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Bosque Esmeralda registra 432,000 luciérnagas por hectárea en 2025–2026

El área natural protegida de Amecameca reporta un aumento sostenido de población y el hallazgo de una especie sin registro previo, según su director general.

Por Redacción de El Hemiciclo·
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En el Ejido Emiliano Zapata, en Amecameca, Estado de México, el parque ecoturístico Bosque Esmeralda recibió cerca de 12,000 visitantes en la temporada de avistamiento de luciérnagas 2025–2026, según su director general, Rafael Eugenio Parrilla Arroyo.

El fenómeno ocurre en el corredor forestal del Eje Volcánico Transversal, una franja que comparten Tlaxcala, Puebla, el Estado de México y parte de Veracruz. Ahí habita la Photinus palaciosi, conocida como la luciérnaga de los volcanes, especie que requiere condiciones ambientales estrechas: temperaturas de entre 10 y 14 grados —lo ideal, 12—, humedad relativa de 75% a 85% y vientos casi nulos. Cualquier alteración abrupta de ese equilibrio provoca su desaparición del hábitat, aunque la especie no figura en la Norma Oficial Mexicana 059, el instrumento que enlista las especies de flora y fauna nativas en categorías de riesgo y las condiciones para su protección.

Parrilla Arroyo detalló que el seguimiento realizado entre noviembre de 2025 y mayo de 2026 arrojó un registro de 432,000 luciérnagas por hectárea, frente a las 180,000 documentadas en 2016, es decir, casi el doble en una década. Atribuyó ese repunte a un programa sostenido de restauración forestal que incluye reforestación, apertura de brechas cortafuego, mantenimiento de arbolado y control del descortezador, un insecto que enferma los árboles y abre claros que modifican la sombra y la humedad necesarias para la reproducción de las luciérnagas.

Una especie sin registro previo

El hallazgo más relevante de la temporada, según el director del parque, ocurrió en 2025, cuando se identificó un ejemplar que no correspondía a ningún registro previo de la Universidad Autónoma Chapingo ni del Instituto de Biología de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). La especie recibió el nombre de Photinus esmeraldensis y, de acuerdo con Parrilla Arroyo, funciona como controlador biológico de plagas: se alimenta de gallina ciega y contribuye al equilibrio del ecosistema forestal. El propio responsable citó a la bióloga estadounidense Sara Lewis, quien sostuvo en 2020 que la presencia de estos insectos representa el grado máximo de conservación de un bosque; bajo esa lógica, el crecimiento poblacional documentado operaría como un indicador indirecto de la recuperación del ecosistema tras años de manejo comunitario.

El ciclo de vida de la Photinus palaciosi ilustra la fragilidad de la especie. Tras el apareamiento, los huevos incuban durante 30 días; de ahí nacen larvas de apenas un milímetro, entre 50 y 150 por postura, que permanecen en el suelo durante 10 meses alimentándose de gallina ciega, lombrices, babosas y caracoles. Al emerger como adultas, la hembra vive hasta 30 días y el macho únicamente entre tres y cinco, un periodo breve en el que ocurre el despliegue de destellos que atrae a los visitantes durante las noches de verano. Con luna llena, los ejemplares se mantienen bajo la sombra de los árboles.

El Ejido Emiliano Zapata, que administra el Bosque Esmeralda, se constituyó formalmente el 23 de noviembre de 1999 y está integrado por 28 ejidatarios. El manejo forestal comunitario que han sostenido durante más de dos décadas les valió, en 2021, el Premio Nacional al Mérito Forestal, reconocimiento que distingue proyectos de conservación con participación directa de comunidades rurales y ejidales. En el país existen 14 sitios reconocidos para el avistamiento de luciérnagas, de acuerdo con Parrilla Arroyo, quien afirma que Bosque Esmeralda concentra la mayor diversidad de especies entre todos ellos.

De la agricultura al turismo de naturaleza

Esa condición ha impulsado un turismo de naturaleza que, en municipios como Amecameca, representa una fuente de ingresos alternativa a la agricultura tradicional de la región, aunque no existen cifras oficiales publicadas sobre su impacto económico específico. El modelo de ejidos y comunidades que gestionan directamente sus bosques tiene arraigo en México desde el reparto agrario posterior a la Revolución y la conformación del régimen ejidal, y en las últimas décadas ha derivado en experiencias de aprovechamiento forestal comunitario que combinan conservación e ingresos locales, como las documentadas en la sierra de Oaxaca y en zonas boscosas del centro del país.

El fenómeno del turismo de luciérnagas no es exclusivo de México. En países como Japón y Tailandia, así como en algunas regiones de Centroamérica, estos avistamientos se han convertido en atractivos que combinan educación ambiental y conservación, con protocolos que limitan el uso de luz artificial y el número de visitantes por noche para no alterar el comportamiento reproductivo de los insectos. En Bosque Esmeralda los recorridos nocturnos se realizan con restricciones de iluminación y senderos delimitados.

Visitantes que acudieron al parque durante la temporada describieron la experiencia como parte del atractivo natural de la región de los volcanes. Abril, adolescente de 14 años originaria de la Ciudad de México, relató que nunca había visto tantas luciérnagas juntas: la calificó de experiencia "maravillosa e inolvidable". Aideth, madre de familia que llevó a sus hijas al recorrido, dijo que lo más emocionante era ver "decenas de lucecitas" parpadear en la oscuridad. Fernanda, niña capitalina de ocho años, resumió que lo que más le gustó fue "ver muchas luces por todos lados".

La conservación de este tipo de hábitats enfrenta retos de mediano plazo relacionados con el cambio climático y la presión urbana sobre las zonas boscosas del centro del país. La pérdida de humedad en los suelos forestales y el aumento de las temperaturas nocturnas figuran entre los factores que más afectan a especies con requerimientos ambientales tan estrechos como los de la Photinus palaciosi, cuya reproducción depende de un rango térmico de apenas unos grados.

Para los próximos meses, el equipo del Bosque Esmeralda prevé continuar con el monitoreo poblacional y la documentación de la Photinus esmeraldensis, con miras a su incorporación al inventario nacional de especies que resguardan instituciones como el Instituto de Biología de la UNAM. El calendario de la temporada de avistamiento, ligado a los meses de mayor humedad y precipitación en la región, se extiende de finales de la primavera al inicio del otoño, periodo en el que se concentra la mayor parte de los cerca de 12,000 visitantes que recibe el parque.

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