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Empresa polaca de IA propone anticipar sismos con análisis de datos ambientales

Astroteq.ai dice combinar inteligencia artificial y variables ambientales para dar minutos de alerta previos a un terremoto, un frente que evoca en México a 1985 y 2017.

Por Redacción de El Hemiciclo·
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Itamar Zabari, fundador y director ejecutivo de la empresa polaca Astroteq.ai, detalló en entrevista con un medio especializado en economía cómo su compañía desarrolla sistemas de inteligencia artificial orientados a la alerta temprana de terremotos.

Zabari, quien antes de fundar Astroteq.ai prestó servicio en el ejército israelí como arquitecto de sistemas y ocupó cargos de dirección tecnológica en distintas empresas, sostuvo que la sismología tradicional ha logrado avances notables, pero que pronosticar terremotos con precisión sigue siendo, en sus palabras, «extremadamente difícil». Su propuesta, dijo, no busca predecir el sismo con exactitud milimétrica, sino identificar anomalías en el comportamiento de variables ambientales monitoreadas de manera continua, con inteligencia artificial capaz de reconocer relaciones que —afirmó— serían imposibles de detectar manualmente por los seres humanos.

El directivo evitó comprometerse con una cifra fija de minutos u horas de anticipación y explicó que el margen de aviso depende de la ubicación y las características de cada evento. Incluso una ventana breve, señaló, permite activar protocolos de emergencia: detener sistemas de transporte, cerrar válvulas de gasoductos, preparar hospitales para recibir pacientes y dar tiempo a la población para buscar refugio. «Cada minuto adicional tiene el potencial de salvar vidas», resumió. No detalló, sin embargo, los indicadores ambientales concretos que la empresa monitorea ni la validación científica independiente de su método, un punto que suele ser objeto de escrutinio en la comunidad sismológica.

Un método que evoca al SASMEX pero no lo replica

La referencia resuena de forma directa en México, donde el Sistema de Alerta Sísmica Mexicano (SASMEX), operado por el Centro de Instrumentación y Registro Sísmico (CIRES), funciona bajo un principio distinto pero con el mismo fin: detectar la energía sísmica cerca de su origen —principalmente en la costa del Pacífico— y transmitir el aviso antes de que las ondas más destructivas lleguen a zonas como la Ciudad de México, con márgenes que históricamente han rondado decenas de segundos según la distancia al epicentro. La diferencia de enfoque es sustantiva: el SASMEX detecta el sismo ya iniciado y corre contra las ondas; el planteamiento de Zabari aspira a leer señales previas.

Especialistas en sismología han señalado de forma reiterada en foros académicos que la predicción determinista de terremotos —anticipar con exactitud dónde, cuándo y con qué magnitud ocurrirá un sismo— no ha sido lograda por ningún sistema en el mundo, y que los avances tecnológicos actuales se concentran en reducir el tiempo entre la detección de las primeras ondas y la difusión de la alerta, no en la predicción propiamente dicha. Ese consenso científico enmarca el escrutinio con que suele recibirse cualquier propuesta de anticipación basada en indicadores ambientales.

El precedente que explica la relevancia del tema en el país es ineludible: el terremoto del 19 de septiembre de 1985 devastó amplias zonas de la Ciudad de México, dejó miles de víctimas y expuso la ausencia de cualquier sistema de alerta previa. Ese desastre fue el catalizador directo de la creación posterior del SASMEX y de una reforma profunda en los códigos de construcción y en la cultura de protección civil del país. Un segundo hito reforzó la memoria colectiva: el sismo del 19 de septiembre de 2017, ocurrido exactamente 32 años después, que volvió a poner a prueba los protocolos de alerta y respuesta en la capital y en estados como Puebla, Morelos y el Estado de México.

Zabari planteó que el interés de gobiernos, instituciones de investigación y organismos de protección civil hacia herramientas como la de su empresa responde a tres presiones simultáneas: el cambio climático, la urbanización acelerada y la creciente complejidad de la infraestructura crítica, factores que —según su lectura— obligan a repensar los esquemas tradicionales de preparación ante desastres con apoyo de inteligencia artificial. Aseguró haber recibido «un interés considerable» de autoridades públicas, aunque no identificó países ni entidades concretas.

El directivo no detalló si Astroteq.ai mantiene conversaciones con autoridades mexicanas ni con el CIRES, operador del SASMEX, por lo que cualquier eventual despliegue de su tecnología en el país permanece, por ahora, sin sustento verificable. La entrevista también abordó el origen de la empresa, radicada en el sureste de Polonia, decisión que Zabari atribuyó a motivos personales —su matrimonio con una ciudadana polaca— y a lo que describió como una combinación complementaria entre el perfil emprendedor israelí y la disciplina sistemática de los ingenieros polacos, en un equipo de trabajo binacional.

En México, cualquier tecnología de alerta sísmica que aspire a integrarse al esquema nacional tendría que sortear un marco institucional ya consolidado. El SASMEX opera en coordinación con las autoridades de protección civil, y su interconexión con altavoces públicos, escuelas, sistemas de transporte como el Metro de la Ciudad de México y medios de comunicación está regulada por protocolos que han evolucionado durante más de tres décadas. Cualquier incorporación externa dependería de procesos de evaluación técnica y de acuerdos de cooperación formales.

El planteamiento de Zabari se inscribe en una tendencia global de empresas tecnológicas que buscan aplicar aprendizaje automático a la gestión de riesgos naturales. México, por su exposición sísmica y volcánica y por la existencia de instituciones especializadas como el CIRES y el Servicio Sismológico Nacional, figura entre los mercados de interés potencial para este tipo de desarrollos, aunque la validación científica independiente sigue siendo la condición que separa una promesa comercial de una herramienta operativa.

Por ahora no consta ninguna gestión oficial ante autoridades mexicanas ni pronunciamiento de las instancias de protección civil sobre la tecnología de Astroteq.ai. Su eventual llegada al país, de producirse, quedaría sujeta a pruebas técnicas y a la evaluación de la comunidad sismológica nacional, que ha mantenido como criterio que ningún método ha demostrado hasta hoy capacidad predictiva confiable frente a los terremotos.

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