El IHH es una fórmula estadística usada para evaluar qué tan concentrado o competido está un mercado. Aplicado al comercio exterior, un valor bajo indica una canasta exportadora diversificada, con múltiples productos y destinos; un valor alto señala vulnerabilidad, porque la economía depende de pocos bienes o de pocos socios comerciales. El brinco de 121.6 a 194.0 puntos en un año representa, según esta métrica, un deterioro sustancial respecto a la meta oficial de 117.5 fijada para 2025.
El origen del salto está en las «unidades de proceso», una subpartida arancelaria que agrupa CPU, torres de computadora, servidores y procesadores industriales exportados como unidad individual, sin pantalla ni teclado. Quedan fuera de esta categoría las laptops, los equipos todo en uno y accesorios como discos externos o tarjetas comprados por separado. La proporción de esta subpartida sobre el total de las exportaciones mexicanas pasó de 4.1% en 2024 a 10.7% en 2025, un incremento que por sí solo explica buena parte de la mayor concentración del índice.
Del total de exportaciones de productos mexicanos en 2025, el 83% tuvo como destino el mercado estadounidense, la misma proporción que en 2024. El dato, sin embargo, no es estático: en 2018 esa cifra era de 79.5%, y en el primer semestre de 2026 ya alcanzó 83.3%, de acuerdo con cifras del Banco de México. La tendencia, tanto en retrospectiva como en lo que va de 2026, apunta consistentemente hacia una mayor dependencia de EU como comprador de las exportaciones mexicanas.
La Secretaría de Economía señaló que 2025 fue un año de cambios profundos en la relación comercial entre México y su principal socio. Desde marzo de ese año, la aplicación de medidas arancelarias por parte de EU —que afectan a prácticamente todos los países del mundo— modificó de manera significativa la estructura del comercio bilateral, con efectos distintos según el sector.
El golpe de los aranceles a los sectores diversificadores
Las exportaciones mexicanas bajo la Sección 232 de la legislación comercial estadounidense —que cubre los sectores automotriz ligero, acero y aluminio y sus derivados, y cobre y farmacéutico— registraron caídas atribuibles a la imposición de aranceles, según la propia Secretaría de Economía. Esa contracción sectorial también incidió en el resultado del índice, al reducir el peso relativo de productos que tradicionalmente diversificaban la canasta exportadora mexicana.
Una de las explicaciones detrás del aumento reciente de los envíos mexicanos al mercado estadounidense está en la disputa comercial que mantienen EU y China. Esa confrontación ha reducido la participación china en el total de importaciones estadounidenses, lo que ha abierto oportunidades adicionales para otros países proveedores, entre ellos México, que ha capturado parte del espacio dejado por el gigante asiático.
A esa dinámica se suma el efecto del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC), cuyas reglas de origen se han endurecido para ciertos bienes, principalmente del sector automotriz. El tratado exige un mayor contenido regional para que los productos crucen las fronteras de América del Norte con las preferencias arancelarias pactadas, lo que empuja a las empresas a reforzar sus cadenas de producción dentro del bloque en detrimento de otros mercados.
El IHH que utiliza el gobierno federal mide el grado de diversificación de las exportaciones mexicanas al mundo con base en las cifras del Banco de México, desagregadas a nivel de subpartida arancelaria de la Tarifa del Impuesto General de Importación y Exportación (TIGIE). Se trata de un indicador prioritario dentro de la batería de métricas que el gobierno revisa para evaluar el desempeño del sector externo, y resuelve dos variables: si la oferta exportable depende de pocos bienes y si los envíos se concentran en contados socios comerciales.
La concentración de las exportaciones mexicanas en el mercado estadounidense no es un fenómeno nuevo. Desde la entrada en vigor del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) en 1994, la economía mexicana profundizó su integración productiva con EU, en particular en sectores como el automotriz, la electrónica y la manufactura ligera. Los sucesivos intentos de diversificación —hacia Asia, la Unión Europea o América Latina— han topado históricamente con la fuerza gravitacional del mercado estadounidense, reforzada por la cercanía geográfica y por el propio entramado de tratados comerciales.
El resultado de 2025 se produce, además, en un contexto de reconfiguración global de las cadenas de suministro, en el que distintos países buscan atraer inversión desviada de China por la disputa arancelaria con EU. Para México, esa coyuntura ha representado una oportunidad de corto plazo —mayor participación en el mercado estadounidense— pero también un riesgo de mediano plazo, al profundizar precisamente la dependencia que las metas oficiales de diversificación buscaban corregir.
El desvío respecto a la meta fijada para 2025 no implica, según el propio diseño del indicador, un juicio automático sobre el desempeño exportador del país en términos absolutos: el valor de las exportaciones mexicanas ha crecido en los últimos años. Lo que refleja el IHH es la composición de ese crecimiento, concentrado cada vez más en pocos productos y en un solo socio comercial, una estructura que deja a la economía mexicana más expuesta a decisiones de política comercial tomadas en Washington.
De cara a los próximos periodos de medición, el reto para las autoridades económicas será revertir esta tendencia sin renunciar a las oportunidades que ofrece la coyuntura arancelaria entre EU y China. La Secretaría de Economía no ha anunciado, hasta el momento, medidas específicas orientadas a corregir la concentración detectada en el índice, aunque el resultado de 2025 quedará como referencia obligada en la próxima revisión de las metas.