Cuba atraviesa casi seis meses de escasez energética severa, con cortes de electricidad que superan las 20 horas diarias en algunos puntos de La Habana, sostenida únicamente por el suministro de un carguero ruso mientras la Administración Trump mantiene la presión económica sobre la isla.
Una red eléctrica al límite
La dependencia de un único carguero ruso como fuente de abastecimiento petrolero ilustra la magnitud del colapso logístico que padece Cuba. El sistema eléctrico cubano, históricamente dependiente de combustibles importados para sus termoeléctricas, carece en este período de la materia prima mínima para cubrir la demanda básica de la población. Cuando la generación cae por debajo de la demanda, las autoridades aplican cortes rotativos programados; que esos cortes alcancen o superen las 20 horas en la capital indica que el déficit de generación es estructural, no puntual.
Por qué importa más allá de la isla
La crisis energética cubana no es un fenómeno aislado: se produce en la intersección de tres vectores que la convierten en un indicador de tensiones geopolíticas más amplias. Primero, el estado real de la alianza entre La Habana y Moscú en un momento en que Rusia concentra recursos en su guerra en Ucrania. Segundo, la eficacia real de la política de máxima presión económica que aplica Washington. Tercero, la capacidad de resistencia —o de colapso— de un modelo de Estado que históricamente ha encontrado en el subsidio energético externo su principal válvula de supervivencia.
Antecedente: el 'período especial' y la dependencia crónica
Cuba ya vivió una crisis energética catastrófica entre 1990 y 1994, cuando la desintegración de la Unión Soviética eliminó de golpe las importaciones de petróleo soviético subvencionado. Aquel episodio, conocido como 'período especial en tiempos de paz', provocó cortes de hasta 16 horas diarias, el colapso del transporte y una contracción económica estimada por organismos internacionales en torno al 35% del PIB. La situación actual supera en duración de apagón a los registros de aquel período en la capital, lo que la convierte en la peor crisis eléctrica documentada en La Habana en tres décadas.
La geometría del suministro ruso
Que el único alivio constatado provenga de un carguero ruso pone de manifiesto la estrechez del margen diplomático y comercial de La Habana. Venezuela, que durante los gobiernos de Hugo Chávez y Nicolás Maduro actuó como principal proveedor sustituto del petróleo soviético —llegando a enviar decenas de miles de barriles diarios bajo acuerdos de cooperación—, no aparece en este período como fuente de suministro suficiente. Las razones pueden ser múltiples: la propia crisis interna venezolana, los efectos de las sanciones estadounidenses sobre el transporte de crudo, o la renegociación de condiciones entre ambos gobiernos. El material disponible no permite precisar la causa, pero la ausencia es significativa.
La presión de Washington
La Administración Trump, que en su primer mandato amplió las sanciones heredadas de décadas de embargo e incorporó a Cuba en la lista de Estados patrocinadores del terrorismo, mantiene activa esa arquitectura de presión. Las restricciones afectan a las transacciones financieras internacionales de entidades cubanas, al acceso a divisas y a la capacidad de terceros países y empresas de operar con la isla sin incurrir en riesgo de sanción secundaria. Este marco limita la capacidad de Cuba para adquirir combustible en mercados alternativos aunque disponga de voluntad política para hacerlo.
Sin réplica oficial verificada
El material disponible no recoge declaraciones del gobierno cubano sobre las causas de la crisis ni sobre las medidas adoptadas para resolverla. Tampoco constan posiciones del gobierno ruso sobre la continuidad o el volumen del suministro. Esta ausencia de fuentes oficiales impide contrastar la versión de los hechos y obliga a consignar los datos tal como han sido verificados, sin atribuir responsabilidades causales que no estén documentadas.
Perspectiva: sin horizonte a corto plazo
En ausencia de un nuevo acuerdo de suministro energético o de un cambio en la política exterior de Washington, los elementos estructurales que explican la crisis permanecerán. Mientras no se acredite la incorporación de nuevos proveedores, la ampliación del suministro ruso o una reducción de la demanda mediante fuentes alternativas, la población cubana seguirá expuesta a cortes que, a casi seis meses de iniciada esta fase aguda, no muestran señales documentadas de remisión.


