La nueva IDA es aproximadamente 3.5 veces menor que el valor vigente hasta ahora, según la propia EFSA. Esa cifra representa la cantidad máxima de TFA que una persona podría consumir diariamente a lo largo de toda su vida sin que ello implique, conforme al criterio actual del regulador, un riesgo significativo para la salud. El límite previo, de 0.05 miligramos por kilo, se había fijado en 2017.
La agencia atribuyó el ajuste a la baja a nuevas pruebas que mostraron que el TFA altera los niveles de tiroxina, hormona producida por la glándula tiroides con un papel central en la regulación del organismo. Ese hallazgo constituye, de acuerdo con el comunicado difundido este miércoles, la base científica principal de la decisión.
El TFA es el compuesto más pequeño y persistente dentro de la familia de las sustancias perfluoroalquiladas y polifluoroalquiladas, conocidas por sus siglas en inglés como PFAS. Estas sustancias se emplean en la fabricación de una amplia gama de productos, desde utensilios de cocina antiadherentes hasta textiles y procesos industriales, y se caracterizan por tardar mucho tiempo en degradarse en el ambiente, de ahí el apelativo de «químicos eternos».
El TFA se origina, entre otros procesos, por la descomposición de plaguicidas y otras sustancias químicas, y puede terminar filtrándose en aguas subterráneas, suelos y cultivos. Su presencia se ha detectado de forma generalizada en fuentes de agua potable de distintos países europeos, lo que motivó la revisión del marco vigente.
La EFSA señaló que el valor de seguridad anterior se basaba en un conjunto de datos considerado ahora limitado. Para la nueva evaluación, los investigadores recurrieron a estudios toxicológicos realizados en países europeos, información de la Agencia Europea de Sustancias y Preparados Químicos (ECHA) y un cuerpo de evidencia que incluyó 170 estudios y documentos científicos.
De acuerdo con ese análisis, la evidencia disponible sugiere que es poco probable que el TFA sea genotóxico, es decir, capaz de dañar directamente el material genético de las células. No obstante, el propio organismo reconoció áreas que requieren mayor investigación, entre ellas la posibilidad de que el compuesto se asocie con el desarrollo de cáncer y con alteraciones del sistema inmunológico.
Un marco europeo obligatorio y una tendencia global dividida
El marco normativo europeo obliga a los Estados miembros de la Unión Europea a monitorear los niveles de PFAS en el agua potable, mientras que programas adicionales de vigilancia sanitaria dan seguimiento a su concentración en los alimentos. La actualización de la IDA del TFA es el paso técnico previo a un eventual ajuste de los límites máximos permitidos en el agua de consumo humano en el bloque, decisión que corresponde a la Comisión Europea y a los gobiernos nacionales.
El movimiento europeo contrasta con la dirección adoptada en Estados Unidos, donde el gobierno del presidente Donald Trump flexibilizó recientemente algunos límites aplicables a los químicos eternos en el agua potable, en sentido opuesto al del regulador europeo. Ese contraste ilustra la ausencia de consenso internacional sobre el nivel de exposición tolerable a estas sustancias.
En el plano judicial, la ciudad de Nueva York presentó una demanda contra empresas como 3M y DuPont por contaminación derivada de estos compuestos, litigio que se suma a otros procesos abiertos en jurisdicciones estadounidenses en los últimos años sobre la responsabilidad corporativa en la producción y el manejo de sustancias perfluoroalquiladas. Las empresas señaladas no han comentado públicamente la decisión de la EFSA.
Sin regulación específica de TFA en México
Para México, donde no existe todavía una regulación específica sobre el TFA equivalente a la europea, la determinación de la EFSA podría convertirse en referencia técnica para futuras discusiones en el Congreso de la Unión o en la actualización de las normas oficiales mexicanas sobre calidad del agua potable, a cargo de la Secretaría de Salud y de la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios (Cofepris). La vigilancia de las fuentes hídricas nacionales corresponde a la Comisión Nacional del Agua (Conagua).
La revisión europea se produce en un contexto de creciente escrutinio internacional sobre los químicos eternos, cuya persistencia ambiental y acumulación en el organismo humano han generado preocupación entre reguladores, comunidad científica y organizaciones ambientales en distintas regiones, incluida América Latina.
La EFSA no fijó, según el comunicado disponible, un calendario para que los Estados miembros incorporen la nueva IDA a su legislación sobre agua potable. La implementación práctica del límite reducido dependerá de las decisiones que adopten la Comisión Europea y los gobiernos nacionales en los próximos meses.