La lechuga señalada provino de Taylor Farms de México, la planta procesadora que la empresa estadounidense homónima opera en el centro del país, de acuerdo con los CDC. El producto, servido troceado en algunos restaurantes de la cadena Taco Bell y también comercializado en supermercados, fue retirado del mercado por la compañía el 17 de julio, cuando la mayoría de las personas afectadas ya presentaba síntomas. En el punto más alto del brote, antes de esa retirada, se notificaron en un solo día más de mil nuevos contagios, según la agencia sanitaria.
La Agencia de Alimentos y Medicamentos (FDA) mantiene abierta la investigación sobre el origen exacto de la contaminación. Sus inspecciones y la toma de muestras en los campos de cultivo y en la planta mexicana, realizadas en coordinación con autoridades sanitarias de México, ya concluyeron, aunque los resultados de laboratorio de esas muestras siguen pendientes de análisis.
Las dos muertes asociadas al brote ocurrieron en Míchigan, el estado más golpeado por el episodio, en pacientes que padecían otros problemas de salud graves previos al contagio, según reportaron los CDC.
El total de 12,883 casos ligados a la lechuga representa más de dos tercios de los 19,595 contagios de ciclosporiasis registrados en Estados Unidos desde el 1 de mayo, cifra que incluye 1,043 hospitalizaciones y que convirtió a 2026 en la peor temporada de esta enfermedad documentada por los CDC. En contraste, entre el 1 de mayo y el 31 de agosto de 2025 se habían notificado 1,180 casos en el mismo periodo del año anterior.
La ciclosporiasis es causada por el parásito Cyclospora cayetanensis y se contrae al ingerir alimentos o agua contaminados con materia fecal infectada. Los síntomas, que suelen aparecer una semana después del contagio, incluyen diarrea acuosa persistente, cólicos, náuseas y fatiga. Los CDC recomiendan lavar manos y productos frescos bajo el chorro de agua y cocinar los alimentos a 70 grados centígrados para eliminar el parásito.
El episodio pone bajo escrutinio la trazabilidad de las cadenas de suministro agrícola entre México y Estados Unidos, mercado del que depende buena parte de las exportaciones hortícolas mexicanas. La lechuga, el tomate y otras hortalizas frescas figuran entre los principales productos que México coloca en el vecino país, sujetos a inspección fitosanitaria de la FDA en los puntos de entrada.
La FDA mantiene abierta su línea de investigación a la espera de los resultados de laboratorio de las muestras tomadas en los campos y la planta mexicanos, sin que se haya establecido aún cómo se produjo la contaminación.