El proceso juzga a Loïk Le Priol y Romain Bouvier por la muerte de Aramburu, ocurrida la madrugada del 19 de marzo de 2022 tras una disputa banal en la terraza de un bar del Barrio Latino. Ambos dispararon diez veces contra el exjugador de los Pumas, quien había sido 22 veces internacional con la selección argentina de rugby. Le Priol enfrenta un cargo de asesinato y Bouvier uno de intento de asesinato; ambos se exponen a la cadena perpetua, aunque niegan haber querido matarlo.
La sesión de este lunes se centró en trazar el perfil humano de la víctima. Una experta que analizó su personalidad a partir de los testimonios de quienes lo conocieron lo definió como "un hombre carismático, dinámico y atento a los demás", con "gran corazón" y "temperamento pacífico". El retrato se completó con las declaraciones de amigos y excompañeros de equipo, entrecortadas por sollozos y lágrimas.
Entre quienes comparecieron estuvo el entrenador de la selección italiana de rugby, el argentino Gonzalo Quesada. "Perdimos a un verdadero amigo", afirmó ante el tribunal. Quesada agregó que nunca había visto a su compatriota en una "situación violenta" durante una fiesta y lo definió como alguien "protector de sus amigos", una caracterización que resulta clave para entender la secuencia que derivó en el ataque.
Thomas Lièvremont, compañero de Aramburu en el club francés de Biarritz, sumó otro testimonio cargado de recuerdos personales. Según relató, el rugbier "encarnaba la bondad en estado puro" y era "fiable, tranquilo, generoso, respetuoso", con un "positivismo y un altruismo contagioso". Lièvremont recordó también la expresión que Aramburu solía repetir ante cualquier contratiempo: "No pasa nada".
La declaración más extensa correspondió a Cecilia Aramburu, madre de la víctima, quien se presentó ante el tribunal vestida con un traje negro de puños rojos y blusa blanca. Frente al banquillo, donde Le Priol y Bouvier seguían la audiencia con la mirada perdida en el suelo, su testimonio buscó tanto honrar la memoria de su hijo como señalar las circunstancias que, a su juicio, permitieron el crimen.
"Federico se encontró con personas que eran extremadamente violentas, que salían de sus casas triplemente armadas: de odio, de armas de fuego y, da la sensación, con impunidad", declaró Cecilia Aramburu, madre de la víctima, ante el tribunal de París.
Antecedentes entre los acusados
La instrucción del caso reveló que Le Priol y Bouvier compartían una inclinación por la violencia, una ideología ultraderechista radical, el consumo de alcohol y el uso de armas. Ambos tenían prohibido mantener contacto entre sí en el marco de una causa abierta por una agresión cometida en octubre de 2015 y, sin embargo, se encontraban juntos la noche del ataque contra Aramburu.
Sobre esa combinación de factores, la madre calificó de evitable la tragedia. "Este crimen podría haber sido evitable", sostuvo ante el tribunal, en referencia a la situación de los acusados pese al antecedente judicial que pesaba sobre su vínculo. Aramburu tenía 42 años y era padre de tres hijos cuando fue asesinado.
"Al dolor indecible de la muerte de un hijo, se suma este dolor", que "no da consuelo", afirmó Cecilia Aramburu, para quien a su hijo "lo había matado el odio".
El altercado que precedió a los disparos involucró también a Shaun Hegarty, amigo y compañero de rugby de Aramburu. Consultada sobre por qué la víctima, al abandonar el bar, tiró de la capucha de Le Priol y estuvo a punto de tumbarlo, su madre situó el gesto en lo que llamó el "intermedio de Federico": un momento en el que, según explicó, su hijo no aceptó marcharse sin responder a una provocación identitaria —"Argentino, irlandés, nosotros estamos acá, nosotros estamos en casa"— dirigida contra él y contra Hegarty, de origen irlandés.
Quesada ofreció una lectura complementaria de ese instante: consideró que Aramburu "acababa de ver a su amigo [Hegarty] ser humillado", lo que explicaría su reacción pese al temperamento pacífico que todos los testigos le atribuyeron.
"Vivió la parte festiva de la democracia"
Cecilia Aramburu situó la personalidad de su hijo en un contexto generacional. Nacido en los últimos años de la dictadura argentina, dijo que Aramburu "vivió la parte festiva de la democracia", entendida como la convicción de que "lo importante es la discusión, el debate, y no la fuerza y la pelea". La madre no reclamó venganza contra los acusados, a quienes describió como personas que "continúan siendo seres humanos", aunque condicionó cualquier proceso de reinserción a que antes "tomen conciencia" de lo que representa un ser humano, y a que ello ocurra en un entorno que no ponga en peligro "al resto de la humanidad".
El caso se inscribe en la atención internacional a la violencia vinculada a la militancia política extrema, un fenómeno presente en otras coberturas recientes de la región, como la detención en Florida del periodista nicaragüense Luis Galeano, aunque se trate de circunstancias jurídicas distintas. El asesinato de Aramburu conmocionó al rugby, deporte en el que el argentino había representado a los Pumas en 22 ocasiones antes de desarrollar su carrera en clubes franceses.
El tribunal de París tiene previsto dar a conocer su veredicto el 25 de septiembre, fecha en la que se determinará la responsabilidad penal de Le Priol y Bouvier por la muerte del exrugbier argentino.
