La cifra es elocuente en su fragilidad: 55 escaños sobre 109, exactamente la mitad más uno. Un diputado menos y Moreno habría necesitado a Vox para gobernar; un diputado más y la absoluta habría sido cómoda. Pero la democracia andaluza no ha querido conceder comodidades a nadie, y el resultado del 17-M es una lección magistral sobre la importancia de cada papeleta, de cada voto bajo la lluvia, de cada cola en cada colegio de cada pueblo de cada provincia.
El drama se concentró en Jaén, la provincia donde la AEMET había activado alerta naranja por precipitaciones de hasta 60 litros por metro cuadrado. La participación jienense se quedó en el 44,8%, más de diez puntos por debajo de la media regional del 55,1%, y fue precisamente esa brecha la que convirtió un escaño que todas las encuestas daban al PSOE en la pieza que completa el puzle de la absoluta popular. Los modelos de estimación de voto habían asignado a Jaén entre uno y dos escaños socialistas que la lluvia —y la desmovilización que siempre acompaña a la lluvia en las circunscripciones rurales— acabó entregando al PP por un margen de 387 votos.
Moreno compareció a las 00:12 en el Hotel Alfonso XIII de Sevilla con un discurso que evitó el triunfalismo y apostó por la moderación institucional. «Andalucía ha hablado y ha dicho que quiere un gobierno estable, sin dependencias ni condiciones», afirmó el presidente en funciones, que anunció una ronda de contactos con todos los grupos parlamentarios para la semana que viene, empezando por el PSOE. La estrategia de Moreno es gobernar en solitario, sin coalición con Vox, y utilizar la absoluta para aprobar presupuestos y leyes sin necesidad de pactos de legislatura.
La reacción de Vox no se hizo esperar. Macarena Gavira, candidata de Vox que celebró el récord histórico de 21 escaños —frente a los 14 de 2022—, compareció a las 01:30 en la sede provincial de Sevilla con un mensaje calculadamente ambiguo: «No vamos a regalar nada. Si Moreno quiere gobernar solo, que gobierne solo, pero que sepa que cada ley que presente pasará por nuestro escrutinio». Gavira formuló cinco condiciones para facilitar la investidura sin entrar en el gobierno: endurecimiento de la política migratoria, ampliación del programa de seguridad ciudadana, reducción del IRPF autonómico en dos puntos, blindaje del agua para el regadío y supresión de las subvenciones a organizaciones que Vox considera «ideológicas».
El PSOE vivió la noche más amarga desde la debacle de 1982. Los 24 escaños de María Jesús Montero suponen una caída de seis diputados respecto a los 30 de 2022, y consolidan la tendencia descendente de un partido que gobernó Andalucía durante 37 años ininterrumpidos. Montero apareció brevemente ante los militantes en el Hotel Meliá Sevilla a las 23:50, reconoció la derrota «sin excusas» y anunció que hoy domingo comparecerá a las 12:00 en la sede federal de Ferraz para analizar los resultados con la ejecutiva del partido.
El resultado andaluz llega en la peor semana posible para el PSOE: mañana lunes, el magistrado Marchena inicia la deliberación del caso Koldo en el Tribunal Supremo, con una ponencia de 183 páginas que apunta a condenas relevantes contra José Luis Ábalos. La convergencia de la debacle electoral y una posible sentencia condenatoria antes de fin de mes configura lo que en Ferraz ya denominan «la tormenta perfecta».
El análisis provincial revela la profundidad del cambio. El PP ha ganado en las ocho provincias, algo que no ocurría desde las autonómicas de 2012. En Sevilla, la provincia más poblada y tradicionalmente socialista, Moreno ha obtenido el 41,3% frente al 22,7% de Montero. En Málaga, la participación fue la más alta de la comunidad con un 57,1%, y el PP alcanzó el 45,2%. Solo en Cádiz, donde las candidaturas de izquierda sumaron el 48% del voto, el resultado fue ajustado.
Por Andalucía, la coalición liderada por Inmaculada Nieto, se ha quedado fuera del Parlamento con el 4,7% del voto, por debajo del umbral del 5% necesario en cada circunscripción para obtener representación. El resultado confirma la crisis terminal de la izquierda alternativa en Andalucía, que en 2022 logró cinco escaños y en 2018, bajo la marca Adelante Andalucía, había alcanzado los 17.
La lectura demoscópica del 17-M arroja tres conclusiones que trascienden Andalucía. Primera: la lluvia no es un factor neutro sino un arma política que afecta de forma desigual a los electorados, castigando más a los votantes de izquierda en zonas rurales que a los de derecha en zonas urbanas. Segunda: Vox ha encontrado en el sur su techo electoral más alto, y los 21 escaños andaluces le convierten en un actor con capacidad de bloqueo real incluso sin entrar en el gobierno. Tercera: el PSOE necesita una refundación profunda de su modelo organizativo y de su mensaje en Andalucía, porque el desgaste no es coyuntural sino estructural.
El calendario constitucional marca ahora los plazos. La Junta Electoral de Andalucía procederá al escrutinio general oficial el miércoles 21 de mayo. La constitución del nuevo Parlamento está prevista para el 11 de junio. A partir de esa fecha, Moreno dispondrá de dos meses para ser investido, un plazo que, con 55 escaños en el bolsillo, no debería presentar complicaciones. La pregunta no es si Moreno será investido, sino cómo administrará una mayoría absoluta que cabe en un solo escaño y que le obligará a gobernar con la precisión de un equilibrista que sabe que cualquier paso en falso puede convertir la absoluta en minoría.
El 17-M ha hablado, y su mensaje es tan claro como incómodo: Andalucía quiere estabilidad pero no unanimidad, quiere un gobierno fuerte pero no arrogante, quiere que el PP gobierne pero que no se olvide de que la distancia entre la absoluta y la necesidad de pactar es exactamente de un voto, de un escaño, de 387 papeletas contadas bajo la lluvia en un colegio de Linares a las cuatro de la madrugada.


