es trivial, introduce una variable exógena que los estrategas monitorizan con la misma atención que los sondeos. La Agencia Estatal de Meteorología prevé para el domingo lluvias intermitentes en el valle del Guadalquivir, que abarca las provincias de Jaén, Córdoba y Sevilla, y cielos despejados en la costa malagueña y almeriense. Si la previsión se cumple, la lluvia podría deprimir la participación precisamente en las circunscripciones donde el PP necesita movilizar a su electorado rural, mientras la costa, donde Vox tiene más penetración entre el votante urbano de clase media, votaría con normalidad. Los modelos meteorológicos, en suma, apuntan al peor escenario posible para los intereses del PP.
Feijóo tomó la decisión táctica de no viajar a Andalucía durante los últimos días de campaña, una ausencia que sus asesores justifican para evitar la «nacionalización» del comicio que beneficiaría a Vox, pero que los analistas interpretan también como un seguro ante un posible resultado adverso: si Moreno pierde la absoluta, Feijóo podrá argumentar que el resultado fue responsabilidad de la campaña autonómica y no de la dirección nacional. La ambigüedad es calculada pero tiene un riesgo: si el electorado popular percibe que Génova ha abandonado a su candidato en el momento decisivo, la desmovilización podría acelerarse en las últimas horas.
Lo que se dirime el domingo trasciende las fronteras andaluzas con una fuerza que convierte al 17-M en el test más importante para el sistema de partidos español desde las generales de 2023. Un Moreno con absoluta reforzará a Feijóo como alternativa presidencial y demostrará que el PP puede gobernar sin muletas. Un Moreno obligado a pactar con Abascal producirá el tercer acuerdo autonómico PP-Vox tras Extremadura y Aragón, normalizará una fórmula de coalición que Génova ha intentado evitar a nivel nacional y ofrecerá a Sánchez un argumento electoral que repetirá hasta la saciedad: «¿Ven? La ultraderecha gobierna allí donde el PP lo necesita». Y un PSOE por debajo del 20 por ciento en su granero histórico abrirá un debate interno sobre el futuro de Montero que, por extensión, cuestionará la arquitectura electoral que el sanchismo necesita para unas hipotéticas generales que cada día parecen menos hipotéticas.


