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El hard discount pasó del 2.3% al 30.5% del retail mexicano en cuatro años

La expansión de cadenas como Tiendas 3B y Neto presiona a las 700,000 tiendas de abarrotes del país, según Deloitte y la Anpec.

Por Redacción de El Hemiciclo·
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El modelo de negocio conocido como hard discount, caracterizado por precios bajos y un catálogo limitado de productos esenciales, concentra el 30.5% de las ventas de retail en México, de acuerdo con un análisis de la consultora Deloitte.

El crecimiento de cadenas como Tiendas 3B o Neto, que han multiplicado su presencia en zonas urbanas y semiurbanas del país durante el sexenio, ilustra una transformación de fondo en la manera en que los hogares mexicanos hacen sus compras cotidianas. El atractivo de estas tiendas radica en su estructura de costos: al limitar el número de referencias y operar con formatos compactos, logran ofrecer precios más bajos que buena parte del canal tradicional, un factor determinante en un contexto de presión sobre la canasta básica.

Cuauhtémoc Rivera, presidente de la Anpec, señaló que por cada apertura de una tienda de conveniencia u hard discount, alrededor de seis comercios tradicionales cercanos terminan desplazados o forzados a cerrar. Según su lectura, el fenómeno se concentra sobre todo en establecimientos ubicados en avenidas principales y zonas de alta movilidad. "Las tiendas de conveniencia operan en los puntos de mayor circulación vehicular y movilidad en las zonas urbanas", afirmó.

El diagnóstico de la Anpec no describe, sin embargo, un desplazamiento total del comercio de abarrotes. Rivera explicó que las tiendas tradicionales conservan una ventaja competitiva estructural: la cercanía física y social con el consumidor, particularmente en colonias populares y comunidades rurales donde la presencia de cadenas comerciales es escasa. "Por más que una tienda de conveniencia quiera entrar a una colonia o comunidad rural, sería complicado porque su modelo de negocio exige un cierto nivel de flujo y de inventarios", sostuvo el dirigente gremial.

El tamaño del canal tradicional sigue siendo, en términos absolutos, considerablemente mayor al de las cadenas de conveniencia y hard discount. De acuerdo con las cifras citadas por la Anpec, existen alrededor de 700,000 puntos de venta del comercio tradicional en el país, frente a unas 34,000 tiendas de conveniencia, categoría que incluye tanto a las cadenas de descuento como a otros formatos de autoservicio pequeño. La proporción sugiere que, aunque el hard discount haya ganado terreno acelerado en participación de ventas, la infraestructura comercial de abarrotes continúa siendo predominante en número de establecimientos.

La cercanía vecinal como escudo

Uno de los elementos que sostiene la viabilidad de las tiendas de abarrotes frente a la competencia de precios bajos es el modelo de relación vecinal construido históricamente con sus clientes. La práctica de fiar productos, permitir pagos diferidos o ajustar montos según la necesidad del comprador —ausente en el modelo de las grandes cadenas— constituye, según los comerciantes agrupados en la Anpec, un factor de fidelización que no compite en precio, sino en confianza y flexibilidad. "Impactan en el consumo y afectan al pequeño comercio, pero no en toda la operación", matizó Rivera sobre el efecto de las cadenas.

Las compras de último momento representan otro nicho donde el comercio tradicional mantiene una posición favorable. La cercanía geográfica —muchas veces a media cuadra del domicilio del consumidor— permite a las tiendas de abarrotes captar un tipo de consumo que no depende de la planeación semanal característica de las visitas a las tiendas de autoservicio o hard discount, sino de la urgencia inmediata.

El acceso a métodos de pago electrónico aparece como uno de los principales retos pendientes para el pequeño comercio en su intento de mantenerse competitivo. Rivera puntualizó que apenas cuatro de cada diez tiendas tradicionales en el país cuentan con algún nivel de bancarización, lo que limita su capacidad de ofrecer pagos con tarjeta o transferencia, mecanismos que las cadenas de conveniencia y hard discount integran de manera generalizada en sus puntos de venta.

La falta de cuentas bancarias entre los pequeños comerciantes no es un fenómeno nuevo en la economía mexicana. El uso del efectivo sigue siendo predominante en las transacciones cotidianas de los negocios de baja escala, especialmente en zonas rurales y semiurbanas, donde la brecha de acceso a servicios financieros complica la adopción de terminales de pago y aleja a un segmento de consumidores que privilegia el pago electrónico.

La discusión sobre el papel del comercio tradicional frente a las cadenas de autoservicio no es inédita en la historia económica reciente del país. Desde la expansión masiva de tiendas de conveniencia como Oxxo a partir de la década de 1990, el debate sobre el desplazamiento de las tiendas de abarrotes ha sido una constante en los análisis del sector minorista, sin que ese proceso haya derivado, hasta ahora, en la desaparición del canal tradicional como actor relevante de la economía popular.

Rivera insistió en que el desplazamiento provocado por las cadenas de hard discount no debe entenderse como una sustitución completa, sino como una afectación parcial que golpea el volumen de ventas sin necesariamente forzar el cierre de la totalidad de los negocios expuestos. Esa distinción resulta relevante para dimensionar el impacto real del fenómeno sobre el empleo informal y la economía de subsistencia que sostienen cientos de miles de familias vinculadas al comercio de abarrotes.

A la presión competitiva del hard discount se suman, según organizaciones del sector, otros factores que golpean la supervivencia de los pequeños comercios: la inseguridad y el alza de precios de los insumos, que estrechan aún más los márgenes de miles de tenderos con escasa capacidad de negociación frente a proveedores mayoristas.

De cara a los próximos meses, la expansión de las cadenas de hard discount continuará bajo el seguimiento de consultoras como Deloitte y de organizaciones gremiales como la Anpec, que han planteado la necesidad de políticas públicas orientadas a facilitar la bancarización de los pequeños comercios y a fortalecer su adaptación tecnológica, como condición para sostener su competitividad frente a un modelo que en apenas cuatro años multiplicó su participación en el retail mexicano más de diez veces.

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