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Diputado de MC denuncia 30 días consecutivos de homicidios en Tabasco

Un nuevo hallazgo de restos en Villahermosa coincide con la acusación del legislador Erubiel Alonso Que de que el gobierno estatal oculta cifras.

Por Redacción de El Hemiciclo· Ciudad de México·
4 min de lectura
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Villahermosa amaneció este miércoles con un nuevo hallazgo de restos humanos: una cabeza localizada en el patio de un inmueble sobre la vía Periférico, a la altura de la colonia Miguel Hidalgo, reportada por ciudadanos alrededor de las 6:00 horas.

La secuencia institucional que siguió al reporte ciudadano es la de siempre: elementos de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana acordonaron la zona tras confirmar el hallazgo de la extremidad y de la cartulina, mientras peritos y personal del Servicio Médico Forense de la FGE acudieron a la recolección de indicios y al retiro de los restos. El operativo funcionó; lo que no llegó fue una explicación pública sobre por qué el episodio se repite y con qué frecuencia.

El hallazgo no es aislado. Apenas el martes, sobre la carretera de la ranchería Río Tinto Tercera Sección, fueron dejados dos cuerpos desmembrados. La cartulina con mensaje de amenaza junto a la cabeza responde a una lógica de disputa territorial: los grupos criminales no solo eliminan a un rival, sino que buscan dejar constancia pública de su control sobre una zona. Ese patrón de violencia con «narcomensajes» —cartulinas, bolsas negras, restos dejados en la vía pública— se documenta en distintas entidades del país desde la década de 2010, cuando se volvió parte del paisaje informativo nacional.

La acusación del diputado Alonso Que se formuló desde su posición como legislador federal de Movimiento Ciudadano en la LXVI Legislatura. El legislador sostuvo que la Fiscalía General del Estado y el gobierno de Tabasco ocultan las cifras reales de la delincuencia, y criticó que las autoridades se encuentren «distraídas» con proyectos políticos rumbo a 2030, desatendiendo las crisis de las familias tabasqueñas. «Tabasco tiene 30 días de estar bañado en sangre. Todos los días en el territorio estatal aparecen muertos, descuartizados, asesinados, hombres, mujeres, más los que oculta el gobierno del Estado y los que oculta la Fiscalía. Esa es la realidad», aseveró.

El propio legislador relató que la noche previa, en una comunidad cercana a la capital, «amanecieron varios cuerpos, varias bolsas negras, cabezas humanas», y reprochó: «Ahí calla el gobierno, ahí calla porque quieren ocultar la información». Hasta la publicación de este material, ni el gobierno de Tabasco ni la FGE han emitido una réplica formal a esos señalamientos. Ese silencio institucional no confirma la denuncia, pero tampoco la desmiente.

Conviene decirlo con frialdad: ni los medios locales ni las autoridades federales desglosan públicamente estadísticas sobre hallazgos de restos con signos de mutilación en lo que va de 2026 en Tabasco. No existe una cifra oficial de acceso público que permita cotejar si son 30 días o una cuenta distinta. El diputado emecista construye su denuncia sobre la ausencia de datos, que es a la vez su fortaleza retórica y su vulnerabilidad técnica: acusa de opacidad usando la propia opacidad como argumento.

Ese vacío no es exclusivo de Tabasco. En México coexisten el registro mensual de homicidios que reporta el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública y la contabilidad específica de hallazgos con desmembramiento, que ninguna instancia federal desagrega de forma sistemática. Cuando un fenómeno no tiene categoría propia en la estadística oficial, es como si no existiera para el registro, aunque en la calle sea evidente.

El diputado añadió dos afirmaciones sobre el cuadro económico y social de la entidad: que Tabasco ocupa el primer lugar nacional en desempleo y que figura entre los cinco estados con mayor percepción de inseguridad del país. Se trata de dichos del legislador que, de respaldarse con los levantamientos del INEGI y sus encuestas de percepción, vincularían la crisis de seguridad con la económica. Al momento de esta publicación, la denuncia se apoya en esa atribución y no en un dato institucional citado por el propio diputado.

La responsabilidad de investigar recae, conforme al marco vigente, en la Fiscalía General del Estado de Tabasco, apoyada por el Servicio Médico Forense para la identificación de restos y por la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana estatal para el resguardo de la escena. La Fiscalía General de la República solo intervendría si se acredita competencia federal, por ejemplo si los hechos se vinculan a delincuencia organizada bajo la ley respectiva. Hasta el cierre de esta columna no consta que la FGR haya asumido jurisdicción sobre los hallazgos de Villahermosa o Río Tinto.

La sospecha que subyace a la frase sobre autoridades «distraídas» con 2030 —que la clase gobernante local mira más al calendario electoral que al de las fosas— es un clásico de la política mexicana. No es una acusación nueva ni privativa de Tabasco: se ha repetido, en momentos distintos de las últimas dos décadas, en estados como Michoacán, Guerrero o Tamaulipas. Cada vez que reaparece en una entidad distinta confirma que el diagnóstico sigue sin encontrar cura, solo nuevos escenarios.

Queda un dato incómodo con o sin cifra oficial: la ciudadanía llegó primero al reporte de la cabeza humana en la colonia Miguel Hidalgo, como llegó primero, según el relato del diputado, al hallazgo de cuerpos y bolsas negras en la comunidad cercana a la capital. Cuando la sociedad civil se convierte de forma sistemática en la primera línea de detección de un fenómeno que debería monitorear el Estado, algo en la arquitectura de seguridad pública dejó de operar como manual.

El desenlace inmediato dependerá de si la FGE emite un boletín con avances en la identificación de los restos hallados este miércoles, y de si el gobierno de Tabasco responde públicamente a la acusación de ocultamiento de cifras formulada desde la tribuna federal. Ninguna de las dos cosas ha ocurrido al momento de escribir estas líneas. Mientras tanto, la única cifra que circula con solidez política, aunque no estadística, es la que repite el legislador emecista: 30 días. Habrá que ver si alguna autoridad estatal se anima a contar en sentido contrario.

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