Maquinaria en la explanada mientras los focos apuntaban a Madrid A primera hora de la mañana del lunes, operarios al servicio del Ministerio de Vivienda introdujeron perforadoras en la explanada situada frente a la exedra del conjunto monumental. Los trabajos consisten en catas geotécnicas previas a una intervención de mayor alcance, según las fuentes consultadas por este diario. La elección de la fecha no fue fortuita: el lunes es el único día de la semana en que Cuelgamuros permanece cerrado al público, lo que redujo al mínimo la presencia de visitantes y, con ello, la visibilidad exterior de las operaciones.
La coincidencia horaria con la intervención del Papa León XIV en el Congreso de los Diputados —primera visita de un pontífice a la cámara baja española desde la inauguración del actual periodo democrático— concentró la atención mediática en Madrid. Fuentes gubernamentales no han desmentido la cronología de los hechos, aunque tampoco han confirmado oficialmente el inicio de los trabajos en el recinto.
Sin declaración responsable ante el Ayuntamiento El punto más delicado desde el punto de vista jurídico-administrativo es la ausencia, según fuentes municipales, de la declaración responsable que el promotor de cualquier obra debe presentar ante el ayuntamiento competente antes de iniciar los trabajos. En el caso de intervenciones en bienes inmuebles catalogados o situados en municipios con planeamiento propio, la Ley 38/1999 de Ordenación de la Edificación y la normativa urbanística autonómica de la Comunidad de Madrid exigen ese documento como requisito previo ineludible, con independencia de que el promotor sea una Administración del Estado.
El Ayuntamiento de San Lorenzo de El Escorial, cuya competencia territorial sobre el conjunto es indiscutida, no habría recibido dicha comunicación, lo que abriría la posibilidad de que los trabajos iniciados el lunes carezcan de cobertura administrativa suficiente. Fuentes del consistorio no respondieron a las preguntas de este diario antes del cierre de edición. El Ministerio de Vivienda tampoco facilitó documentación que acreditase haber cumplido ese trámite.
Este tipo de conflicto entre la Administración General del Estado y los ayuntamientos sobre obras en bienes de titularidad estatal tiene precedentes en la Transición: la reforma del Parador Nacional de Turismo de Sigüenza en 1983 generó un litigio competencial que el Tribunal Supremo resolvió en 1987 exigiendo al Estado el sometimiento a licencia municipal ordinaria. La doctrina consolidada es que la titularidad pública de un inmueble no exime al promotor de cumplir la normativa urbanística local.
El conflicto judicial pendiente sobre la resignificación Las obras se producen en un contexto de litigiosidad abierta. La comunidad benedictina que gestiona la basílica bajo el estatus de abadía sui iuris —figura canónica que la sitúa bajo jurisdicción directa de la Santa Sede, no del obispado diocesano— ha interpuesto un recurso contencioso-administrativo contra el concurso público mediante el cual el Ministerio de Vivienda inició el proceso de resignificación del conjunto. El recurso descansa sobre dos pilares.
El primero cuestiona la capacidad del cardenal arzobispo de Madrid, José Cobo, para comprometer al Estado vaticano en un documento de intercambio de notas firmado el 5 de marzo. Según los monjes, al tratarse de una abadía sui iuris, solo el Romano Pontífice tiene autoridad canónica para autorizar una intervención de tal naturaleza. El segundo argumento impugna el contenido material del acuerdo: la carta establece que únicamente el altar y las bancadas adyacentes conservarán el carácter de espacio de culto, mientras que el vestíbulo, el atrio, la nave desocupada y el espacio bajo la cúpula quedarían disponibles para intervenciones museográficas y artísticas. La comunidad entiende que esa compartimentación afecta a la sacralidad del lugar en su conjunto.
El papel de la Santa Sede y la advertencia de Parolin El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, reconoció haber llevado el asunto de Cuelgamuros a su reunión con León XIV y con el secretario de Estado vaticano, el cardenal Pietro Parolin, durante la visita papal. Sin embargo, no desveló la respuesta de la Santa Sede. El comunicado oficial de la Sala Stampa ofrece una pista inequívoca: entre las cuestiones tratadas, el texto destacó «la necesidad de fomentar un diálogo fructífero entre la Iglesia local y las autoridades gubernamentales». En la gramática diplomática vaticana, esa formulación equivale a señalar al interlocutor legítimo del Gobierno español: no la Secretaría de Estado, sino la Conferencia Episcopal y el abad del monasterio.
