En Lyon, las fuerzas de seguridad dispararon granadas de gases lacrimógenos durante la mañana para dispersar a un grupo de unas 150 personas que intentaban bloquear el tráfico en una zona donde las autoridades habían prohibido las concentraciones. Pese a ese incidente, Nuñez señaló a inicios de la tarde que "no ha habido incidentes importantes" en el conjunto del país.
El operativo desplegado este sábado incluyó 70 mil agentes, unidades de élite policial, soldados de la misión de vigilancia Sentinelle, blindados de la gendarmería y helicópteros. Las autoridades francesas atribuyen los disturbios de la semana previa a "grupúsculos de ultraizquierda" —antifascistas, anarquistas y anarco-autónomos— a quienes se habrían sumado "delincuentes oportunistas", principalmente jóvenes provenientes de los suburbios de las grandes ciudades, señalados de aprovechar las marchas para saquear comercios.
Para recuperar el control tras los disturbios, el gobierno decretó desde el lunes toques de queda nocturnos en barrios de varias ciudades y prohibió manifestaciones salvo las convocadas por actores considerados "legítimos", en palabras del propio Macron, como los sindicatos. En París, Marsella y Lyon finalmente se autorizaron las marchas programadas contra el encarecimiento de la vida y en apoyo a los estudiantes que desde finales de septiembre exigen mejores condiciones en los liceos.
En la capital francesa, sin embargo, las autoridades modificaron a última hora el recorrido de la marcha, que originalmente debía partir de la simbólica plaza de la Bastilla, para desviarla hacia una zona más alejada en el sureste de París, próxima a la autopista perimetral. La decisión generó críticas inmediatas entre los organizadores estudiantiles.
"¿En qué país estamos, donde el poder decide quién puede manifestarse y dónde? Es escandaloso", dijo Ryad Rani, líder de la Unión Sindical de Estudiantes de Liceo, antes del inicio de la marcha en París.
Miles de personas, muchas de ellas jóvenes, volvieron a salir este sábado a las calles de París bajo un cielo cubierto y frío otoñal. Entre las pancartas destacaban consignas como "Macron, al rincón" y "No esperábamos nada y aun así estamos decepcionados", mientras se escuchaban gritos de "Macron dimisión" y "Todo el mundo odia la policía". Un estudiante de 22 años identificado solo como "Cas" explicó que protestaba también en representación de quienes no contaban con permiso para manifestarse.
"Es un problema a nivel de los derechos humanos en Francia", aseguró el joven, cuya identidad completa no fue revelada.
El comisario de Derechos Humanos del Consejo de Europa, Michael O'Flaherty, instó a los países europeos sacudidos por protestas este sábado —entre ellos Francia, España, Italia y Albania— a respetar el derecho a manifestarse y a priorizar la "desescalada" en las operaciones policiales, un llamado que contrasta con el tono de firmeza adoptado por el gobierno francés.
Los chalecos amarillos, de 2018 a hoy
Después de que las protestas de la semana anterior reunieran entre 550 mil y 800 mil personas en todo el país, el movimiento de los "chalecos amarillos" anunció una nueva movilización dentro de siete días contra lo que calificó como una "deriva autoritaria" del gobierno. El movimiento ya había sacudido el primer mandato de Macron entre 2018 y 2019, cuando una protesta surgida por el alza a los combustibles derivó en semanas de disturbios en los Campos Elíseos y obligó al gobierno a retirar el impuesto previsto.
Muchos de los desórdenes de la semana previa ocurrieron durante manifestaciones no autorizadas que intentaron acercarse a puntos estratégicos como los turísticos Campos Elíseos. Este sábado, blindados de la gendarmería resguardaron el Palacio del Elíseo, sede de la presidencia, y la Asamblea Nacional en París. Ante la expectativa de nuevos disturbios, numerosos comerciantes instalaron tablones de madera en las vitrinas de sus negocios; algunos optaron por no abrir y otros decidieron defender personalmente sus establecimientos. La semana anterior, cerca de 3 mil comercios resultaron afectados en todo el país. Los museos parisinos del Louvre, Orsay y Picasso, junto con la Ópera de París, cerraron de manera excepcional.
El clima de tensión se agravó el viernes, cuando un hombre de 39 años perpetró lo que Macron calificó como un "atentado terrorista racista" cerca de París, con saldo de un muerto y cinco heridos antes de que el agresor fuera detenido. En paralelo, al menos 11 mil personas se manifestaron en Orleans contra el partido ultraderechista Agrupación Nacional, que celebra este fin de semana su congreso político bajo fuertes medidas de seguridad; a seis meses de la elección presidencial, su líder Marine Le Pen encabeza los sondeos.
La tensión social en Francia coincide con episodios de protesta en otros puntos del continente y con reclamos internacionales sobre los límites a la manifestación, en un contexto que la propia Segob invocó al rechazar ante la ONU la conclusión de desapariciones forzadas sistemáticas en México, muestra del escrutinio que los organismos de derechos humanos ejercen sobre la actuación policial de los gobiernos.
En medio de este escenario, el gobierno francés recibió el viernes una noticia favorable: la agencia calificadora Moody's mantuvo la nota de la deuda soberana del país, respaldada en la expectativa de que la segunda economía de la Unión Europea logrará aprobar sus presupuestos de 2027, que contemplan un fuerte ajuste fiscal, y de que las tensiones sociales se moderarán en los próximos meses. El movimiento de los chalecos amarillos convocó una nueva movilización dentro de siete días.

