Los profesionales del programa evitan hablar de la soledad como un fenómeno único. «Hay muchas soledades», resume Patricio Puga, trabajador social de Cruz Roja Málaga, de 39 años, que subraya que las causas varían según la historia de cada persona y obligan a un acompañamiento individualizado antes de las dinámicas de grupo. La intervención combina trabajadores sociales y psicólogos con actividades como gimnasia, petanca, reuniones sobre emociones o charlas sobre el uso del móvil.
Pilar llegó al programa después de atravesar hace un año lo que ella describe como «un trance», una crisis que recuerda como dolorosa y cruel. Antes de encontrar el apoyo de Cruz Roja y del Teléfono de la Esperanza, frecuentaba bares en soledad solo para sentirse acompañada, una rutina que hoy ha dejado atrás.
«Hoy salgo de casa todos los días, me atrevo, quiero vivir en la calle, ver a gente, tengo una vida social», relata Pilar, participante del programa 'Siempre acompañados' de Cruz Roja Málaga.
El cambio la ha convertido en exploradora de espacios públicos en Málaga, donde localiza lugares para jugar a la petanca, una afición que adoptó de otros jugadores. «Lo importante primero es pasarlo bien y luego el juego», cuenta, «pero cuando voy por Málaga me voy fijando todo el rato dónde hay un buen sitio para jugar». Su discurso mezcla el disfrute con una labor divulgadora: anima a sumarse a cualquier mayor en riesgo de aislamiento que detecta.
El caso de Pepi parte del mismo punto, la pérdida del compañero de vida. Tras la muerte de su marido, dice que «nada me consolaba» durante los primeros meses, marcados por el llanto. Pese a contar con apoyo familiar, acude tres veces por semana a las instalaciones de Cruz Roja en Málaga, donde ha encontrado un espacio de intimidad que considera necesario y que la ha ayudado a recolocar los recuerdos de su marido como fuente de fortaleza.
330 personas atendidas en cinco años
A escala nacional, la Fundación La Caixa cifra en más de 3.600 las personas atendidas de forma personalizada en 2025 en acciones individuales y grupales, además de más de 7.000 beneficiarias de actividades de sensibilización en las ciudades donde opera. La entidad enmarca el proyecto como respuesta al edadismo, la fragilidad y la soledad no deseada, fenómenos que vincula al envejecimiento de la población. Según un estudio que cita la propia fundación, más del 80% de los participantes percibe tras el programa un aumento de la confianza en sí mismos, una mejor comprensión de sus emociones y una conexión más fuerte con amigos y familiares.
La soledad de los mayores ocupa cada vez más espacio en el debate público: iniciativas como el Teléfono de la Esperanza, nacido en España en 1971, llevan medio siglo atendiendo crisis emocionales por vía telefónica, y las administraciones autonómicas han ido incorporando estrategias contra la soledad no deseada en la última década. El 'Siempre acompañados' se inserta en esa tradición de acompañamiento, con el matiz de combinar atención profesional y voluntariado de los propios usuarios.
Pilar reivindica que la experiencia merece visibilidad más allá de su caso y apela al envejecimiento de la población como argumento de fondo. «Esto hay que cultivarlo y no dejarlo. Estas personas están haciendo, con este proyecto, vivir a mucha gente de otra manera», sostiene.


