Lamas explicó que su formación como cineasta convive con una educación visual proveniente del mundo del arte y con un interés de largo aliento por la filosofía. "Fui formada como cineasta, pero la mayor parte de mi educación visual viene del mundo del arte y siempre tuve un gran interés en la filosofía", señaló. Según relató, hoy privilegia que cada proyecto nazca de una investigación previa antes de decidir su forma final, que la mayoría de las veces termina siendo una película o una instalación basada en imagen en movimiento.
La realizadora describió un método que involucra diálogos con filósofos y científicos sociales para desarrollar sus temas. "Intento conectarme con otras formas de arte y con académicos, a veces hago proyectos donde tengo diálogos con filósofos o científicos sociales. Soy muy rigurosa cuando se trata de esa investigación", apuntó, y añadió que su obsesión por rastrear conexiones entre disciplinas es parte central de su proceso. Su obra se inscribe en lo que se ha denominado paraficción: un terreno donde realidad y ficción se combinan de forma que a menudo resultan indistinguibles para el espectador. Esa estrategia narrativa, según explicó, no busca simplemente contar historias, sino usar el relato como herramienta para enmarcar temas críticos y cuestionar las dinámicas de poder implícitas en cualquier acto de narrar.
Entre las películas exhibidas figuran Tierra de nadie (Terra de Ninguém, 2012), su primer largometraje, además de Oro y ceniza (Ouro e cinza, 2025), El Dorado XXI (2016), Extinción (Extinção, 2018) y los cortometrajes Hotel Royal (2021), Extraction: The Raft of the Medusa (2020), Ubi Sunt y Coup de Grace (2017). Ese conjunto de trabajos había circulado previamente, entre el 29 de junio y el 9 de julio, dentro de la Décima Semana del Cine Portugués.
De un mercenario a la cámara
Tierra de nadie retrata, en un plano fijo, el testimonio de Paulo de Figueiredo, un mercenario encargado de asesinatos en las colonias portuguesas de África durante la dictadura de António de Oliveira Salazar y vinculado después a los Grupos Antiterroristas de Liberación (GAL), organización paramilitar española. La cineasta relató que conoció la historia por un familiar y que, al narrarla ella misma a terceros, comprendió cómo el acto de narrar transforma el relato original. Ese hallazgo la llevó a decidir que Figueiredo debía ser el propio narrador frente a cámara.
Según contó Lamas, cuando lo localizó y trabajó con él, el mercenario le dijo que la estaba usando a ella para contar su historia; la respuesta de la directora fue: "Perfecto, yo te uso a ti para hacer mi filme". "Este tipo de ética es muy importante. Lo que hacemos en la cámara es trabajar para un filme", explicó. La realizadora reconoció que en algún momento consideró investigar de forma independiente la vida de Figueiredo, pero descartó esa vía, entre otras razones porque buena parte de los archivos siguen clasificados, y sobre todo porque quería escuchar las palabras del propio protagonista.
En Extinción, Lamas rinde homenaje —desde el título y desde el juego entre ficción y no ficción— a uno de sus escritores de cabecera, el austríaco Thomas Bernhard. La cinta aborda Transnistria, región que se independizó de Moldavia en 1990 y que permanece en un limbo político sin reconocimiento internacional. Por su parte, El Dorado XXI cuenta la historia de los mineros en el sur de Perú, dentro de una línea de trabajo de la directora sobre condiciones de precariedad laboral.
El costo de la independencia
Sobre las dificultades del cine independiente, Lamas fue clara: "El sueño de cualquier artista o creador es empezar algo y ver adonde llega, sin tener público o un producto para vender. Pero hoy en día es más y más desafiante". Añadió que, si bien la independencia creativa resulta indispensable para ciertos proyectos, también empuja a quienes la ejercen hacia las fronteras del sistema de producción y distribución.
La visita de Lamas a la Cineteca Nacional se inscribe en una tradición de programación de cine de autor internacional que la institución ha sostenido durante décadas. Fundada en 1974 y refundada tras el incendio que la destruyó en 1982, la Cineteca ha combinado la conservación del acervo fílmico con muestras de realizadores cuya obra dialoga con el documental de creación y el arte contemporáneo. El vínculo de la cineasta con espacios culturales mexicanos había crecido desde mediados de la década de 2010, particularmente a través del Ficunam, plataforma que ha impulsado en el país la circulación de propuestas experimentales poco frecuentes en la exhibición comercial.
El conversatorio que acompañó la muestra permitió al público capitalino conocer las bases metodológicas del trabajo de Lamas, quien sostuvo que sus filmes no buscan ofrecer versiones cerradas de la realidad, sino abrir preguntas sobre cómo se construyen los relatos y quién tiene autoridad para narrarlos. "Las realidades son más complejas que yo y mis personajes", resumió la directora sobre el eje que atraviesa su producción.