Ambos ríos han albergado históricamente poblaciones estables de este pez migratorio, según recuerda la organización, que documenta el fenómeno desde hace años. El problema se concentra en verano, cuando algunos tramos pierden continuidad y el agua deja de fluir entre unos puntos y otros. Agró reclama a las administraciones que garanticen un caudal ecológico mínimo durante los meses más secos, una medida que, sostiene, evitaría el aislamiento de los peces en pozas sin conexión con el resto del cauce.
La situación de la anguila plantea una contradicción administrativa. La especie no figura en el Catálogo Español de Especies Amenazadas, lo que permite que su pesca continúe bajo regulación y cupos específicos en la Comunidad Valenciana, donde forma parte de una tradición pesquera arraigada. La valoración científica internacional es, sin embargo, mucho más severa: la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza clasificó en 2008 a la anguila europea como especie en peligro crítico de extinción, el nivel más alto de alerta antes de la desaparición. Los estudios calculan que la población ha caído más de un 90% desde la década de 1970.
El Gobierno central ha intentado en varias ocasiones incluir la especie en el catálogo de fauna amenazada, lo que obligaría a prohibir su captura en todo el territorio. Varias comunidades autónomas, entre ellas la valenciana, se han opuesto a esa medida al considerar que tendría un fuerte impacto económico y cultural en las zonas donde la anguila mantiene un peso relevante en la pesca artesanal.
La última reunión entre el Ministerio para la Transición Ecológica y las comunidades autónomas terminó con el acuerdo de crear un grupo de trabajo encargado de elaborar un plan estratégico para la anguila y otras especies migratorias, como el salmón o el esturión. La protección legal definitiva de la especie queda aplazada mientras ese equipo avanza en sus trabajos.
Más allá de la sequía, los investigadores señalan otros factores que explican el declive en las últimas décadas. La fragmentación de los ríos por presas, azudes y otras infraestructuras hidráulicas interrumpe el recorrido natural del pez, que necesita desplazarse entre el río y el mar para completar su ciclo vital; esas barreras impiden que muchos ejemplares lleguen al mar de los Sargazos, donde se reproduce la especie.
La calidad del agua constituye otro factor de presión. En algunos sistemas fluviales y humedales valencianos, el exceso de nutrientes procedentes de la actividad agrícola favorece episodios de eutrofización, en los que las algas consumen el oxígeno disponible y generan condiciones adversas para la fauna piscícola.
A estos problemas se suma la presión pesquera sobre las angulas, las crías de la especie, que mantienen un elevado valor económico y alimentan tanto el mercado legal como el tráfico ilegal hacia mercados asiáticos. La captura de estos alevines figura desde hace años entre los focos de vigilancia de las administraciones, que la regulan mediante cupos sin haber logrado frenar el declive documentado por la UICN.


