"Queremos que las reglas de origen en el T-MEC sean muy sólidas, para incentivar la producción en Norteamérica en lugar de en otras regiones que tienen mucha capacidad excedente o prácticas no basadas en el mercado", declaró Greer ante los senadores estadounidenses. Las reglas de origen fijan el porcentaje de contenido regional que un producto debe cumplir para gozar de arancel preferente, un capítulo especialmente sensible en el sector automotor.
El funcionario también anticipó presión legislativa en Washington para endurecer la vigilancia de estándares laborales y ambientales aplicados a México. "He escuchado también expresiones de personas en el Congreso sobre la necesidad de fortalecer la aplicación de las normas laborales y ambientales en relación con México. Esto también puede tomar tiempo", advirtió, sin precisar mecanismos concretos.
La tercera ronda que arrancó esta semana en la capital mexicana ocurre en un contexto marcado por el escepticismo del presidente Donald Trump respecto a una renovación integral del tratado, el mismo instrumento que su primer gobierno renegoció durante su primer mandato, cuando el T-MEC sustituyó al Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) vigente desde 1994.
El T-MEC contempla una revisión conjunta cada seis años en la que las tres partes confirman su intención de mantener el acuerdo vigente por dieciséis años más o acuerdan ajustes; de no alcanzar consenso, el tratado entra en un mecanismo de revisiones anuales hasta su eventual terminación. Esa cláusula, incorporada para dar certidumbre de largo plazo, es hoy el centro de la controversia.
México pide plazo largo; Trump exige revisiones anuales
En el primer semestre de 2026, tanto México como Canadá propusieron formalmente renovar el tratado por dieciséis años adicionales, la opción que ofrece mayor estabilidad jurídica a inversionistas y cadenas de suministro. Trump objetó esa vía, argumentó que se requiere más tiempo para resolver diferendos pendientes y pidió que, en adelante, las revisiones se realicen de manera anual.
Greer fue explícito sobre el horizonte que maneja la Casa Blanca: "Confío en que antes de que termine el año podamos tener al menos opciones para que el presidente Trump y los líderes de Canadá y/o México consideren posibles acuerdos provisionales o medidas que Canadá pueda adoptar, por un lado, y que México pueda adoptar, por el otro", declaró. La fórmula apunta a que Washington no descarta soluciones parciales o bilaterales antes de cerrar una revisión trilateral completa.
México se ha mostrado reacio a aceptar el esquema de revisiones anuales, postura que, según el material, comparten organizaciones empresariales y de servicios en ambos lados de la frontera, que reclaman mayor estabilidad. La incertidumbre regulatoria recurrente incide directamente sobre decisiones de inversión en sectores con ciclos de producción prolongados.
La Secretaría de Economía es la instancia que coordina la negociación por parte de México.
El antecedente más cercano de una revisión de este calado es la renegociación del TLCAN durante el primer mandato de Trump, que derivó en el T-MEC bajo amenaza expresa de retirar a Estados Unidos del acuerdo. Aquel proceso se extendió más de un año e incorporó capítulos sobre comercio digital, propiedad intelectual y reglas de origen automotrices más estrictas, el mismo terreno que hoy Greer busca endurecer.
La agenda comercial de la administración Trump excede al T-MEC: según reportó El Economista citando a la oficina del representante comercial, Washington prepara nuevos aranceles dirigidos a decenas de países en un paquete separado de la revisión norteamericana, lo que sitúa la negociación regional dentro de una estrategia comercial más amplia.
Ni la Casa Blanca ni la Secretaría de Economía han fijado una fecha pública para concluir esta tercera ronda. Greer situó el margen de maniobra en "antes de que termine el año", plazo que coincide con el cierre del ejercicio fiscal 2026 y que previsiblemente marcará el siguiente hito visible en la revisión del tratado.