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Rusia dice haber derribado 791 drones ucranianos en tres días

Moscú y su región concentran una ofensiva que Sobianin cifra en 620 aparatos lanzados contra la capital, en un episodio que presiona los precios del gas europeo

Por Redacción de El Hemiciclo· · Actualizado:
4 min de lectura
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Rusia habría sido objeto en la madrugada del 18 al 19 de agosto de 2026 del segundo ataque masivo con drones ucranianos en apenas tres días, según el Ministerio de Defensa ruso, que asegura haber interceptado 791 aparatos de ala fija sobre quince regiones, la península de Crimea y los mares Negro y Azov. El alcalde de Moscú, Serguéi Sobianin, detalló que 620 drones fueron lanzados contra la región de la capital, de los que 180 habrían sido derribados en sus inmediaciones.

El comunicado difundido por el mando castrense ruso en su canal de Telegram sitúa la operación como la segunda ofensiva de saturación contra territorio ruso en menos de 72 horas. El domingo 16 de agosto, Moscú ya había informado de la destrucción de 822 drones, una cifra que, sumada a la de esta madrugada, apunta a una capacidad ucraniana para sostener ataques de largo alcance sin apenas pausa entre uno y otro. Según el desglose oficial ruso, los 791 aparatos interceptados se repartieron entre quince regiones del país, la Crimea anexionada en 2014 y los espacios marítimos del Negro y el Azov, corredores estratégicos para la exportación de grano e hidrocarburos rusos desde el inicio de la invasión a gran escala de Ucrania en febrero de 2022. Ninguna de estas cifras ha sido verificada por fuentes independientes ni por Kiev, que no suele confirmar el alcance de sus operaciones con drones sobre suelo ruso.

Sobianin, en su cuenta de la red social MAX, ofreció el relato más detallado del ataque sobre la capital. «Hasta las 05:00 de la mañana en dirección a la región de Moscú fueron lanzados 620 drones, de los cuales 180 fueron derribados en las inmediaciones de la ciudad», declaró el alcalde, que horas después amplió el balance con otros 17 aparatos neutralizados. El gobernador de la región, Andréi Vorobiov, elevó la cifra total de drones abatidos en el óblast a más de 150, en una contabilidad que no coincide plenamente con la del propio alcalde, un patrón habitual en los partes rusos sobre estos incidentes.

Los daños materiales, de acuerdo con los partes de las autoridades regionales, se extendieron por al menos ocho distritos del óblast moscovita. En Ramenski, una niña de diez años habría resultado herida por esquirlas al caer un dron; en Bogorodski y Kolomna se reportó la hospitalización de una mujer y un joven, respectivamente. En Noguinsk, un artefacto habría alcanzado un centro logístico de la plataforma de comercio electrónico Wildberries, instalación que según estos mismos partes ya había sido objetivo de ataques anteriores. En Pávlovo-Posadski ardió por completo una vivienda y en Kolomna se incendió un centro comercial de la cadena Globus.

Ucrania no ha reivindicado oficialmente la autoría del ataque de esta madrugada, en línea con su práctica de no confirmar operaciones con drones sobre suelo ruso. El patrón de objetivos —zonas próximas a Moscú y centros logísticos vinculados al comercio y la distribución— resulta coherente con la estrategia de trasladar el coste de la guerra a la retaguardia rusa. Moscú, por su parte, sostiene que estos bombardeos constituyen ataques contra población civil, mientras Kiev invoca desde el inicio de la invasión el artículo 51 de la Carta de las Naciones Unidas sobre legítima defensa para justificar operaciones contra territorio ruso, en una disputa jurídica y política que ningún organismo internacional ha zanjado de forma vinculante.

Del ataque esporádico a las oleadas de cientos de drones

El precedente más directo de esta guerra de drones de largo alcance se remonta a finales de 2022 y 2023, cuando Ucrania comenzó a atacar de forma esporádica infraestructuras en la región de Moscú y en Crimea con aparatos de fabricación propia. Desde entonces, la escala de estas operaciones ha crecido de forma sostenida, hasta alcanzar los volúmenes de varios cientos de drones por oleada que se registran en agosto de 2026, lo que refleja tanto el desarrollo de la industria ucraniana de defensa como el desgaste acumulado de los sistemas antiaéreos rusos, obligados a proteger un territorio de más de 17 millones de kilómetros cuadrados.

El Ministerio de Defensa ruso no ha cuantificado en su comunicado daños sobre infraestructura energética o de exportación, un extremo que tampoco ha sido confirmado por fuentes independientes. Sin embargo, la repetición de ataques de esta escala cerca de Moscú en un plazo tan corto introduce lo que los operadores de mercado energético describen como una prima de riesgo geopolítico, que los inversores trasladan a los contratos de futuros de gas natural en el mercado TTF de Ámsterdam, la referencia de precios para toda Europa.

Esa dinámica se ha repetido a lo largo de la guerra: desde febrero de 2022, cualquier episodio que sugiera fragilidad en la logística energética rusa —un ataque a una refinería, a un oleoducto o un bombardeo masivo cerca de la capital— ha tendido a elevar los precios del gas y el petróleo en Europa, incluso cuando el impacto directo sobre la producción no está confirmado. El TTF llegó a superar los 300 euros por megavatio hora en agosto de 2022, en pleno pico de la crisis energética, frente a niveles muy inferiores en los años previos a la guerra, según los operadores del mercado europeo.

Un rebote que llega hasta las hipotecas españolas

Para el Banco Central Europeo, la consolidación de una prima energética al alza complica el escenario de cara a su reunión de política monetaria prevista para el otoño de 2026. Un repunte sostenido del gas y el petróleo presiona los índices de precios al consumo en la eurozona y reduce el margen del organismo con sede en Fráncfort para continuar con la senda de relajación de tipos iniciada en trimestres anteriores, según el análisis habitual de los mercados de renta fija ante este tipo de episodios.

El impacto sobre España sería indirecto pero no irrelevante: el Euríbor a doce meses, índice de referencia para la mayoría de las hipotecas variables en el país, tiende a reflejar con retardo los movimientos en las expectativas de tipos del BCE, que a su vez responden a la evolución de la inflación importada a través de la factura energética. La dependencia europea del gas ruso ha caído de forma acusada desde 2022 con el giro hacia el gas natural licuado y otros proveedores, lo que amortigua el efecto directo de cada incidente, aunque no elimina la volatilidad de los precios de referencia.

En los próximos días, el dato relevante será si Rusia reporta nuevos ataques contra centros logísticos y de distribución como el de Wildberries en Noguinsk, lo que apuntaría a una estrategia ucraniana de desgaste económico más que puramente militar. Igualmente decisivo será comprobar si los precios del TTF consolidan la subida registrada tras estos dos ataques consecutivos o si, como en episodios anteriores de esta guerra, la tensión remite en cuanto el mercado descarta un impacto directo sobre el suministro de gas a Europa.

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