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Maduro respalda desde Nueva York el diálogo entre chavismo y oposición

El expresidente venezolano, detenido en EU, pidió vía X un «renacimiento nacional» un día después de que Caracas y un sector opositor iniciaran negociaciones impulsadas por Washington.

Por Redacción de El Hemiciclo·
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El expresidente venezolano Nicolás Maduro, detenido desde enero pasado en Estados Unidos junto con su esposa, Cilia Flores, respaldó este domingo 2 de agosto, desde Nueva York, el proceso de diálogo iniciado un día antes entre el chavismo y un sector de la oposición venezolana.

El mensaje, fechado en Nueva York, llegó horas después de que la delegación del gobierno encabezado por la presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez, y un grupo opositor acordaran el sábado abordar los "derechos y garantías políticas" en el país, en un proceso de negociación impulsado por Washington. El encuentro, que se esperaba presencial, terminó celebrándose por vía telefónica entre el presidente del Parlamento venezolano, Jorge Rodríguez —hermano de la mandataria encargada—, y la exdiputada opositora Dinorah Figuera.

En la conversación, ambas partes también se comprometieron a discutir el "fortalecimiento" de las instituciones democráticas venezolanas y la atención a las víctimas de los sismos que golpearon al país en junio pasado. "Con unión nacional, oración y acción, Venezuela siempre verá grandes logros nacidos del esfuerzo, del diálogo fecundo y de la sabiduría del hombre y la mujer de a pie", escribió la cuenta atribuida a Maduro, que con frecuencia publica mensajes sin que se conozca con certeza quién los redacta o autoriza en su nombre. El texto agrega que hablar de un "renacimiento nacional" implica "respeto mutuo en la diversidad", "inclusión de todos y todas" y "acción creadora para levantar una Venezuela renovada".

La captura de Maduro en enero pasado, cuando fuerzas de Estados Unidos lo detuvieron en Caracas junto con Flores y lo trasladaron a territorio estadounidense, reconfiguró de golpe el mapa político venezolano y dejó a Delcy Rodríguez —hasta entonces vicepresidenta— como presidenta encargada, en un esquema de transición cuyos contornos institucionales continúan en disputa dentro y fuera de Venezuela. El episodio —la detención de un jefe de Estado en ejercicio por parte de fuerzas de un país extranjero— carece de precedente directo en la historia reciente de la región; el antecedente más cercano suele situarse en diciembre de 1989, cuando la invasión estadounidense a Panamá culminó con la captura del general Manuel Antonio Noriega y su traslado a Estados Unidos para ser juzgado.

Machado y sectores chavistas rechazan el proceso

La iniciativa de diálogo no cuenta con el respaldo unánime de la oposición venezolana. La dirigente María Corina Machado, referente de amplios sectores opositores, rechazó cualquier negociación con el gobierno de Delcy Rodríguez y exigió avances reales antes de sentarse a conversar, de acuerdo con declaraciones difundidas el fin de semana. Su postura evidencia una fractura de fondo entre quienes ven en el proceso impulsado por Washington una vía practicable hacia una transición y quienes lo consideran insuficiente sin garantías previas de libertad política y electoral.

Del otro extremo del espectro, sectores chavistas también expresaron su rechazo. En las horas previas al anuncio del diálogo hubo protestas en Caracas convocadas, entre otros, por el Frente Popular Antimperialista, que denunció una "injerencia" de Estados Unidos. Ese grupo calificó el proceso como parte de un plan de transición "maquiavélicamente ideado por el imperialismo" para acabar con el legado del fallecido presidente Hugo Chávez, colocar "personalidades títeres al Gobierno estadounidense" en el sistema de justicia y en el organismo electoral y convocar posteriormente elecciones que consideran "inconstitucionales".

El expresidente estadounidense Donald Trump ha sostenido públicamente que Venezuela "todavía no está preparada" para celebrar elecciones, según ha trascendido, en comentarios que alimentan el debate sobre los tiempos y condiciones de cualquier proceso electoral posterior a la transición. El involucramiento directo de Washington en un proceso interno de esta naturaleza no tiene un equivalente reciente comparable en Sudamérica, y remite a la larga memoria de intervenciones estadounidenses en la región durante la Guerra Fría.

Para México, que ha mantenido bajo distintos gobiernos una postura de respeto a la autodeterminación y la no intervención —principios rectores de política exterior consagrados en el artículo 89 de la Constitución—, el desenlace de la crisis venezolana es un asunto de seguimiento cercano en foros multilaterales como la Organización de los Estados Americanos y la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños. La cancillería mexicana no ha emitido, hasta el momento, una postura detallada sobre el proceso de diálogo iniciado este fin de semana.

El proceso de negociación llega en un momento de particular fragilidad social en Venezuela, todavía afectada por los sismos de junio pasado, cuya atención fue incorporada como uno de los puntos a tratar entre las delegaciones. La combinación de crisis humanitaria, disputa institucional y presión internacional configura un escenario en el que cualquier avance hacia una transición dependerá tanto de la disposición de los actores internos como del margen que Washington esté dispuesto a conceder.

Los próximos pasos, según lo acordado hasta ahora, pasarían por nuevas rondas de conversación entre las delegaciones de Jorge Rodríguez y Dinorah Figuera, sin que se haya fijado todavía un calendario público ni mecanismos de verificación independientes. La postura de Maduro, expresada desde su detención en Nueva York, añade un elemento de incertidumbre sobre el peso real que su figura y su entorno político puedan tener en el desenlace de un proceso que, de consolidarse, redefiniría el mapa de poder venezolano en los meses siguientes.

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