La lectura que cabe hacer de ese párrafo es coherente con la posición canónica de la abadía: si el Vaticano considera que el diálogo debe producirse con «la Iglesia local», está implícitamente reconociendo que el acuerdo Bolaños-Cobo no zanja el problema. La Conferencia Episcopal, por su parte, ha desmentido que exista ningún acuerdo firmado con el Vaticano sobre la resignificación, contradiciendo la afirmación del ministro Félix Bolaños. Su presidente, Luis Argüello, reclamó en la apertura de la última asamblea plenaria que el Ministerio y los monjes alcanzasen un entendimiento antes de que comenzasen las obras.
La posición del Gobierno y el proyecto de resignificación El Ministerio de Vivienda sostiene que las actuaciones previstas se ajustan al mandato de la Ley de Memoria Democrática (Ley 20/2022, de 19 de octubre, BOE núm. 252), que en su artículo 54 ordena al Gobierno transformar el Valle de los Caídos en un «lugar de memoria democrática», eliminando cualquier elemento de exaltación del franquismo. Esa misma norma rebautizó el enclave como «Cuelgamuros». La ley, aprobada con los votos del PSOE, Unidas Podemos, ERC, Bildu y otros socios de investidura, no obtuvo el respaldo del PP ni de Vox.
El ministro Bolaños ha reiterado en varias ocasiones que el proyecto cuenta con el aval vaticano y que la resignificación es «irreversible». No obstante, la ausencia de un documento público que acredite ese aval —la carta del 5 de marzo no ha sido publicada íntegramente por el Ejecutivo— y las contradicciones con la Conferencia Episcopal debilitan esa narrativa en términos de credibilidad institucional. El Gobierno no respondió a las preguntas de este diario sobre los documentos de autorización municipales ni sobre el calendario exacto de las obras.
Precedente político y tensión institucional Desde la exhumación de Francisco Franco en octubre de 2019 —operación igualmente rodeada de tensión jurídica y ejecutada bajo fuerte escrutinio mediático—, el conjunto de Cuelgamuros ha sido escenario de una pugna constante entre el Ejecutivo y los gestores religiosos del recinto. Aquella exhumación se produjo tras una batalla judicial que llegó al Tribunal Supremo (STS de 23 de octubre de 2019), que avaló la competencia del Gobierno pero impuso condiciones sobre el traslado de los restos. Ese precedente ilustra que las intervenciones unilaterales del Estado en el conjunto han requerido en el pasado el refrendo judicial para consolidarse.
La decisión de iniciar los sondeos el mismo día en que el Papa visitaba el Congreso —y no, por ejemplo, el martes o cualquier otro día laborable— ha generado una lectura política extendida en los círculos eclesiásticos consultados por este diario: la de un Ejecutivo que apuesta por la política de hechos consumados ante la perspectiva de que un acuerdo negociado con los monjes se dilate o fracase. Esa estrategia, sin embargo, eleva el riesgo de que el recurso benedictino prospere y que un tribunal ordene la paralización cautelar de las obras, lo que convertiría la maniobra en un coste político sin contrapartida.
Qué ocurre a partir de ahora: plazos y escenarios Los próximos hitos jurídicos y políticos son varios. En primer lugar, el Ayuntamiento de San Lorenzo de El Escorial puede requerir al Ministerio la presentación de la declaración responsable y, si no la recibe, ordenar la paralización cautelar de los trabajos por vía administrativa. En segundo lugar, la comunidad benedictina puede solicitar medidas cautelares en el marco del recurso contencioso ya presentado; el juzgado competente —el Tribunal Superior de Justicia de Madrid, dado que el promotor es la Administración del Estado— tendría que pronunciarse en un plazo que habitualmente oscila entre semanas y pocos meses, dependiendo de la urgencia alegada.
En tercer lugar, la visita de León XIV a España y el comunicado de la Sala Stampa han recalibrado el tablero diplomático: si el Vaticano reitera por canales formales que el interlocutor adecuado es la Iglesia española, el Gobierno perdería el argumento del aval pontificio que ha esgrimido hasta ahora. El secretario general de la Conferencia Episcopal, César García Magán, ya ha expresado públicamente la misma demanda que Argüello: negociación antes de obras. La pregunta que queda abierta es si el Ministerio de Vivienda está dispuesto a sentarse con el abad o si mantendrá la vía de los hechos consumados hasta que un tribunal le obligue a reconsiderar.


