El director del LNS, Miguel Ángel Peña Azpiri, explicó que el propósito central del clúster es que la capacidad conjunta de procesamiento permita resolver en horas o días problemas científicos que, con equipos convencionales, tomarían meses o incluso años. El esquema busca sumar recursos que, de forma individual, resultarían insuficientes para proyectos de gran escala.
El proyecto está encabezado por la Secihti, dependencia federal encargada de coordinar la política científica y tecnológica tras la reestructuración administrativa que reemplazó al antiguo Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología. Junto con la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) participan el Instituto Potosino de Investigación Científica y Tecnológica (IPICYT), el Centro de Investigación Científica y de Educación Superior de Ensenada (CICESE), el Centro de Investigación en Matemáticas (CIMAT), el Centro de Investigación y de Estudios Avanzados (Cinvestav), la Universidad de Guadalajara (UdeG) y la Universidad de Sonora (Unison).
La incorporación de la BUAP se da a través del LNS, un centro que acumula más de diez años de operación. De acuerdo con la propia institución, el laboratorio ha participado en más de 500 proyectos científicos en áreas como física computacional de materiales, nanociencia, astrofísica y química, lo que lo coloca entre los polos de cómputo científico más consolidados fuera del centro del país.
Peña Azpiri señaló que la construcción de la red tomó alrededor de un año de trabajo entre las instituciones participantes. "Durante un año se trabajó para reunir a los centros de datos de supercómputo más importantes del país. Es un esfuerzo que puso de lado los intereses particulares sobre el desarrollo de la ciencia y la tecnología en México", afirmó el director, en alusión a la complejidad de coordinar centros con administraciones, presupuestos y prioridades de investigación distintas.
Aplicaciones y descentralización del cómputo científico
Entre las áreas que podrían beneficiarse de esta infraestructura conjunta, el director mencionó la oceanografía, el estudio de propiedades de metales, la búsqueda de pozos petroleros, el análisis de terremotos, la modelación climática vinculada a la agricultura y la elaboración de fármacos. Son campos que requieren simulaciones masivas de datos, un tipo de cálculo que un conjunto de supercomputadoras interconectadas puede ejecutar con mayor rapidez que centros aislados.
El cómputo de alto rendimiento se ha convertido en una pieza central para la investigación en física, ciencias del clima, biomedicina e inteligencia artificial en buena parte del mundo. México ha buscado desde hace más de una década sumar capacidades dispersas entre universidades públicas y centros de investigación para no quedar rezagado frente a economías de la región que ya operan esquemas de cómputo distribuido.
La UNAM, a través de su Dirección General de Cómputo y de Tecnologías de Información y Comunicación, opera desde hace años la supercomputadora Miztli, uno de los equipos de este tipo con mayor capacidad instalada en instituciones públicas del país. La existencia de clústeres regionales como el del sureste, con sede en Puebla, apunta a descentralizar el acceso a recursos que tradicionalmente se concentran en la capital.
La colaboración entre instituciones públicas mexicanas para infraestructura científica compartida tiene antecedentes. La creación de los Laboratorios Nacionales a partir de la década de 2010 buscó precisamente un esquema de acceso compartido a equipamiento especializado de alto costo entre distintas universidades y centros del país. El nuevo clúster de cómputo se inscribe en esa misma lógica, pero enfocado en el procesamiento masivo de datos.
El anuncio se da en un contexto en el que el gobierno federal ha impulsado un discurso de fortalecimiento de la ciencia nacional y de reducción de la dependencia tecnológica del exterior, particularmente en inteligencia artificial. La Secihti ha promovido distintas alianzas entre instituciones públicas de investigación bajo esa premisa, aunque el material disponible no precisa el detalle presupuestal específico destinado a este clúster.
Por el momento no se han dado a conocer plazos concretos para la puesta en marcha operativa de la red interconectada ni el monto de inversión pública destinada a la alianza. Tampoco se especificó si habrá financiamiento adicional para ampliar la capacidad del LNS de la BUAP como parte de su incorporación. Se espera que en los próximos meses la Secihti y las instituciones participantes den a conocer mayores detalles sobre el funcionamiento conjunto de la red, incluidos los criterios de acceso para investigadores de otras universidades que busquen sumarse a proyectos con estas capacidades de procesamiento.