Márquez, considerado uno de los referentes históricos del futbol mexicano por su paso por clubes como Barcelona y Mónaco y por su capitanía prolongada con el Tri, asumió el reto de encabezar el proyecto rumbo a la Copa del Mundo de 2030. Antes de este nombramiento formó parte del cuerpo técnico de Aguirre y acumuló experiencia en los procesos de formación del club catalán, una trayectoria que, para sus defensores, respalda de manera natural la responsabilidad.
Arriola, quien coincidió con Márquez en las filas del Atlas, ofreció su respaldo al nuevo proyecto y subrayó lo que considera el peso del excapitán dentro del vestidor tricolor. "Creo que como jugador, cuando tienes un referente al frente, siempre te exige y te saca lo mejor de ti, porque no le podemos, ahora sí, como se dice, venderle piñas al entrenador. Estamos hablando de alguien que lo ha ganado todo", señaló el exdefensor. La expresión, coloquial en el argot futbolístico mexicano, alude a la dificultad de que un plantel simule esfuerzo frente a un entrenador con esa trayectoria.
El exjugador atlista pidió además a los elementos jóvenes que integran el proyecto aprovechar la experiencia del nuevo seleccionador. "Cuando tienes a un tipo así, con esa experiencia y esa trayectoria, lo único que queda es aprender, ¿no? Observar, ver, aprender y copiar lo que hace bien. Rafael tiene carácter y eso le ayudará", agregó Arriola.
La carrera de Márquez como jugador incluye una capitanía prolongada con el Tri que abarcó los mundiales de Corea-Japón 2002, Alemania 2006, Sudáfrica 2010 y Brasil 2014, así como su etapa europea en Barcelona y Mónaco. Ese historial internacional constituye el principal argumento de quienes respaldan su designación como cabeza del proyecto rumbo a 2030, torneo que se disputará de manera conjunta entre México, EU y Canadá.
El antecedente más cercano de un excapitán o referente del Tri al frente de la Selección Mayor remite a estrategas como Ricardo La Volpe, seleccionador nacional en el Mundial de 2006, o Ricardo Ferretti, quien dirigió al equipo en distintos procesos. Ninguno, sin embargo, acumuló la trayectoria internacional como jugador que exhibe Márquez, un elemento que sus partidarios subrayan al valorar su llegada al banquillo.
La expectativa por la designación reabrió el debate sobre la disciplina y la exigencia dentro del vestidor nacional, tema recurrente en los últimos ciclos mundialistas del Tri. Para Arriola, la trayectoria de Márquez podría fijar un estándar de exigencia entre los convocados, aunque el rendimiento deportivo dependerá de factores que trascienden el liderazgo del estratega. En contraste, persisten sectores del medio que cuestionan la falta de experiencia de Márquez como director técnico principal, más allá de su etapa como asistente.
El Mundial de 2030, que marcará el centenario de la primera Copa del Mundo disputada en Uruguay en 1930, representa para México la posibilidad de participar como anfitrión por tercera vez en su historia, después de las ediciones de 1970 y 1986. Su condición de sede lo eximiría de disputar la fase de clasificación de la Concacaf, de acuerdo con el esquema habitual para los países organizadores.
Hasta el momento no se ha confirmado la conformación completa del cuerpo técnico que acompañará a Márquez, ni el calendario de amistosos o microciclos previstos para las próximas convocatorias. Tampoco se ha precisado si continuará colaborando en las fuerzas básicas o si concentrará su labor exclusivamente en la Selección Mayor, esquema que mantuvo de manera parcial durante su etapa como asistente de Aguirre.
La consolidación del proyecto se medirá en los próximos meses a partir de los resultados en torneos amistosos y en la Liga de Naciones de la Concacaf. Ni la dirigencia ni el propio Márquez han detallado públicamente los objetivos específicos ni los plazos del nuevo ciclo, un pronunciamiento que definirá el marco de exigencia sobre el que se evaluará su gestión rumbo a 2030.