En el ensayo que sustentó la autorización, financiado por la propia empresa, los pacientes tratados con daraxonrasib alcanzaron una mediana de supervivencia de 13.2 meses, frente a 6.7 meses de quienes continuaron con quimioterapia convencional: casi el doble. El grupo que recibió el nuevo tratamiento mostró además menos efectos secundarios graves, de acuerdo con los datos reportados. Los participantes fueron asignados de forma aleatoria al fármaco experimental o a más quimioterapia.
El nuevo compuesto actúa sobre las mutaciones de la familia de genes RAS —en particular las llamadas KRAS—, que normalmente regulan el crecimiento celular y que, cuando se alteran, impulsan el desarrollo tumoral. Durante mucho tiempo, una estructura que dificultaba que los medicamentos se adhirieran a esas proteínas mutadas hizo que este impulsor del cáncer se considerara, en la práctica, "intratable" con la tecnología farmacológica disponible.
"No es una cura, sino una opción más para esos pacientes", señaló el doctor Pashtoon Kasi, del centro oncológico City of Hope en Orange County, California. "Pero es la mejor opción que hemos tenido", añadió el especialista, en referencia a la ausencia histórica de alternativas efectivas más allá de la quimioterapia para este tipo de tumor.
El cáncer de páncreas figura entre los más agresivos, en gran medida porque suele diagnosticarse en etapas avanzadas, cuando ya se ha diseminado a otros órganos. La Sociedad Americana del Cáncer estima que solo en Estados Unidos se diagnosticarán este año alrededor de 67,000 nuevos casos y que más de 52,000 personas morirán por la enfermedad, con una tasa de supervivencia a cinco años del 13%.
El interés público por el fármaco creció a principios de 2026, cuando el exsenador republicano por Nebraska Ben Sasse relató en el programa "60 Minutes" de la cadena CBS cómo el tratamiento había reducido su dolor mientras cursaba la enfermedad. Ese testimonio, ampliamente difundido, llevó a la FDA a habilitar un esquema de "acceso ampliado" para pacientes que cumplieran ciertos criterios clínicos, incluso antes de la aprobación formal.
La agencia reconoció que la autorización se otorgó con más de seis meses de anticipación respecto de la fecha objetivo que se había fijado para resolver la solicitud. "Es nuestro deber fundamental ofrecer más curas y tratamientos significativos a los pacientes lo más rápido posible", afirmó Kyle Diamantas, comisionado interino de la FDA, en un comunicado.
La aprobación acelerada es un mecanismo que la agencia estadounidense utiliza para padecimientos graves con opciones terapéuticas limitadas y no equivale a una autorización definitiva: la compañía deberá presentar estudios adicionales que confirmen el beneficio clínico observado en la fase experimental, bajo el compromiso de que el permiso puede revocarse si los resultados posteriores no lo sostienen.
Médicos que tratan el cáncer de páncreas manifestaron optimismo de que la autorización abra paso a más opciones, con decenas de medicamentos experimentales en desarrollo. A diferencia de otros tumores que se han beneficiado de una variedad de alternativas a la quimioterapia, este ha sido más difícil de abordar. "Creo que ha abierto las puertas para muchas otras empresas", apuntó Kasi, quien anticipó un incremento de ensayos clínicos orientados a esta familia de proteínas en los próximos años.
Un rezago que los pacientes mexicanos conocen
En México, el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) ha documentado en años recientes un incremento sostenido en la mortalidad asociada a tumores malignos del sistema digestivo, categoría que incluye al cáncer de páncreas. Las autoridades sanitarias mexicanas no han emitido hasta el momento un pronunciamiento sobre la disponibilidad o el eventual registro de daraxonrasib ante la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios (Cofepris).
Para el sistema de salud mexicano, el desarrollo ilustra la brecha que suele mediar entre la aprobación de fármacos oncológicos de última generación en Estados Unidos y su llegada al mercado nacional, ya sea por el sector privado o mediante esquemas de compra consolidada del gobierno federal. Medicamentos oncológicos innovadores han tardado en obtener registro sanitario en México tras su aprobación en Washington, un rezago que organizaciones de pacientes han planteado en episodios previos ante la Cámara de Diputados y el Senado.
Un precedente recurrente en ese debate es el de los inhibidores de tirosina-cinasa para leucemia mieloide crónica, cuya incorporación al Cuadro Básico de Insumos del sector salud tomó años tras su aprobación internacional, lo que en su momento generó señalamientos de organizaciones civiles sobre el acceso desigual a tratamientos de alto costo en el país.
De cara a los próximos meses, la atención se centrará en si Revolution Medicines solicita el registro de daraxonrasib ante Cofepris y en los términos de precio y disponibilidad que eventualmente negociaría con el sector salud mexicano, público y privado. Por ahora, el fármaco solo está autorizado para su comercialización en territorio estadounidense, bajo las condiciones y la vigilancia que marca la legislación sanitaria de ese país.