El diferencial en el ritmo de crecimiento es el dato más revelador del periodo: mientras las exportaciones mexicanas a Canadá avanzaron a una tasa más de diez veces superior a la estadounidense, EU conserva una ventaja absoluta considerable. Sus envíos alcanzaron 175,826 mdd —frente a los 12,258 mdd de México—, es decir, más de 14 veces el monto mexicano, según la Oficina del Censo. La disputa entre los dos mayores socios comerciales de Canadá no ha cerrado esa brecha, pero sí ha modificado su trayectoria.
El origen de la tensión se remonta al regreso de Donald Trump a la presidencia de EU y a la reconfiguración de su política arancelaria hacia sus dos socios del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC). A diferencia de México, que optó por negociar y evitó represalias inmediatas ante los aranceles estadounidenses, el gobierno canadiense eligió otra ruta: en marzo de 2025, Ottawa impuso aranceles de 25% sobre una amplia gama de mercancías estadounidenses —acero, aluminio, herramientas, computadoras, servidores y monitores, entre otras—, dejando fuera de esas medidas a los productos de origen mexicano.
Ese trato diferenciado —Washington con dos posturas distintas hacia sus socios del T-MEC— ha resultado clave para explicar por qué las curvas de exportación de México y Canadá hacia EU, y viceversa, se han movido en direcciones opuestas desde 2025.
El giro canadiense hacia otros proveedores
De acuerdo con el informe State of Trade 2026, elaborado por la Oficina del Economista en Jefe de Global Affairs Canada, las importaciones canadienses de bienes estadounidenses cayeron 3% en 2025, una pérdida equivalente a 14,600 millones de dólares canadienses. En sentido contrario, las compras canadienses a México aumentaron 19.6% en el mismo año. El reporte identifica como principales impulsores de ese cambio a los vehículos de carga, los automóviles de pasajeros y las unidades de procesamiento de datos, sectores en los que la industria mexicana ha logrado colocar producto ante la retracción del proveedor estadounidense.
El documento atribuye la caída de las compras a EU a una combinación de factores: los aranceles impuestos por Washington, las represalias adoptadas por Ottawa y las dificultades de la industria automotriz. De manera paralela, las importaciones canadienses de bienes y servicios procedentes de otros países crecieron 11.2% en el periodo, lo que apunta a una diversificación más amplia de las cadenas de suministro canadienses, no centrada exclusivamente en México.
La llegada de Mark Carney al frente del gobierno canadiense no distendió la relación con Washington; por el contrario, la disputa escaló. En julio de 2026, la administración Trump anunció aranceles de 50% sobre productos canadienses, con el argumento de que Ottawa discriminaba a los vehículos, las bebidas alcohólicas y los lácteos estadounidenses en su mercado interno.
El intento de alcanzar un acuerdo bilateral terminó de manera abrupta el 21 de agosto de 2026, cuando Carney suspendió las negociaciones después de que, según el propio primer ministro, EU modificara sus condiciones a última hora. Carney calificó los nuevos términos como injustos y carentes de sentido económico, y advirtió que ponían en entredicho la confiabilidad de cualquier pacto futuro. "Estados Unidos cambió", declaró al hacer pública la ruptura, y sostuvo que Canadá no retomaría el tipo de relación comercial que mantuvo durante décadas con su vecino, además de prometer una respuesta "dólar por dólar".
La siguiente fase de represalias canadienses entrará en vigor el 8 de septiembre de 2026. Canadá aplicará aranceles escalonados de 15%, 25% y 50% sobre productos estadounidenses por un monto conjunto de 27,600 millones de dólares canadienses. La lista incluye acero, aluminio, lácteos, electrodomésticos, maquinaria agrícola, papel, electrónicos, muebles y ropa, mientras que los automóviles estadounidenses seguirán sujetos a las medidas ya vigentes. Del lado estadounidense, Washington ha defendido sus tarifas invocando el trato que, a su juicio, Ottawa da a productos como los lácteos y las bebidas alcohólicas, sin que ambas partes hayan retomado la mesa de negociación tras la ruptura del 21 de agosto.
Para las exportadoras mexicanas, ese calendario abre una ventana de oportunidad concreta: ante el encarecimiento de los productos estadounidenses en el mercado canadiense, algunos proveedores mexicanos podrían volverse más competitivos en precio frente a sus contrapartes de EU, en rubros que van de la manufactura ligera a los insumos industriales.
El T-MEC como marco de fondo
La dinámica se desarrolla bajo el paraguas del T-MEC, el tratado trilateral que sustituyó al Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) en 2020 y que contempla una revisión conjunta prevista por el propio texto del acuerdo para 2026. La forma en que Washington ha tratado de manera distinta a sus dos socios —negociación con México, escalada arancelaria con Canadá— añade incertidumbre a esa revisión, en la medida en que pone a prueba la cohesión del bloque frente a decisiones unilaterales de cualquiera de sus integrantes.
El precedente más cercano en la historia comercial mexicana reciente es la disputa arancelaria de 2018-2019, cuando la administración Trump, en su primer mandato, impuso gravámenes al acero y al aluminio mexicanos invocando motivos de seguridad nacional, y México respondió con aranceles selectivos a productos agrícolas e industriales estadounidenses antes de alcanzar una salida negociada. Aquel episodio, como el actual entre Washington y Ottawa, mostró que los reacomodos arancelarios entre socios comerciales suelen abrir espacios temporales para terceros proveedores dentro del mismo bloque regional.
El diferencial de crecimiento entre las exportaciones mexicanas y estadounidenses hacia Canadá difícilmente revertirá en el corto plazo la brecha absoluta entre ambos países, dada la magnitud de la economía y la infraestructura logística estadounidenses. La incógnita es si el fenómeno consolidará a México como proveedor alternativo del mercado canadiense en sectores específicos, particularmente el automotriz y el de manufactura electrónica, o si se agota como reacomodo coyuntural.
De cara a los próximos meses, el calendario comercial marca dos hitos concretos: la entrada en vigor de las nuevas represalias canadienses el 8 de septiembre y el desenlace de la revisión conjunta del T-MEC prevista para este año conforme al propio tratado. Ambos procesos definirán si el repunte de las exportaciones mexicanas a Canadá, documentado por Banxico para el primer semestre de 2026, se sostiene como tendencia estructural o responde únicamente a la disputa entre Washington y Ottawa.