La Comunidad Santa Marta, que representa Natarén, surgió como un proyecto de repoblación posterior a los acuerdos de paz de 1992 y desde entonces ha mantenido una agenda de incidencia centrada en el desarrollo rural, el acceso a la tierra y la producción agrícola de pequeña escala. Cabañas, uno de los 14 departamentos del país y ubicado en la zona paracentral, ha sido señalado históricamente por organizaciones comunitarias como un territorio con menor acceso a infraestructura, crédito agrícola y servicios públicos frente al área metropolitana de San Salvador.
Según Natarén, el deterioro de la agricultura en Cabañas no es un fenómeno aislado, sino parte de una dinámica que incluye la salida de población joven hacia EE.UU. y otros destinos, con la consiguiente dependencia de las familias de los envíos de remesas. Las remesas familiares constituyen una fuente central de ingresos para numerosos hogares salvadoreños, particularmente en zonas rurales donde la actividad productiva local genera menores oportunidades de empleo formal.
El planteamiento del dirigente apunta a que, cuando la migración se reduce o se endurecen las condiciones en los países receptores, el flujo de remesas tiende a desacelerarse y golpea el consumo de los hogares más dependientes. En departamentos como Cabañas, donde la agricultura de subsistencia convive con la migración como estrategia de supervivencia, cualquier variación en ese flujo repercute de forma más aguda que en zonas urbanas con economías más diversificadas.
El abandono del agro que describe Natarén se enmarca en tendencias de largo plazo del campo salvadoreño: el encarecimiento de insumos, la escasez de mano de obra joven dispuesta a trabajar la tierra y la competencia de los cultivos de exportación frente a la producción de granos básicos para el autoconsumo. La agricultura de la zona rural de Cabañas estuvo marcada por el conflicto armado de los años ochenta, que provocó el desplazamiento del que nació la propia repoblación de Santa Marta.
Natarén plantea su advertencia como un llamado a no perder de vista las zonas rurales en medio de las discusiones económicas nacionales, dominadas en los últimos meses por la innovación digital y la atracción de inversión extranjera. Mientras el país proyecta sectores como el que describe la embajadora Johanna Mayorga, para quien El Salvador ya es parte de la nueva economía digital global, comunidades como Santa Marta sostienen que el desarrollo rural requiere atención específica y sostenida.
El dirigente no detalla, según el material disponible, propuestas concretas de política pública ni cifras oficiales sobre la magnitud de la pobreza o la caída de remesas en el departamento. Su planteamiento se sostiene en la observación directa de las condiciones de las familias de Cabañas y en la trayectoria de incidencia de la Comunidad Santa Marta en la defensa del desarrollo rural desde la posguerra.

