El episodio se produjo en un vuelo comercial de la aerolínea emiratí que cubría la ruta hacia Tel Aviv. Al Hamami atacó con un arma blanca al comandante y trató de desviar el aparato, hasta que el piloto logró abrir la puerta de la cabina pese a estar siendo agredido. Los propios pasajeros redujeron al copiloto, y dos pilotos que viajaban fuera de servicio tomaron los mandos para ejecutar un aterrizaje de emergencia en Arabia Saudí. A bordo viajaban 180 pasajeros, en su mayoría israelíes, además de la tripulación.
El dirigente de Yashar, Gadi Eisenkot, exjefe del Estado Mayor israelí, exigió consecuencias políticas inmediatas por lo sucedido en declaraciones The Times of Israel.
"Desde el momento en que empezó a revelarse la magnitud del fallo, la cúpula dirigente, como es su costumbre, ha desaparecido", denunció Gadi Eisenkot, líder del partido Yashar.
Eisenkot sostuvo que "en un Gobierno digno y que funcione correctamente, (Regev) habría presentado su dimisión ayer por la tarde", y añadió que, de no haberlo hecho ella, "el primer ministro debería haberla destituido de inmediato". Advirtió también de que "este tipo de liderazgo pone en peligro a Israel y amenaza directamente a sus ciudadanos", y lamentó que "no han aprendido absolutamente nada del 7 de octubre", en alusión a los ataques perpetrados por Hamás y otras facciones armadas de Gaza en 2023, el peor golpe a la seguridad israelí desde la guerra del Yom Kipur de 1973.
Para Eisenkot, la omisión trasciende el caso concreto. "Quien se niega a investigar y elude su responsabilidad por miedo no puede evitar el próximo desastre", afirmó, situando el foco en la capacidad del Ejecutivo para prevenir episodios similares.
Bennett reclama respuestas sobre pilotos iraníes
El también exprimer ministro y actual líder de B'Yachad, Naftali Bennett, sumó su voz a las críticas con un planteamiento centrado en la seguridad aérea. "Cualquier primer ministro preocupado por la seguridad de Israel exigiría respuestas a su ministra de Transporte y destituiría a (Regev)", declaró.
"Es urgente aclarar si es seguro o peligroso volar a Israel, si han viajado recientemente pilotos iraníes a Israel y qué está haciendo exactamente el Gobierno ahora para evitar el próximo fallo", reclamó Naftali Bennett, líder de B'Yachad.
Las tres preguntas de Bennett apuntan al control de las tripulaciones en los vuelos internacionales hacia Israel. El caso reabre el debate sobre los procedimientos aplicados a rutas procedentes de países con los que Israel estableció relaciones diplomáticas recientemente, como Emiratos Árabes Unidos tras los Acuerdos de Abraham firmados en Washington en septiembre de 2020.
Las críticas se intensificaron después de que la radiotelevisión pública Kan difundiera informaciones atribuidas a altos cargos de Defensa que situarían la responsabilidad del fallo en el Centro de Operaciones de Seguridad Aérea, organismo que depende del Ministerio que dirige Regev. Según esas fuentes citadas por la cadena, "se suponía que debían cumplir con su responsabilidad", y remarcaron que "cualquier persona sensata entiende que un piloto omaní no debería estar aquí".
Rubinstein invoca al país de origen
Frente a estas acusaciones, el responsable del Centro, Dvir Rubinstein, defendió ante la misma cadena los límites del mandato de su organismo. "No es un organismo de inteligencia", señaló, y precisó que se trata de "un organismo regulador estatal que debe supervisar y garantizar que otros países y compañías aéreas cumplan las normas", si bien en "los vuelos internacionales" el Centro "confía en las medidas de seguridad del país de origen". Rubinstein insistió en que "la responsabilidad de estas cuestiones recae en el país desde el que sale el vuelo".
Rubinstein añadió que Flydubai había garantizado previamente el cumplimiento de los protocolos. "La compañía garantizó que toda su tripulación había superado los controles de antecedentes de seguridad exigidos por la autoridad competente de Emiratos Árabes Unidos", explicó, y recordó que "se le exigió" a la aerolínea "que asignara a sus vuelos con destino a Israel a miembros de la tripulación aérea que solo poseyeran un pasaporte de un país que mantuviera relaciones diplomáticas con Israel".
Pese a que el Ministerio de Transportes tiene el mandato de supervisar los procedimientos de selección de pilotos extranjeros en rutas hacia y desde Israel, tanto el Gobierno de Netanyahu como Regev y el propio departamento han rechazado asumir responsabilidad por los posibles fallos de seguridad previos al incidente. Las exigencias de dimisión a ministros por fallos de seguridad se han repetido en la coalición desde los atentados de octubre de 2023, sin que hayan derivado en cambios en el Gabinete.
La disputa se enmarca en la cadena de reveses que atraviesa el Ejecutivo israelí en Oriente Próximo, pendiente aún de la elección en primera vuelta en Brasil que Flávio Bolsonaro roza con el 51% del voto y de otros frentes abiertos. Mientras el Gobierno defiende que la responsabilidad última recae en el país de origen del vuelo, la oposición exige una investigación interna que determine si el Centro de Operaciones de Seguridad Aérea ejerció de forma efectiva su función de supervisión.
Eisenkot cerró su intervención con una advertencia que resume el fondo de la disputa: "Quien se niega a investigar y elude su responsabilidad por miedo no puede evitar el próximo desastre".


