El incidente comenzó a las 14:30 hora local del sábado cuando una fragata iraní disparó ráfagas de advertencia contra un petrolero con bandera liberiana que navegaba escoltado por un destructor estadounidense en el corredor de tránsito de Ormuz. El Pentágono respondió calificando la acción iraní de «provocación calculada» y reconoció haber devuelto fuego «en modo defensivo» contra «centros de mando y control costeros» que, según Washington, coordinaban el hostigamiento.
Irán ofreció una versión radicalmente distinta. El portavoz del Ministerio de Defensa iraní acusó a Estados Unidos de violar la tregua con «disparos indiscriminados contra embarcaciones civiles» y anunció que las fuerzas navales de la Guardia Revolucionaria habían respondido atacando barcos militares estadounidenses con destructores, misiles y drones, causando «daños significativos» que el Pentágono no ha confirmado ni desmentido.
Trump intervino desde Mar-a-Lago a las 21:00 hora de Washington con un mensaje deliberadamente ambiguo: «El alto el fuego continúa vigente. Lo que hemos hecho es defender a nuestros barcos y a nuestros aliados. Irán sabe que no debe cruzar ciertas líneas, y nosotros sabemos que la paz es posible si todos hacemos nuestra parte». El presidente anunció simultáneamente la pausa temporal de «Project Freedom» — la operación naval de escolta de buques comerciales a través de Ormuz — «para evaluar si podemos alcanzar un acuerdo duradero con Irán».
Los mercados energéticos reaccionaron con nerviosismo contenido. El Brent cerró la sesión del viernes en 97,40 dólares por barril, acumulando una caída del 14% desde los máximos de abril, cuando la crisis de Ormuz disparó el precio hasta los 126 dólares. Los analistas interpretan la caída como una señal de que los mercados descuentan que la tregua sobrevivirá al incidente, pero advierten de que un segundo episodio podría revertir la tendencia.
La Unión Europea ha convocado una sesión extraordinaria del Consejo de Asuntos Exteriores para mañana lunes 19 de mayo, en la que los ministros debatirán tres puntos: la estabilidad de la tregua de Ormuz, la situación de la flotilla Sumud y la detención del activista español, y el avance de la ratificación interna del acuerdo comercial de Turnberry con Estados Unidos.
La Alta Representante, Kaja Kallas, ha emitido un comunicado en el que expresa «preocupación por los incidentes en Ormuz» y pide a ambas partes «máxima contención». Kallas ha respaldado públicamente la posición de España en el caso de la flotilla Sumud, una declaración que Madrid interpreta como un avance significativo en su campaña para obtener sanciones europeas contra los responsables israelíes de la interceptación.
Para España, la crisis de Ormuz tiene implicaciones directas. El país importa el 47% de su petróleo a través del estrecho, y cada dólar de variación en el Brent se traduce en un impacto estimado de 340 millones de euros anuales en la balanza comercial. La pausa de «Project Freedom» añade incertidumbre al suministro energético en un momento en que la economía española ya enfrenta los efectos de los aranceles de Trump sobre las exportaciones industriales.
El tablero geopolítico del Golfo se complica con cada hora que pasa. La tregua de abril fue un logro diplomático frágil, mediado por Omán en el palacio Al Bustan de Mascate, y diseñado para funcionar como un marco de contención mientras ambas partes negociaban un acuerdo más amplio que incluyese la desnuclearización gradual de Irán a cambio del levantamiento escalonado de sanciones. Los ataques cruzados de ayer no han destruido ese marco, pero lo han debilitado hasta un punto en el que cualquier nuevo incidente podría ser el detonante de una escalada que nadie controla.


