El fenómeno no es nuevo, pero la oferta se ha diversificado. Madrid lleva décadas figurando en los itinerarios de celebridades que combinan trabajo y ocio, desde los grandes rodajes internacionales hasta las giras promocionales de las producciones de Hollywood. Lo que ha cambiado es la variedad: ya no se trata solo de los clásicos de siempre, sino de un ecosistema donde conviven la alta cocina de vanguardia, la tradición regional y las tabernas de barrio.
Uno de los casos más recientes es el de Zendaya y Tom Holland, que durante su paso por Madrid con motivo de la promoción de la nueva entrega de Spider-Man, Brand New Day, eligieron Trèsde, en la Cava Alta, en el barrio de La Latina. El local, reconocido con un Sol de la Guía Repsol, está dirigido por Aitor Sua, Lucas Fernández y Miguel Vallés, tres amigos que han construido una propuesta basada en un menú de temporada. Su elección resulta significativa: la pareja no se decantó por ninguno de los grandes nombres internacionales de la capital, sino por un proyecto joven y con identidad propia.
De la cocina cántabra a los clásicos castizos
Sofía Vergara, la actriz colombiana conocida por su papel de Gloria Pritchett en la serie estadounidense Modern Family, optó por una experiencia distinta durante su estancia en Madrid con motivo de la presentación de la serie Griselda, de Netflix: La Bien Aparecida, restaurante con un Sol de la Guía Repsol en el que el chef Paco Quirós reivindica la gastronomía cántabra. Entre las especialidades de la casa que pudo probar figuran las rabas de Santander, la ensaladilla rusa, las almejas finas a la sartén y el cocido montañés.
Chris Hemsworth, el actor australiano casado con la madrileña Elsa Pataky, mantiene una relación más estrecha con la ciudad, marcada por el conocimiento directo del terreno. Entre sus paradas figura El Landó, restaurante recomendado por la Guía Repsol y vinculado al mismo propietario que el histórico Casa Lucio, un establecimiento que forma parte del mapa gastronómico de la capital desde hace décadas y que ha recibido a numerosos rostros internacionales, entre ellos Liam Neeson, Jake Gyllenhaal o Barbra Streisand.
La perdurabilidad de locales como Casa Lucio ilustra un rasgo asentado en la gastronomía madrileña desde los años de la Transición: la combinación de cocina castiza, discreción y trato personal ha resultado tan determinante para fidelizar a un cliente célebre como la propia notoriedad del establecimiento. Muchos de estos restaurantes evitan la sobreexposición mediática precisamente para preservar ese equilibrio entre tradición y privacidad.
Del bar de barrio a los tres Soles
Rosalía, una de las artistas españolas con mayor proyección internacional de los últimos años, representa el ejemplo más claro de esa doble vertiente. La cantante catalana sorprendió a los responsables de Casa Macareno, un pequeño restaurante de Malasaña distinguido con un Solete de la Guía Repsol, al presentarse junto a su equipo para degustar carrilleras, bravas, croquetas y ensaladilla, platos alejados de cualquier etiqueta de lujo. Su elección demuestra que la cocina favorita de una estrella internacional no tiene por qué estar vinculada al lujo.
Pero la artista también figura entre los clientes de dos de las mesas más reconocidas de la capital: DiverXO, el restaurante del chef Dabiz Muñoz galardonado con tres Soles de la Guía Repsol, y Sacha, distinguido con dos Soles, conocido por elaboraciones como la tortilla vaga, el bocata de papada y trufa o la falsa lasaña de txangurro. La convivencia de ambos extremos —el bar de barrio y el restaurante de autor con reconocimiento internacional— define buena parte de la identidad gastronómica actual de Madrid.
El sistema de calificación de la Guía Repsol, referencia de la restauración española, ordena precisamente esa diversidad: los Soles distinguen la alta cocina en una escala de uno a tres, mientras que los Soletes reconocen locales de calidad más informal, desde tabernas hasta casas de comidas. Esa doble categoría permite que un bar de Malasaña y un restaurante de vanguardia compartan mapa dentro de un mismo criterio de calidad.
La proyección de Madrid como destino gastronómico se apoya en una tradición cinematográfica de largo recorrido. La ciudad y sus estudios fueron escenario de superproducciones internacionales ya en los años sesenta, cuando cineastas como David Lean rodaron parte de sus grandes títulos en España, y en la actualidad siguen atrayendo a productoras estadounidenses por su infraestructura y sus servicios. Esa presencia recurrente de equipos de rodaje ha alimentado, de forma indirecta, la relación entre celebridades y restauración local.
No existen datos oficiales que cuantifiquen el impacto económico directo de estas visitas sobre la facturación de cada establecimiento; las cifras que circulan en el sector suelen ser estimaciones de los propios negocios. Lo que sí resulta constatable es el interés creciente del público por conocer estos itinerarios, alimentado por las redes sociales y por la cobertura de los desplazamientos de estrellas internacionales a la capital.
La tendencia, en cualquier caso, no muestra signos de agotamiento. Con Madrid convertida en escenario recurrente de rodajes, giras musicales y eventos internacionales, es previsible que se sigan sumando nombres a esa ruta gastronómica no oficial que combina tradición, discreción y alta cocina, y que constituye ya una parte reconocible de la proyección internacional de la ciudad.

