Rivas resumió su postura con una frase que sintetiza el debate de fondo dentro de la agrupación: "Es ilógico reclamar que se cumpla la Constitución si aquí estamos dispuestos a cambiar nuestros estatutos". La afirmación, pronunciada en el marco de cuestionamientos sobre la gestión partidaria, plantea la tensión entre el discurso público de las organizaciones políticas y sus prácticas internas de gobernanza.
La dirigente no precisó cuáles serían los estatutos objeto de eventual reforma ni el calendario previsto para tal proceso, aunque sí admitió que la situación actual generaría desgaste en la percepción pública de la agrupación. Vamos, de formación relativamente reciente dentro del sistema de partidos salvadoreño, ha buscado consolidarse como una fuerza con representación en el Salón Azul de la Asamblea Legislativa, órgano compuesto por 60 curules. Esta sería su cuarta incursión electoral.
El marco legal que rige los estatutos partidarios
El ordenamiento salvadoreño exige que los partidos políticos, inscritos y fiscalizados por el Tribunal Supremo Electoral (TSE), mantengan actualizados sus estatutos y los apliquen de manera consistente en procesos como la elección de autoridades internas, la selección de candidaturas y la administración de sus finanzas. La Ley de Partidos Políticos, vigente desde 2013, establece los procedimientos para la modificación de esos documentos, que deben notificarse al organismo electoral para tener validez legal.
El TSE, como órgano rector del sistema electoral, conserva la facultad de verificar que los partidos cumplan con sus propios estatutos y con la legislación vigente, incluidos los requisitos para la inscripción de candidaturas y la transparencia en el financiamiento. Cualquier alteración sustancial en las normas internas debe comunicarse a ese organismo, que puede solicitar aclaraciones o rechazar modificaciones que contravengan el marco legal.
Hasta el momento no se ha conocido un pronunciamiento del TSE sobre la situación estatutaria de Vamos, ni declaraciones de otros dirigentes del partido que contrasten o respalden la versión de Rivas. La ausencia de una postura unificada dentro de la propia organización añade incertidumbre sobre el desenlace de la disputa.
Los conflictos internos en periodos preelectorales no son un fenómeno aislado en la historia política salvadoreña. Distintas agrupaciones han enfrentado fracturas o señalamientos sobre el manejo de sus normas internas, en particular cuando se definen candidaturas y liderazgos, momentos que suelen generar fricciones entre fracciones. El caso más notorio ocurrió en 1980, cuando el Partido Demócrata Cristiano sufrió una ruptura que derivó en la salida de un sector de su dirigencia; y en años posteriores tanto ARENA como el FMLN registraron escisiones internas de peso tras derrotas electorales.
La coyuntura se produce en un escenario reconfigurado por la consolidación de Nuevas Ideas como fuerza mayoritaria en la Asamblea Legislativa desde 2021, lo que ha reducido los espacios de representación de partidos como Vamos, ARENA y el FMLN. En ese contexto, la cohesión interna se vuelve un factor determinante para la viabilidad electoral de las agrupaciones minoritarias, cuya continuidad depende también de superar los umbrales de votación que exige la ley para conservar la inscripción ante el TSE.
De cara a los próximos meses, cualquier reforma de estatutos que impulse Vamos deberá surtir los trámites correspondientes ante el TSE para tener efectos legales, lo que implica plazos administrativos y posible escrutinio adicional. La evolución de la disputa interna será determinante para definir la estrategia de la agrupación y su capacidad de presentar una candidatura cohesionada en su cuarta participación electoral.

