El grupo, oficialmente denominado Ansar Alá, controla amplias zonas del norte de Yemen, incluida la capital, Saná, desde 2014 y 2015. Su reivindicación se suma a una cadena de incidentes armados que desde hace más de una década lo enfrenta a la coalición liderada por Arabia Saudí en uno de los conflictos más prolongados y con mayor impacto humanitario de Medio Oriente.
Arabia Saudí intervino militarmente en Yemen en 2015 al frente de una coalición árabe para respaldar al gobierno yemení reconocido internacionalmente, tras el avance hutí sobre Saná. Desde entonces, los ataques con misiles balísticos y drones contra territorio saudí —incluidas instalaciones petroleras y aeropuertos fronterizos como el de Abha— se han repetido de forma intermitente, pese a treguas parciales negociadas con mediación de Omán y Naciones Unidas.
Los ataques contra infraestructura energética saudí tienen antecedentes. En 2019, instalaciones de la petrolera estatal Aramco sufrieron daños en incidentes atribuidos a drones, lo que generó alzas puntuales en los precios internacionales del petróleo. Arabia Saudí es uno de los mayores productores mundiales de crudo y miembro clave de la OPEP, por lo que cualquier afectación a su infraestructura tiene repercusiones que trascienden el ámbito bilateral.
El episodio se inscribe en un clima regional tensionado por la posición de los hutíes en el conflicto más amplio de Medio Oriente, que incluye ataques del grupo contra embarcaciones en el mar Rojo. En la misma línea de tensión militar, un portavoz del Ejército de Irán afirmó que ejecutaría ataques preventivos ante amenazas percibidas.
La relación entre los hutíes e Irán ha sido señalada reiteradamente por gobiernos occidentales y por Arabia Saudí como un vínculo de respaldo político y logístico, aunque Teherán ha negado en diversas ocasiones un control directo sobre las operaciones del grupo yemení. Esa dimensión convierte cada episodio de hostilidad transfronteriza en un indicador adicional de las tensiones entre Riad y Teherán, rivales regionales desde hace décadas por la influencia en el golfo Pérsico y el mundo árabe.
Naciones Unidas ha calificado en años anteriores la situación en Yemen como una de las peores crisis humanitarias del mundo, con millones de personas dependientes de ayuda internacional tras años de bloqueos, combates y colapso de servicios básicos. Un alto el fuego impulsado en 2022 con mediación de la ONU redujo temporalmente la intensidad de los enfrentamientos, aunque reportes como el de este domingo evidencian que las hostilidades no han cesado.
El reporte difundido por Xinhua desde Saná atribuye las cuatro operaciones al grupo hutí, sin que la agencia precise el alcance de los daños ni el estado operativo del Aeropuerto Internacional Rey Khalid tras la reivindicación.

