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Chefs españoles se dividen sobre la cebolla en la tortilla de patatas

Dabiz Muñoz y Dani García defienden la versión sin cebolla; Martín Berasategui y Alberto Chicote la reivindican como ingrediente esencial

Por Redacción de El Hemiciclo·
4 min de lectura
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La tortilla de patatas, uno de los platos más representativos de la gastronomía española, mantiene abierto un debate que enfrenta a cocineros profesionales y a hogares de todo el país: si debe llevar cebolla o prescindir de ella.

La receta más extendida, considerada por muchos la más austera, prescinde de la cebolla y se limita a patata, huevo, aceite y sal. Sus defensores sostienen que esta combinación permite que la patata y el huevo sean los verdaderos protagonistas del plato, sin que ningún otro ingrediente altere su sabor original. Para los puristas, la sencillez es precisamente la virtud que convierte a la tortilla en un icono reconocible y reproducible en cualquier cocina.

En el extremo opuesto se sitúan quienes defienden que la cebolla, bien pochada y cocinada a fuego lento hasta quedar tierna, aporta un punto de dulzor y una jugosidad que la versión sin ella no logra alcanzar. Esta corriente argumenta que la textura melosa mejora el resultado final, siempre que la técnica de cocción sea la adecuada, ya que una cebolla quemada o poco hecha puede arruinar el conjunto del plato.

El debate ha trascendido las cocinas domésticas para instalarse también entre los cocineros de mayor proyección mediática. Dabiz Muñoz se ha posicionado de forma tajante a favor de la versión sin cebolla y ha explicado que no le convence el sabor dulzón que aporta este ingrediente, defendiendo que la tortilla española debe elaborarse únicamente con patata, huevo, aceite y sal.

Dani García mantiene una postura similar y reivindica igualmente la fórmula de cuatro ingredientes como la auténtica receta del plato. En el lado contrario se sitúa Martín Berasategui, que prepara su versión incorporando cebolla y, además, una pequeña cantidad de pimiento verde y ajo, en una variante que se aleja de la receta más tradicional pero que el propio cocinero defiende por su resultado.

Ferran Adrià no se ha posicionado de forma categórica en ninguno de los dos bandos, aunque, según informa el medio especializado Gastroactitud, su preferencia personal se inclina por la versión «sin cebolla». Por su parte, Alberto Chicote ha reconocido que le gustan ambas variantes, si bien ha admitido que cuando cocina la tortilla para sí mismo la prepara «siempre con cebolla».

Esta falta de consenso entre profesionales de reconocido prestigio evidencia que la discusión no responde a criterios técnicos objetivos, sino a preferencias de sabor y textura que varían según el paladar de cada cocinero. Ningún organismo gastronómico ha establecido una receta canónica de la tortilla de patatas, por lo que ambas versiones conviven en la tradición culinaria española sin que exista una fórmula «correcta» frente a otra «incorrecta».

El récord mundial elaborado en Melide

Al margen del debate sobre los ingredientes, la tortilla de patatas también ha protagonizado hitos gastronómicos de gran magnitud. El municipio coruñés de Melide revalidó el récord de la tortilla de patatas más grande del mundo durante la celebración de su Feria del Huevo Campero, un evento consolidado en el calendario gastronómico gallego.

Para la elaboración se emplearon 17.000 huevos, 2.000 kilos de patatas, 300 litros de aceite y 30 kilos de sal, según los datos difundidos en torno al evento. La preparación se cocinó en una sartén de seis metros de diámetro y llegó a pesar alrededor de diez toneladas, cifras que la sitúan entre las elaboraciones más voluminosas registradas en este ámbito.

Uno de los momentos de mayor expectación fue el volteo, una maniobra que, por las dimensiones y el peso de la elaboración, requirió el uso de una grúa de 75 toneladas. En la organización y posterior reparto participaron 75 personas, encargadas tanto de la elaboración como de la distribución final del plato entre los asistentes.

En un gesto que refleja precisamente la ausencia de consenso sobre la receta ideal, la organización decidió elaborar la mitad de la tortilla con cebolla y la otra mitad sin ella, para satisfacer ambas sensibilidades gastronómicas. Una vez finalizada, se repartieron unas 12.000 raciones con fines solidarios, cuyos fondos se destinaron a comedores sociales y entidades benéficas.

Este tipo de iniciativas, que combinan la reivindicación de la gastronomía tradicional con fines solidarios, se han convertido en habituales en distintas localidades españolas que buscan poner en valor sus productos y platos locales. La Feria del Huevo Campero de Melide se suma así a otras citas similares en las que la tortilla de patatas actúa como elemento vertebrador de la identidad gastronómica local.

El debate sobre la cebolla, lejos de resolverse, continuará previsiblemente presente en conversaciones familiares, cartas de restaurantes y encuentros gastronómicos, sin que ninguna institución culinaria contemple establecer una receta oficial única. La convivencia de ambas versiones, avaladas por chefs de prestigio en uno y otro bando, apunta a que la tortilla de patatas seguirá siendo, por encima de cualquier ingrediente, un símbolo de la diversidad gastronómica española.

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