Los esquemas de inteligencia militar describen a Los Deltas como una estructura dedicada al trasiego de droga, el reclutamiento forzado, el adiestramiento de sicarios, la tala ilegal y el contrabando de armas en la región que comparten los dos estados. Parte de su labor para el CJNG, según ese material, consiste en coordinar con Los Cuinis el lavado de dinero de la venta de droga en los principales negocios de entretenimiento de la zona turística, además de la corrupción de policías municipales. Ninguna autoridad ha presentado hasta ahora una acusación formal contra Mendoza Gaytán ante un juez de control, por lo que su situación procesal en México permanece indefinida.
Las fichas de la Sedena, fechadas en 2022, ubican a Mendoza Gaytán como líder de esta célula desde 2017. Según ese mismo material, habría asumido el control de la operación familiar en 2012, tras la detención en Zapopan, Jalisco, de su padre, Gonzalo Mendoza Torres, alias «Don Gonza», y de su hermano, «El Güero Abundio». Con apenas 24 años, y bajo las órdenes directas de Rubén Oseguera González, «El Menchito», hijo del fundador del cártel, «El Sapo» habría escalado posiciones hasta convertirse en jefe de la célula Los Michoacanos, conocida en los documentos por su reacción violenta en Zapopan.
La relevancia de esta figura creció la semana pasada, cuando autoridades estadounidenses lo identificaron como el segundo al mando de la organización, inmediatamente después de la muerte de Oseguera Cervantes. Ese señalamiento no proviene de un tribunal mexicano ni implica, por sí mismo, un proceso penal abierto en el país: es una calificación de inteligencia de agencias de EU que no equivale a una imputación ante la justicia mexicana.
Apenas el martes pasado, el Departamento del Tesoro de EU y agencias de seguridad estadounidenses identificaron formalmente a Juan Carlos Valencia González, alias «El 03» o «El Pelón», hijastro de Oseguera Cervantes, como el nuevo jefe máximo del CJNG. Con ello quedó descartado que Mendoza Gaytán ocupara finalmente esa posición, pese a que su nombre se había perfilado entre los posibles sucesores en los meses previos.
La estructura de mando en la costa Jalisco-Nayarit
Según el documento Diagnóstico delictivo Jalisco, elaborado por inteligencia militar en septiembre de 2020, Mendoza Gaytán comandaba entonces el grupo Los Michoacanos, señalado en ese texto como brazo armado del CJNG desde 2017, con actividades centradas en la producción, venta y distribución de droga, el robo de hidrocarburo y homicidios. Un año después, el material denominado Diagnósticos Regionales y Estatales lo ubicaba al frente de las operaciones del cártel en Nayarit, coordinado —de acuerdo con ese diagnóstico— con un operador identificado como Vietnam Pérez Colmenares, alias «El Diablo», encargado de la distribución en Bahía de Banderas y del trasiego en las regiones Sur y Costa Sur del estado.
Un compendio de fichas de blancos regionales en poder del Ejército mexicano señala además a Carlos Pelayo Núñez, alias «Don Carlos», como uno de los mandos regionales del CJNG que habría operado bajo las órdenes de Mendoza Gaytán entre 2017 y 2019. «Les pagaba 60 mil pesos por semana a autoridades policiacas. Trabajó bajo las órdenes de Sapo hasta el 1 de abril de 2019. En esa misma fecha, Carlos Pelayo Núñez fue ascendido en la estructura a jefe regional», refiere textualmente esa ficha, sin precisar la fuente primaria de la cifra.
Los mismos documentos vinculan a Los Deltas con Los Cuinis, la estructura financiera históricamente asociada al CJNG, en labores de lavado de dinero a través de negocios de entretenimiento en la zona turística de Jalisco y Nayarit. Ningún juez ha dictado, hasta donde consta, resolución alguna sobre estas presuntas operaciones financieras, que en el material militar figuran como líneas de investigación de inteligencia y no como hechos probados en sede judicial.
La ficha de identificación castrense sobre Mendoza Gaytán, fechada en abril de 2020, señala que nació el 2 de octubre de 1988 en Apatzingán, Michoacán, y que era el cuarto de seis hermanos. De acuerdo con ese perfil, inició su trayectoria en la organización como halcón —encargado de vigilancia y aviso ante movimientos de las autoridades— antes de asumir el control familiar del contrabando de armas tras la detención de su padre y su hermano en 2012.
Fragmentación regional y precedentes de sucesión
El caso de Los Deltas se suma a otros expedientes recientes que han expuesto la organización del CJNG en células con mando semiautónomo. En días pasados trascendió el traslado a la Ciudad de México de alias «La Quiringua», identificado por la Sedena como líder del grupo Los Reyes y señalado por ataques con drones contra personal militar, en un procedimiento que se sigue por separado ante las autoridades competentes. Ese caso, al igual que el de Mendoza Gaytán, ilustra cómo el organigrama del cártel se sostiene sobre jefaturas regionales que operan con notable autonomía territorial.
El antecedente más cercano a esta lógica de sucesión y fragmentación en el país se remonta a la crisis interna del Cártel de Sinaloa tras la primera captura de Joaquín Guzmán Loera, «El Chapo», en 2014, cuando distintas facciones regionales compitieron por el control de rutas y plazas sin un mando único indiscutido. Ese patrón —disputas por la jefatura que derivan en repuntes de violencia local— es el que las autoridades de Jalisco y Nayarit siguen de cerca ante la confirmación de un nuevo liderazgo en el CJNG.
En términos de marco legal, la judicialización de este tipo de material exige que la Fiscalía General de la República (FGR) o las fiscalías estatales presenten ante un juez de control los datos de prueba que sustenten una imputación; la información de inteligencia castrense, por sí sola, no constituye una acusación penal. Hasta el momento, ni la FGR ni las fiscalías de Jalisco y Nayarit han emitido pronunciamiento público sobre la situación procesal de Mendoza Gaytán, y no existe constancia de que se haya solicitado una orden de aprehensión en su contra dentro del territorio nacional.
El caso queda ahora sujeto a lo que determinen, por un lado, las fiscalías mexicanas, que podrían judicializar en algún momento la información contenida en los diagnósticos castrenses, y por otro, las autoridades estadounidenses, que ya identificaron formalmente a la nueva cúpula del CJNG y disponen de mecanismos como las solicitudes de extradición o las sanciones del Departamento del Tesoro contra los operadores señalados en la región.