Los abogados de Pike acudieron a la Corte Suprema de EU en un último intento por detener la ejecución, con el argumento de que padece trastorno de estrés postraumático derivado de abusos físicos y sexuales sufridos desde la infancia, un elemento que, según la defensa, no fue presentado ante el tribunal durante la fase de sentencia. Ya en aislamiento, Pike fue diagnosticada también con trastorno bipolar, condiciones que —sostiene su defensa— incidieron en su estado mental al momento del crimen.
En una carta enviada el lunes al medio NBC, tras conocer la negativa del gobernador Lee, Pike expresó su postura ante la ejecución inminente y aseguró estar únicamente "nerviosa por el proceso" de la inyección letal.
"No tengo miedo de morir. Me den o no clemencia, me siento en paz", indicó Christa Pike en la carta enviada a NBC.
La condenada también fijó su posición frente a la pena capital como método de disuasión, un argumento que sus abogados retomaron en la solicitud de clemencia ante el gobernador.
"No creo que alguien deba matarme para enseñarme que matar a alguien está mal", señaló Pike al mismo medio.
Pike fue condenada en 1996 por el asesinato de Colleen Slemmer, de 19 años, compañera suya en el programa de capacitación laboral Job Corps. El crimen ocurrió en enero de 1995 en una zona boscosa del campus de la Universidad de Tennessee, en Knoxville, cuando Pike tenía 18 años. Slemmer fue golpeada y herida con un cortador de cajas y un cuchillo de carnicero, y le tallaron un pentagrama en el pecho durante el ataque.
Pike actuó junto con su entonces novio, Tadaryl Shipp, de 17 años en ese momento, quien recibió cadena perpetua al no poder ser condenado a muerte por su edad. Una tercera persona, Shadolla Peterson, testificó contra ambos y obtuvo libertad condicional a cambio de su cooperación con la fiscalía. Según medios locales, Pike rechazó la comida especial que se ofrece a todo recluso antes de una ejecución, aunque sí pidió que su traslado y el equipo de ejecución estuvieran integrados por personal femenino.
El caso se inscribe en un patrón excepcional dentro del sistema de justicia estadounidense: de acuerdo con el Centro de Información sobre la Pena de Muerte, solo 18 mujeres han sido ejecutadas en EU desde 1976, la más reciente la mujer trans Amber McLaughlin, en enero de 2023 en Misuri. En ese mismo periodo se han ejecutado 1,641 personas en el país, por lo que las mujeres representan alrededor del 1% del total. Entre 1973 y diciembre de 2025 se impusieron 179 nuevas condenas a muerte contra mujeres, con California (28) y Texas (19) a la cabeza.
El propio corredor de la muerte de Tennessee registra un antecedente reciente de conmutación: Gaile Owens, sentenciada en esa entidad, vio su pena cambiada a cadena perpetua en 2010 por decisión del entonces gobernador Phil Bredesen, según el material. La primera mujer ejecutada por el gobierno federal fue Mary Surratt, ahorcada en 1865 por su participación en la conspiración para asesinar al presidente Abraham Lincoln.