El estrecho de Ormuz, paso marítimo entre Irán y la península arábiga por donde antes de la guerra transitaba cerca de una quinta parte del suministro mundial de petróleo y gas, según cifras citadas por operadores del mercado, opera con flujos muy por debajo de sus niveles previos al conflicto. Irán reportó ataques contra diez buques en la zona el miércoles, luego de que Estados Unidos hundiera cinco petroleros iraníes, en una escalada que el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica prometió intensificar ante cualquier nueva agresión. La presión no se limita al Golfo Pérsico: en el mar Rojo, los militantes hutíes, alineados con Irán, han intensificado sus ataques contra instalaciones y buques vinculados a Arabia Saudita, lo que añade una segunda ruta de riesgo para el comercio energético global.
El Brent se ha disparado casi 30% desde los mínimos alcanzados a principios de agosto, luego de que un acuerdo permanente entre Estados Unidos e Irán para poner fin a los ataques nunca se materializara y los combates se reanudaran hacia finales de ese mes. El índice de referencia del Brent, con el cual se fija el precio de aproximadamente dos tercios del suministro físico mundial de crudo, se ha mantenido por encima de los 100 dólares desde el 3 de septiembre, de acuerdo con datos de LSEG.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, advirtió que Washington podría atacar la montaña Pickaxe, en territorio iraní, e instó a Teherán a actuar con cautela. El mandatario estadounidense afirmó, además, que es probable que el conflicto se prolongue más allá de las elecciones legislativas de mitad de mandato de noviembre en aquel país, un horizonte que los operadores consideran clave para calibrar cuánto tiempo se mantendrá la tensión sobre los precios.
El analista John Evans, de la firma PVM, señaló que la reciente subida refleja que el mercado ya no espera una resolución rápida del conflicto. "Este conflicto durará más de lo que se preveía incluso hace un mes, por no hablar de a principios del verano boreal. Si el suministro y las exportaciones de petróleo se reducen, el equilibrio del mercado petrolero seguirá siendo ajustado y los precios se mantendrán elevados", afirmó.
Analistas del banco ING advirtieron que la sostenibilidad de la subida del Brent por encima de los 100 dólares dependerá en buena medida del comportamiento de China, el mayor importador mundial de crudo. Según su nota, Beijing ha intensificado sus compras en las últimas semanas tras meses de demanda moderada, lo que ha impulsado los mercados físicos de crudo; si esa tendencia continúa, podría amplificar el efecto de cualquier interrupción adicional en el suministro proveniente de Ormuz, pero un retroceso en las importaciones podría moderar las ganancias.
David Jorbenaze, responsable del mercado mundial del petróleo en la agencia de información sobre materias primas ICIS, sostuvo que la narrativa de una demanda china débil como factor moderador de los precios "nunca fue estructural", sino "una reducción, un colchón que se estaba agotando", y que ese colchón "se ha vaciado", lo que deja al mercado más expuesto a shocks de oferta como el que representa el conflicto entre Irán y Estados Unidos.
Qué implica para las finanzas mexicanas
Para México, la evolución del precio del crudo no es un dato menor. Petróleos Mexicanos exporta bajo la mezcla mexicana, cuyo precio se referencia parcialmente al comportamiento del WTI y el Brent, y el paquete económico que la Secretaría de Hacienda y Crédito Público presenta cada año al Congreso de la Unión incluye una estimación del precio del barril que sirve de base para calcular los ingresos petroleros previstos en el Presupuesto de Egresos de la Federación. Un barril persistentemente por encima de esa estimación representaría ingresos adicionales para las finanzas públicas, aunque también podría trasladarse en mayor presión sobre el mercado interno de combustibles, dado que México importa una parte relevante de las gasolinas que consume.
La Ley Federal de Presupuesto y Responsabilidad Hacendaria faculta a la Secretaría de Hacienda para ajustar el gasto público a mitad de año cuando los ingresos observados se desvían de manera significativa de lo aprobado por San Lázaro, un mecanismo que ya se activó ante choques petroleros previos. El antecedente más claro en la historia reciente del país son las caídas de precios de 1998 y de 2008-2009, cuando la dependencia de la renta petrolera obligó al gobierno federal a recortar el gasto en pleno ejercicio fiscal.
La Auditoría Superior de la Federación, en sus revisiones de la Cuenta Pública de años anteriores, ha advertido en múltiples ocasiones el riesgo que representa para las finanzas nacionales la volatilidad de los precios internacionales del petróleo, dado que una porción de los ingresos presupuestarios del gobierno federal continúa ligada a la renta petrolera, pese a los esfuerzos de diversificación fiscal de sexenios recientes.
El Banco de México da seguimiento a la evolución de los precios internacionales de los energéticos como parte de sus reportes trimestrales de inflación, en la medida en que movimientos abruptos en el precio del crudo pueden trasladarse a las cotizaciones de gasolinas, diésel y transporte, con efectos de segundo orden sobre la canasta de bienes que integra el Índice Nacional de Precios al Consumidor que calcula el Instituto Nacional de Estadística y Geografía.
De cara a los próximos meses, el mercado observará si Irán y Estados Unidos logran algún tipo de tregua antes de las elecciones legislativas de mitad de mandato estadounidenses en noviembre, así como el ritmo de las compras petroleras chinas, dos variables que los analistas consideran determinantes para saber si el Brent se mantendrá por encima de los 100 dólares o si las presiones se moderarán en el corto plazo. El próximo paquete económico que Hacienda entregue al Congreso será el primer termómetro de cómo el gobierno federal incorpora este escenario de precios a sus proyecciones de ingresos.