El verbo que sostiene el anuncio es "priorizar": el país prioriza la niñez, prioriza la digitalización, prioriza soluciones duraderas. Lo que la funcionaria no detalla es en qué consiste concretamente esa priorización, con qué metas, plazos o recursos. El MIRPS es el mecanismo regional que reúne esfuerzos para abordar necesidades de protección y buscar soluciones para personas desplazadas y solicitantes de refugio, y El Salvador lo preside en este ciclo.
Presidir un mecanismo de esta naturaleza tiene una traducción diplomática conocida: el país que ocupa la silla rotativa es también el que resalta sus propios avances en el foro que coordina. Godínez subrayó que el objetivo es mantener una atención digna e inclusiva mediante la coordinación con los demás Estados miembros y las instituciones nacionales involucradas.
"Como país en la Presidencia Pro Tempore del MIRPS, resaltamos los avances de El Salvador en la actualización de nuestro Plan de Acción Nacional y Regional, priorizando a la niñez, la digitalización y soluciones duraderas para personas en movilidad y solicitantes de refugio", manifestó la viceministra de Diáspora y Movilidad Humana, Patricia Godínez.
El sujeto que resalta los avances es el mismo que los produce. En el anuncio no figura un auditor externo, ni una cifra de solicitudes de refugio atendidas, ni un plazo para la actualización del plan. Hay tres sustantivos bien escogidos —niñez, digitalización, soluciones duraderas— que funcionan como títulos de capítulo: prometen contenido y entregan índice.
La viceministra también destacó la cooperación con la Secretaría Técnica de la OEA y con el ACNUR, organismos que acompañan estos esfuerzos regionales. Son nombres que aportan peso institucional a cualquier frase, estén o no acompañados de un compromiso verificable. El prestigio ajeno presta solidez al enunciado propio sin que este tenga que demostrar nada por sí mismo.
Nada de esto equivale a dudar de que exista coordinación regional ni de que el plan se esté actualizando. Equivale a constatar que un anuncio de prioridades sin indicadores es, en el mejor de los casos, una declaración de intenciones, y que coincide con el ciclo en que el país ejerce una presidencia rotativa que, por definición, premia la visibilidad de quien la ostenta.
Hay además un matiz que el comunicado omite: El Salvador es, ante todo, un país de emigrantes. Hablar de soluciones duraderas para personas en movilidad desde un territorio cuya diáspora supera con amplitud a su población desplazada interna tiene un componente aspiracional. El MIRPS, en todo caso, nació como instrumento regional para que los Estados centroamericanos y de la región comprometan acciones concretas de protección, verificables en sucesivas rondas.
Un Plan de Acción Nacional debería medirse con los estándares de transparencia de cualquier política pública: metas, plazos, presupuesto asignado dentro del Presupuesto General de la Nación y rendición de cuentas ante la Asamblea Legislativa o la Corte de Cuentas de la República. El Salvador acude a la actualización mientras su propia agenda interna avanza —el TSE ya convocó las elecciones de 2027 con 582 cargos en juego—, y conviene anotar la ausencia de indicadores: no sea que la próxima presidencia regional vuelva a resaltar los mismos avances, con las mismas tres palabras, sin que nadie recuerde haberlos visto aterrizar.


