El fichaje no llegó de la nada. Lores formaba parte del consejo de PayPal desde hacía cinco años y lo presidía desde 2024, lo que facilitó una transición hacia la primera línea ejecutiva sin el desgaste habitual de una incorporación externa. La compañía, con sede en San José (California), eligió a alguien que ya conocía sus cuentas, su cultura y sus tensiones internas antes de ponerlo al frente del negocio.
Su trayectoria arrancó lejos de cualquier guion previsible. Hijo de un médico militar que trasladó a la familia a Valencia, Lores se matriculó en ingeniería eléctrica en los últimos días del plazo y terminó como número uno de su promoción en la Universitat Politècnica de València. En 1989 entró en Hewlett-Packard como becario en San Diego; aquel verano bastó para que decidiera quedarse en la compañía durante las tres décadas siguientes.
De California pasó a Sant Cugat del Vallès, completó un MBA en ESADE y fue escalando posiciones —ingeniería, producto, marketing, ventas globales— hasta situarse en la cúpula de HP. El examen decisivo llegó en 2015, cuando la compañía se dividió en dos entidades independientes, uno de los procesos corporativos más complejos vividos por una tecnológica de ese tamaño. Lores pilotó la operación y, según los datos difundidos sobre su gestión, el negocio creció un 25% en los cuatro años siguientes. En 2019 fue nombrado consejero delegado de HP, cargo que mantuvo hasta el salto a PayPal.
Es el mayor de cinco hermanos en una familia volcada en la medicina: dos de ellos siguieron la vocación paterna. Él optó por la ingeniería tras la lectura de un libro del fundador de Chrysler, convencido de que quería dedicarse a construir cosas. Ese trayecto, de un instituto valenciano a la dirección de una multinacional de pagos digitales, resulta excepcional incluso para los estándares de Silicon Valley, donde llegar a la cúpula es difícil y sostenerse en ella con la etiqueta de mejor pagado lo es más todavía.
Fuera de la oficina, Lores mantiene una relación activa con su ciudad de formación. Su mujer, Rocío Esteve, es socia fundadora de Inveready First y del Club de Ejecutivas Españolas en Silicon Valley, y el matrimonio conserva lazos con la Universitat Politècnica de València y con EDEM, la escuela de negocios impulsada por Juan Roig. El propio Lores asesora los planes de estudio de su antigua facultad, un puente poco habitual entre el talento que sale de España y los centros de decisión tecnológica en Estados Unidos.
El reto de PayPal frente a Stripe y Apple Pay
PayPal, sin embargo, no es un destino cómodo. La compañía compite cada trimestre con Stripe, Apple Pay, Google Pay, Adyen y una banca tradicional que ha recuperado terreno en los pagos móviles. El margen por transacción se estrecha con cada nuevo competidor, y cada punto de cuota de mercado se gana a costa de otro operador. Lores llega con la ventaja de conocer el negocio desde dentro, pero también con la presión de un consejo que, tras aprobar una retribución récord, esperaría una ejecución igualmente excepcional.
Su primer gran desafío será demostrar que PayPal puede crecer sin depender en exceso del consumo y del crédito al usuario, en un sector donde la confianza del cliente y la presión regulatoria pesan tanto como la innovación tecnológica. El margen de error, en ese contexto, es reducido.
El caso de Lores ilustra una paradoja del tejido productivo español: el país forma ingenieros de primer nivel que terminan dirigiendo compañías globales, pero ningún grupo del Ibex 35 ha producido todavía un consejero delegado con una escala internacional comparable. Ni Telefónica, ni Iberdrola, ni Indra compiten hoy en la misma liga de retribución y alcance que una tecnológica de Silicon Valley.
Los consejeros delegados de las grandes cotizadas españolas operan en un mercado doméstico maduro y con estructuras retributivas muy distintas a las de perfiles como el de Lores, que negocian su sueldo en dólares y frente a rivales de todo el mundo. Esa brecha no es anecdótica: marca dónde se concentra el poder económico del sector tecnológico y por qué España exporta talento directivo que después solo puede celebrar desde la distancia.
La brecha salarial entre cúpula y plantilla
La distancia retributiva entre la cúpula y la plantilla reaparece cada primavera, cuando las compañías cotizadas publican sus informes de retribuciones a consejeros, un documento exigido por la Ley de Sociedades de Capital y sometido a voto consultivo de la junta de accionistas. En ese contexto se inscriben otras tensiones del tejido empresarial español, como la que describe la pieza según la cual los CEOs españoles priorizan la transformación frente al recorte de costes que domina Europa, en un entorno de inflación persistente marcado por la previsión de la OCDE de que España cierre 2026 con una inflación del 3,7%.
Que el español mejor pagado del mundo no trabaje para una empresa española resume la paradoja del mercado laboral tecnológico nacional: el talento directivo se cotiza mejor fuera que dentro, y el reconocimiento llega a toro pasado. La escisión de HP en 2015 que Lores condujo es hoy un caso de estudio de gestión de una gran operación corporativa, un terreno en el que ningún ejecutivo de las grandes cotizadas españolas ha operado a esa escala.
Un sueldo récord implica también una expectativa récord, y PayPal arrastra retos estructurales —la presión competitiva de Stripe y de las grandes tecnológicas, la madurez de su negocio principal de pagos online— que un solo directivo difícilmente resuelve en unos meses. La primera gran cita de Lores con los inversores, y los resultados que PayPal presente a cierre de año, medirán si el brillo del fichaje se traduce en la cuenta de resultados.

