La BMKG activó primero la alerta para la Isla de las Flores y el vecino territorio de Timor Oriental. Poco después la extendió a las comunidades de Sikka, Labuan Bajo y Dompu, todas dentro de la misma isla, ante el riesgo de que el movimiento generara olas de gran altura en la región. Las autoridades indonesias recomendaron a los habitantes de las localidades costeras trasladarse de inmediato a terrenos elevados.
El USGS reportó, a través de su cuenta oficial, que se trató de un sismo de magnitud preliminar 7.7, catalogado como notable. La agencia estadounidense precisó que, tras el evento principal, se registraron varias réplicas, algunas de entre 5.6 y 5.9 de magnitud, lo que mantiene la vigilancia sobre la posibilidad de nuevos movimientos de consideración.
El temblor no se limitó a territorio indonesio. Según los reportes, la sacudida se percibió también en regiones del norte de Australia, a cientos de kilómetros del epicentro, así como en Timor Oriental, país que comparte la isla de Timor con la porción indonesia de Timor Occidental.
Uno de los territorios más expuestos del planeta
Indonesia es un archipiélago compuesto por más de 17,000 islas, ubicado en el llamado Cinturón de Fuego del Océano Pacífico, una franja donde se concentra buena parte de la actividad sísmica y volcánica del mundo debido al encuentro de varias placas tectónicas. Esa posición geográfica convierte al país en uno de los más expuestos a terremotos, tsunamis y erupciones volcánicas.
El epicentro de este sábado se localizó frente a la Isla de las Flores, en el oriente del archipiélago. La frecuencia de estos eventos ha llevado al gobierno indonesio a mantener sistemas de alerta temprana activos de forma permanente en sus costas. Apenas en julio pasado, un sismo de magnitud 6.2 golpeó el este del país sin dejar víctimas ni daños relevantes, de acuerdo con los reportes de entonces.
El antecedente de Palu marca la respuesta
El precedente más grave en la memoria reciente del país data de 2018, cuando un terremoto de magnitud 7.5, seguido de un tsunami, devastó la ciudad de Palu, de alrededor de 400,000 habitantes, y dejó un saldo de 2,200 personas sin vida, según las cifras difundidas en su momento por autoridades locales. Aquel desastre expuso fallas en los sistemas de alerta y evacuación que Indonesia ha buscado corregir en los años posteriores.
El monitoreo de la actividad sísmica y la emisión de alertas de tsunami en Indonesia recaen en la BMKG, que trabaja en coordinación con la agencia nacional encargada de la respuesta a desastres, responsable de las evacuaciones y las labores de auxilio en las zonas afectadas. El protocolo ante una alerta de tsunami consiste en el traslado inmediato de la población costera a terrenos elevados hasta que las autoridades determinen que el riesgo cedió.
Las autoridades indonesias tampoco precisaron un plazo estimado para levantar las alertas vigentes en la Isla de las Flores y los territorios vecinos.
En las próximas horas se espera que la BMKG y el USGS actualicen la magnitud definitiva del sismo, así como el número y la intensidad de las réplicas registradas, información que resultará clave para determinar si las alertas de tsunami se mantienen, se amplían o se retiran en las zonas costeras del oriente indonesio y en territorios cercanos como Timor Oriental.