Conocida en inglés como Galápagos snapdragon por su parentesco con la boca de dragón, la especie pertenece a la familia Plantaginaceae y produce flores tubulares blancas de entre 10 y 12 milímetros que se abren entre octubre y enero. Su área original abarcaba las islas Isabela, Fernandina, Santiago y Rábida, pero la presencia silvestre se redujo de forma drástica a lo largo del siglo XX hasta desaparecer por completo de Caleta Tagus, en el canal Bolívar de Isabela, durante más de sesenta años.
El estudio atribuye el declive histórico a la introducción de cabras en el pasado y, en la actualidad, a gatos y ratas negras que depredan las plántulas jóvenes. El terreno volcánico, con escasos nutrientes, limitó además la reproducción natural, mientras que la baja diversidad genética de la población superviviente y la escasa dispersión de las semillas complicaron cualquier recuperación espontánea, agravada por la presión de insectos introducidos que afectan tanto a semillas como a plántulas.
Para revertir esa tendencia, el equipo combinó propagación en vivero con reintroducción directa en el terreno. En los ensayos de germinación, el tratamiento de las semillas con hipoclorito de sodio elevó la tasa al 9%, frente al 0,7% que se lograba usando solo agua. En vivero, las plántulas alcanzaron una altura media de 70 centímetros, y los investigadores esperaban a que superaran los 60 centímetros antes de trasplantarlas, umbral por debajo del cual el establecimiento en el terreno resultaba mucho menos probable.
El equipo instaló nueve cercados circulares alrededor de los puntos de plantación para proteger los ejemplares de los herbívoros introducidos. La técnica de retención de agua conocida como Waterboxx resultó la más efectiva, con una supervivencia del 100% en los primeros meses tras el trasplante, frente al 27,8% registrado en el grupo que no recibió ningún tratamiento adicional de retención hídrica.
Gracias a estas medidas, la Galvezia leucantha volvió a establecerse en Caleta Tagus, el punto de Isabela donde había desaparecido durante seis décadas, y se convirtió en la segunda población de la especie reintroducida con éxito en la isla. Entre 2017 y 2024 se trasplantaron 94 ejemplares cultivados en vivero, lo que permitió elevar la población adulta en estado silvestre a 20 individuos.
Los autores del estudio destacan que las semillas recolectadas en los años de mayor densidad de plantas y floración mostraron una viabilidad de hasta el 52,9%, lo que sugiere que el propio avance de la restauración mejora con el tiempo la capacidad reproductiva de la especie.
El trabajo se enmarca en el programa Galápagos Verde 2050 de la Fundación Charles Darwin, con la colaboración del Parque Nacional Galápagos y de grupos especializados de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN). Este tipo de intervención asistida en ecosistemas insulares frágiles conecta con otros diagnósticos recientes sobre especies vulnerables, como la mortandad de anguilas detectada en los ríos Canyoles y Albaida, donde los expertos advierten del riesgo que corren poblaciones aún no catalogadas como en peligro de extinción.
El siguiente paso de los especialistas, según recoge el estudio, es ampliar el monitoreo de las plántulas nacidas de forma espontánea en los puntos de reintroducción, para confirmar si la especie logra sostener por sí sola su recuperación sin depender de nuevos trasplantes desde vivero.

