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FDA investiga si cilantro y perejil mexicanos causaron brote en EU

La agencia estadounidense amplía a esas hierbas la pesquisa sobre el mayor brote de ciclosporiasis, hasta ahora ligado a la lechuga de Taylor Farms. México niega evidencia en su contra.

Por Redacción de El Hemiciclo·
4 min de lectura
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La Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA) de Estados Unidos amplió su investigación sobre el brote de ciclosporiasis que afecta a decenas de miles de personas en ese país para analizar si el cilantro y el perejil de procedencia mexicana pudieron contribuir a su propagación.

La primera pista de la FDA apuntó a lechuga iceberg suministrada por Taylor Farms y servida en restaurantes de la cadena Taco Bell en varios estados. La compañía retiró voluntariamente los productos potencialmente afectados el 17 de julio y cerró temporalmente su planta de procesamiento ubicada en el centro del país, medida que en su momento se interpretó como el cierre del capítulo más grave del brote. La persistencia de nuevos contagios después de ese retiro obligó a la agencia a revisar otras hipótesis.

El excomisionado de la FDA, Scott Gottlieb, señaló que distintos focos del brote —detectados en la región de los Grandes Lagos, el estado de Nueva York y Carolina del Norte— comparten un elemento común: el consumo de cilantro y perejil de origen mexicano. Gottlieb aclaró, no obstante, que las autoridades sanitarias estadounidenses no han identificado todavía una fuente definitiva y que ambos productos permanecen únicamente bajo investigación. En Carolina del Norte, las autoridades de salud locales informaron que el cilantro y el perejil aparecieron con frecuencia entre los ingredientes reportados por personas contagiadas, aunque reconocieron la posibilidad de múltiples vías de exposición al parásito Cyclospora cayetanensis, causante de la enfermedad.

El secretario de Salud de México, David Kershenobich, respondió a la controversia al asegurar que hasta el momento no existe evidencia que vincule a la lechuga mexicana con el origen del brote, por lo que las investigaciones continúan de manera paralela en ambos países. La Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural (Sader) y la propia Secretaría de Salud mantienen canales de comunicación con sus contrapartes estadounidenses para dar seguimiento a los resultados de laboratorio conforme avanza el rastreo, mientras exportadores del centro del país siguen a la espera de que la FDA precise si existirán restricciones adicionales a sus envíos.

Hipótesis de contaminación ambiental

Gottlieb planteó como hipótesis principal un episodio de contaminación ambiental que habría alcanzado varios campos agrícolas de una misma región productora. Entre los posibles factores mencionó el uso de agua contaminada para riego, inundaciones, el desbordamiento de sanitarios portátiles utilizados por jornaleros agrícolas o la ruptura de algún canal de drenaje, circunstancias que permitirían el paso de aguas residuales hacia zonas de cultivo. El propio Gottlieb insistió en que se trata únicamente de conjeturas y que determinar el origen exacto requerirá más tiempo de investigación en campo.

La ciclosporiasis es una infección intestinal causada por un parásito unicelular que se transmite típicamente por el consumo de agua o alimentos contaminados con materia fecal, y que provoca diarrea prolongada, cólicos, pérdida de peso y fatiga. A diferencia de otros patógenos alimentarios, su diagnóstico requiere pruebas de laboratorio específicas, lo que dificulta el conteo preciso de casos y explica en parte por qué las cifras oficiales han crecido de forma escalonada conforme avanza la temporada de calor, periodo en el que este tipo de brotes suele intensificarse en Norteamérica.

La escalada de cifras da la medida del problema. Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) de Estados Unidos reportaban 843 casos confirmados y alrededor de 1,500 sospechosos el 10 de julio. Cuatro días después, la cifra ya rondaba los 7,000 entre confirmados y probables en 34 estados. Para el 28 de julio, el organismo contabilizaba 4,173 casos confirmados por laboratorio y más de 7,400 sospechosos a nivel nacional, mientras que Michigan —el más golpeado— acumulaba 9,680 casos reportados por sus autoridades locales y 160 hospitalizaciones.

Un día después, el 29 de julio, el conteo de los CDC volvió a escalar hasta 6,707 casos confirmados por laboratorio y más de 11,500 sospechosos, con Michigan como el estado con mayor número de personas afectadas. Gottlieb advirtió que el número real de enfermos podría ser entre 10 y 20 veces superior al reportado oficialmente, ya que una proporción considerable de pacientes no llega a ser diagnosticada mediante pruebas de laboratorio, sino que se recupera sin acudir a servicios médicos o recibe diagnósticos genéricos de gastroenteritis.

El episodio reabre un debate recurrente en la relación comercial agroalimentaria entre México y Estados Unidos, país que concentra la mayor parte de las exportaciones mexicanas de hortalizas frescas. El precedente del brote de salmonella vinculado a jitomates y chiles serranos mexicanos en 2008 —que derivó en pérdidas para productores nacionales antes de que se identificara la verdadera fuente del contagio— ilustra el riesgo económico que representa para el sector agroexportador cualquier señalamiento prematuro, incluso cuando después se determina que el origen real era distinto.

La incertidumbre sobre qué alimentos resultan seguros ha comenzado a modificar los hábitos de consumo en Estados Unidos, con un impacto ya perceptible en cadenas de restaurantes y de supermercados que comercializan hierbas frescas y verduras de hoja verde importadas de México. La firma de análisis de tráfico comercial Placer.ai documentó variaciones en la afluencia a establecimientos de comida rápida asociados al brote, aunque la magnitud definitiva del efecto económico sobre el sector restaurantero estadounidense todavía no puede cuantificarse con precisión.

La FDA no ha fijado un plazo público para concluir esta fase de la investigación, aunque la experiencia de brotes similares en años recientes sugiere que la agencia suele requerir varias semanas de muestreo en campo, entrevistas con pacientes y análisis genético del parásito antes de emitir conclusiones definitivas. Hasta entonces, el cilantro y el perejil mexicanos permanecerán bajo escrutinio sin que exista, por ahora, una determinación oficial de responsabilidad ni medidas de restricción comercial formalizadas por parte de las autoridades estadounidenses.

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