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El Museo de Orsay reivindica a Bartholdi, el escultor de la Estatua de la Libertad

La muestra, abierta hasta el 31 de enero, recorre la trayectoria del autor de la obra, que «cayó un poco en el olvido», según la comisaria Juliette Chevée.

Por Redacción de El Hemiciclo· · Actualizado:
3 min de lectura
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Ilustración de El Hemiciclo · la antorcha de bronce y las herramientas del taller
ILUSTRACIÓN DE EL HEMICICLO

El Museo de Orsay de París inaugura este miércoles una exposición temporal dedicada al escultor francés Auguste Bartholdi, autor de la Estatua de la Libertad, con esculturas, réplicas y documentos que reconstruyen el proceso detrás de uno de los monumentos más reconocibles del mundo. La muestra, abierta hasta el 31 de enero, coincide con el 250 aniversario de la Declaración de Independencia de Estados Unidos.

La confusión sobre la autoría de la obra es común: buena parte del público la atribuye a Gustave Eiffel, cuando este solo diseñó la estructura interna metálica que sostiene la figura. El verdadero autor, titulada originalmente "La Liberté éclairant le monde" (La libertad iluminando el mundo), fue Bartholdi (1834-1904), quien dedicó buena parte de su carrera a materializar un proyecto que tardó una década desde su concepción hasta la inauguración, el 28 de octubre de 1886.

La exposición, bautizada "Auguste Bartholdi. La Liberté éclairant le monde", se organiza en seis secciones que combinan esculturas, réplicas, fotografías y material de campaña publicitaria. El recorrido sitúa el origen de la idea en una cena en la que el jurista Édouard Laboulaye propuso a Bartholdi concebir un monumento que simbolizara la amistad entre Francia y Estados Unidos, apoyado en los valores del derecho antes que en la violencia revolucionaria.

Esa intención explica las diferencias entre la figura de Bartholdi y otras representaciones de la libertad en el arte francés, como la del cuadro "La Libertad guiando al pueblo", de Eugène Delacroix. Laboulaye defendió esa distinción en un discurso de 1876 ante la Unión Franco-Estadounidense, la fundación encargada de recaudar los fondos.

"No es la libertad con un gorro frigio rojo en la cabeza y una pica en la mano que camina sobre los cadáveres. La nuestra en una mano sostiene una antorcha, no la antorcha que incendia sino la llama que ilumina, en la otra las tablas de la ley", declaró Édouard Laboulaye en 1876 ante la Unión Franco-Estadounidense.

François Blanchetière, conservador jefe del departamento de escultura del Museo de Orsay y comisario de la muestra junto con Chevée, precisó que la estatua no fue un obsequio entre gobiernos, sino una iniciativa financiada mediante colecta popular entre particulares. La exposición documenta esa campaña, que incluyó el envío de la mano con la antorcha a la Exposición Universal de Filadelfia de 1876 —la primera celebrada fuera de Europa— y la exhibición del busto en el Campo de Marte de París.

El papel decisivo de Joseph Pulitzer

El ensamblaje completo se realizó en Francia, donde durante varios años funcionó como reclamo turístico antes de ser desmontada y trasladada en un barco de la Marina francesa desde Ruán. En Estados Unidos, la construcción del pedestal —responsabilidad estadounidense— estuvo a punto de fracasar por falta de fondos hasta que el magnate de la prensa Joseph Pulitzer impulsó una campaña que finalmente permitió completarlo.

Chevée, directora del Museo Bartholdi en Colmar, ciudad natal del escultor, explicó este lunes ante la prensa las razones por las que el nombre del artista quedó eclipsado por su propia creación.

"Es famosa en todo el mundo, vista una y otra vez, y es reconocible de una forma casi universal, hasta el punto de haberse convertido en un icono. Sin embargo, paradójicamente, sus orígenes son bastante desconocidos, sobre todo por la identidad de su creador, que cayó un poco en el olvido tras la inauguración de la estatua, tras su muerte", afirmó Juliette Chevée, directora del Museo Bartholdi.

Con el paso de las décadas, el carácter original del monumento como símbolo de amistad entre dos pueblos se fue diluyendo hasta que la estatua se consolidó como un icono propio de Estados Unidos y, en particular, de la ciudad de Nueva York, según recuerda la exposición. El Museo de Orsay la mantendrá abierta al público hasta el 31 de enero de 2027.

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