La Cancillería justificó la decisión por los "presuntos vínculos del gobierno de Irán con grupos terroristas internacionales y otros grupos narcoterroristas que amenazan la seguridad del país", sin precisar cuáles. En un comunicado adicional, Bogotá declaró "grupo terrorista" a la Guardia Revolucionaria iraní, al sostener que "reprime a la población iraní y ataca en operaciones encubiertas" más allá de las fronteras de Irán, y anunció que reforzará sus controles para impedir el ingreso de sus miembros al territorio colombiano.
Colombia añadió que la ruptura obedece también a las "violaciones constatadas de derechos humanos cometidas por el gobierno iraní" dentro de su territorio, a los ataques contra "países que no son parte del conflicto en el Medio Oriente", al bloqueo al estrecho de Ormuz y a la obstrucción de las labores del Organismo Internacional de Energía Atómica.
La Guardia Revolucionaria surgió de la Revolución Islámica de Irán de 1979 como fuerza destinada a proteger el gobierno supervisado por clérigos chiíes, y más tarde quedó consagrada en la Constitución iraní. Se trata de uno de los pilares del aparato de seguridad del país persa.
Las relaciones entre Colombia e Irán se habían establecido en 1975. Según la Cancillería, la embajada colombiana en Nueva Delhi es concurrente para Irán en asuntos diplomáticos y consulares, un esquema que se mantiene pese al rompimiento político.
La decisión se enmarca en la nueva guía de política exterior que impulsa el gobierno de De la Espriella, respaldado desde la campaña por el presidente estadounidense Donald Trump. El giro alinea a Bogotá con Washington, que ha designado a la Guardia Revolucionaria como organización terrorista extranjera, una postura que la administración estadounidense ha reiterado en el marco de su presión sobre Teherán.
Colombia no es el único país de la región que ha tomado esta vía. Perú, bajo el mando de la conservadora Keiko Fujimori, rompió también relaciones con Irán por considerar que su actuación "amenaza la estabilidad" en Oriente Medio y "afecta gravemente la paz y seguridad internacionales", según el gobierno peruano.
Estos movimientos contrastan con la posición previa de varios gobiernos latinoamericanos, que durante años mantuvieron canales abiertos con Teherán en foros multilaterales. La ruptura colombiana con un socio con el que sostenía vínculos desde hace medio siglo marca un quiebre en esa trayectoria y refleja el reacomodo diplomático regional hacia el eje de Washington.
La medida se hizo efectiva el 19 de septiembre y no supone, según reiteró la Cancillería, la ruptura de las relaciones consulares entre ambos países.