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Lula y Flávio Bolsonaro empatan al 41% en un hipotético balotaje

Un sondeo de Quaest sitúa por primera vez desde marzo a ambos igualados de cara a las presidenciales de octubre en Brasil

Por Redacción de El Hemiciclo·
4 min de lectura
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La firma demoscópica Quaest divulgó este lunes 7 de septiembre una encuesta que sitúa al presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, y al senador Flávio Bolsonaro, hijo mayor del expresidente Jair Bolsonaro, empatados con un 41% de intención de voto en un hipotético balotaje de las elecciones presidenciales previstas para octubre de 2026.

El dato marca un punto de inflexión en la carrera hacia la segunda vuelta. En el sondeo anterior de Quaest, publicado el 2 de septiembre, Lula aventajaba a Flávio Bolsonaro por un punto (42% frente a 41%), una diferencia que ya entraba dentro del margen de error de dos puntos y que en la práctica constituía un empate técnico. Ahora esa mínima ventaja se ha disuelto por completo y ambos candidatos quedan en igualdad matemática.

La encuesta se elaboró a partir de 2.004 entrevistas realizadas a brasileños mayores de 16 años entre el 3 y el 6 de septiembre, un periodo que coincidió con una crisis institucional abierta en el Supremo Tribunal Federal por las sospechas que pesan sobre el magistrado Alexandre de Moraes, señalado por su cercanía con un banquero encarcelado por fraude. Los datos disponibles no permiten establecer si ese episodio ha influido directamente en el resultado, pero el cruce temporal entre ambos hechos ha sido subrayado por los propios medios brasileños al difundir el sondeo, cuya publicación coincidió además con la celebración del Día de la Independencia de Brasil.

Por detrás de los dos favoritos, el escritor Augusto Cury, candidato del partido de centro Avante y sin trayectoria política previa, se mantiene como tercera fuerza con un 8% de apoyos, dos puntos menos que en el sondeo del 2 de septiembre. Le siguen el exgobernador de Goiás Ronaldo Caiado y el activista de extrema derecha Renan Santos, ambos con un 3%, y el exgobernador de Minas Gerais Romeu Zema, con un 2%. Todos ellos proceden del espacio de la derecha, una fragmentación que contrasta con la consolidación de Flávio Bolsonaro como candidato único del bolsonarismo.

En el otro extremo, la izquierdista Samara Martins y el empresario e influencer Pablo Marçal aparecen con un 1% cada uno. El caso de Marçal tiene una particularidad relevante: su candidatura podría ser anulada por la Justicia electoral brasileña, ya que el candidato está inhabilitado, según recoge la propia encuesta, sin que por el momento conste una resolución judicial firme al respecto. La consulta refleja además un 9% de indecisos y un 8% adicional que declara que votará en blanco, nulo o que no acudirá a las urnas, pese a que el voto es obligatorio en Brasil para los ciudadanos entre 18 y 70 años, con sanciones administrativas para quienes lo incumplen sin justificación. Ese casi 17% conjunto de voto no decidido o de rechazo introduce un margen de incertidumbre adicional a más de un mes de los comicios.

El mecanismo del balotaje

El proceso electoral se celebrará en octubre de 2026 y, de no lograr ningún candidato mayoría absoluta en primera vuelta, se resolvería en una segunda vuelta. El sistema electoral brasileño, regulado por el Código Electoral y la Constitución de 1988, exige que el ganador obtenga más del 50% de los votos válidos; si ningún aspirante lo consigue, los dos más votados disputan un balotaje semanas después, un mecanismo que ha definido las últimas elecciones presidenciales, incluida la de 2022 que enfrentó a Lula con Jair Bolsonaro.

El trasfondo de esta contienda no puede entenderse sin recordar aquel precedente de 2022, cuando Lula da Silva derrotó a Jair Bolsonaro por un estrecho margen de poco más de un punto porcentual en la segunda vuelta, en una de las elecciones más reñidas desde el retorno a los comicios directos en 1989. Aquel resultado desembocó en el asalto a las sedes de los tres poderes en Brasilia el 8 de enero de 2023, un episodio que motivó la inhabilitación política de Jair Bolsonaro por parte del Tribunal Superior Electoral y que explica por qué es ahora su hijo mayor, senador por Río de Janeiro, quien encabeza la candidatura del bolsonarismo.

La crisis judicial en torno a Alexandre de Moraes añade una capa de tensión institucional a la campaña. El magistrado ha sido una figura central en los procesos contra el bolsonarismo tras el asalto de enero de 2023, lo que lo convirtió en blanco recurrente de las críticas de la derecha brasileña, que lo acusa de extralimitarse en sus funciones. Sus defensores, por el contrario, sostienen que sus decisiones se han ajustado en todo momento al marco constitucional vigente. Las sospechas sobre su cercanía con un banquero encarcelado por fraude, que motivaron la apertura de la crisis en el Supremo, no han sido corroboradas judicialmente hasta la fecha.

Los sondeos de intención de voto no tienen valor predictivo definitivo y su fiabilidad depende de la metodología empleada, el tamaño muestral y el momento de la campaña en que se realizan. Quaest es una de las principales casas demoscópicas del país y sus resultados suelen ser citados junto a los de otras firmas en los medios brasileños, aunque el material disponible no permite contrastar aquí cifras concretas de otras consultoras para esta fecha.

De cara a las próximas semanas, el calendario electoral brasileño marcará varios hitos antes de la primera vuelta de octubre: el cierre de las coaliciones, el inicio formal de la propaganda electoral gratuita en radio y televisión y la publicación de nuevas oleadas de encuestas que permitirán calibrar si el empate detectado por Quaest se consolida o si alguno de los dos bloques logra revertir la tendencia. La resolución judicial sobre la inhabilitación de Pablo Marçal y la evolución de la crisis en el Supremo en torno a Alexandre de Moraes son, por ahora, los dos factores de incertidumbre adicionales que podrían alterar el tablero antes de los comicios.

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