"Lo que sí debe saber el pueblo de México es que no vamos a firmar nada que tenga que ver con una afectación a nuestra soberanía o alguna afectación a nuestra economía. Lo que estamos buscando son mejores condiciones comerciales", declaró Sheinbaum en la mañanera, en su fijación de postura más explícita hasta ahora sobre el proceso de revisión del acuerdo comercial que rige el intercambio entre los tres países de América del Norte desde 2020.
La mandataria explicó que, tras las diferencias surgidas entre Canadá y Estados Unidos en sus discusiones bilaterales, el gobierno mexicano ha optado por sostener conversaciones directas con la administración estadounidense. Según detalló, la prioridad se concentra en lograr la eliminación de los aranceles al acero, al aluminio y a la industria automotriz, gravámenes que calificó de injustos y perjudiciales para la planta productiva nacional.
Sheinbaum se refirió también a una lista de 54 temas de interés que Estados Unidos presentó previamente, de los cuales, dijo, la mayoría se encuentran resueltos. La presidenta precisó que existen puntos de coincidencia aceptables en materia de propiedad intelectual, combate a la piratería y agilización de registros sanitarios ante la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios (Cofepris). No obstante, enfatizó que aquellos puntos que vulneren decisiones exclusivas de los mexicanos han sido descartados de manera tajante.
Reshoring estadounidense frente al Plan México
La presidenta reconoció que Estados Unidos busca relocalizar e incrementar su producción manufacturera interna, pero aclaró que ese objetivo no debe ejecutarse a costa de la industria ni del empleo en México, país cuyo comercio exterior se concentra en buena medida en el mercado estadounidense. Frente a esa estrategia, contrapuso el Plan México, el programa de política industrial de su gobierno enfocado en fortalecer el mercado interno y elevar la producción nacional, y subrayó que la vía para la región debe ser el entendimiento, el beneficio compartido y la continuidad del acuerdo sin imposiciones.
El T-MEC, que sustituyó al Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) vigente desde 1994, contempla en su artículo 34.7 una revisión conjunta a los seis años de su entrada en vigor, mecanismo que obliga a los tres países a decidir si extienden el acuerdo por dieciséis años adicionales o inician un proceso de renegociación. Ese calendario, fijado en el propio texto, es el marco jurídico en el que se inscriben las conversaciones que sostienen los equipos de México y Estados Unidos.
La reunión que Sheinbaum tenía prevista con Howard Lutnick, secretario de Comercio de Estados Unidos, se realizaría por videollamada luego de que el funcionario no pudiera llegar a la Ciudad de México por condiciones climáticas. El encuentro forma parte de la ronda de contactos de alto nivel que ambos gobiernos han sostenido para destrabar los puntos pendientes de la agenda bilateral.
El precedente más próximo es la propia negociación del TLCAN a inicios de los años noventa, cuando el gobierno de Carlos Salinas de Gortari enfrentó presiones internas sobre la protección de sectores sensibles como el agropecuario y el energético. Aquel proceso, que culminó con la entrada en vigor del tratado en 1994, marcó el inicio de la integración comercial profunda entre los tres países de la región que hoy se encuentra bajo revisión.
Legisladores de oposición en San Lázaro han pedido mayor información sobre el contenido puntual de las negociaciones, con el argumento de que el Congreso de la Unión debe ser informado con oportunidad de cualquier compromiso que pudiera derivar en una modificación legislativa interna. Diputados de la bancada panista y del grupo parlamentario emecista han solicitado comparecencias de funcionarios de la Secretaría de Economía ante comisiones para conocer el estado de las negociaciones arancelarias.
El gobierno de Estados Unidos no ha ofrecido declaraciones adicionales a las de su secretario de Comercio sobre el estado de las conversaciones con México, más allá de reiterar el objetivo de reducir el déficit comercial estadounidense y fortalecer su manufactura mediante aranceles selectivos a sus socios comerciales, incluidos los de América del Norte.
La revisión del T-MEC continuará en las próximas semanas con nuevas rondas de contacto entre los equipos negociadores de México y Estados Unidos, mientras el diálogo con Canadá permanece en un canal separado tras las diferencias bilaterales con Washington. El desenlace, que según el calendario del tratado debe definirse antes de que concluya el mecanismo de revisión conjunta, tendrá repercusiones directas sobre los sectores automotriz, del acero y del aluminio, que concentran una parte significativa de las exportaciones mexicanas hacia el mercado estadounidense.
