Según el comunicado difundido por el Ministerio de Relaciones Exteriores de China, Wang Yi subrayó a Rubio "la firme posición de China sobre la reciente serie de declaraciones y acciones negativas de Estados Unidos, exigiendo que este país respete los intereses fundamentales de China". El propio texto describió la cita como "positiva y constructiva" y señaló que ambas partes acordaron usar los canales políticos y diplomáticos para mantener la "dirección positiva" de su relación. El escrito indicó que se intercambiaron puntos de vista sobre "focos de conflicto internacional", sin ofrecer detalles.
El cara a cara coincidió con un pico de tensión en aguas disputadas. El lunes se registró un encontronazo entre guardacostas chinos y marinos de Filipinas, país con el que Washington mantiene un acuerdo de defensa mutua. El Departamento de Estado estadounidense condenó la víspera de la reunión "las acciones peligrosas y agresivas" de Beijing en esas aguas y lo instó a "cesar de inmediato su conducta desestabilizadora".
China reclama la soberanía sobre prácticamente la totalidad del mar de China Meridional, una vía por la que transita cerca del 30% del comercio marítimo mundial y que alberga importantes caladeros y potenciales reservas de hidrocarburos, según los datos citados en el comunicado chino. Esa reivindicación se superpone con las de Filipinas, Vietnam, Malasia, Brunéi y Taiwán. El principal riesgo, señala Beijing, es que la zona se convierta en escenario de un conflicto indirecto entre las dos potencias.
Un tratado de 1951 y un fallo que Beijing no reconoce
Filipinas mantiene con Estados Unidos un tratado de defensa mutua vigente desde 1951, que compromete a Washington a asistir a Manila en caso de agresión armada, lo que convierte cualquier escalada naval en un riesgo de arrastre para la Casa Blanca. La disputa jurídica tiene un antecedente central: en 2016, un tribunal arbitral constituido bajo la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar desestimó las reclamaciones marítimas chinas en un caso promovido por Filipinas, un fallo que Beijing nunca ha reconocido. La ausencia de una resolución aceptada por ambas partes explica la reiteración de incidentes entre embarcaciones.
La disputa se inscribe en la competencia más amplia entre Washington y Beijing por la influencia en el Sudeste Asiático, región donde Estados Unidos mantiene alianzas de defensa y donde China concentra buena parte de su inversión en infraestructura a través de la Iniciativa de la Franja y la Ruta. La ASEAN, fundada en 1967, ha evitado históricamente tomar partido explícito entre las dos potencias.
El encuentro entre Wang y Rubio llegó en un momento de aparente estabilidad en la relación bilateral, tras la cumbre entre los presidentes Donald Trump y Xi Jinping en mayo y la tregua comercial alcanzada en octubre pasado en Corea del Sur, durante la cumbre del Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC). Esa tregua permitió congelar, al menos temporalmente, la escalada de aranceles que había marcado buena parte del segundo mandato de Trump.
Pese a ese contexto, Trump formuló recientemente una acusación según la cual Beijing habría interferido en las elecciones presidenciales estadounidenses de 2020, en las que resultó vencedor el demócrata Joe Biden frente al propio Trump. El gobierno chino calificó en su momento el señalamiento de "invención", y el comunicado difundido este miércoles sobre la reunión en Manila no hizo mención al tema. El mandatario estadounidense ha cuestionado además la integridad del sistema electoral de su país y prometido divulgar documentos sobre la presunta injerencia china, sin que hasta ahora se haya publicado evidencia al respecto.
Lectura desde México: cadenas de suministro y T-MEC
Aunque México no tiene reclamaciones territoriales en esa región, la fricción entre Beijing y Washington tiene implicaciones indirectas para el país. China es uno de sus principales socios comerciales globales, mientras su relación estratégica con Estados Unidos se ancla en el Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC). Cualquier turbulencia entre las dos mayores economías del mundo repercute sobre las cadenas de suministro y los flujos de inversión que atraviesan el Pacífico y que sostienen la integración productiva norteamericana.
Por el momento no hay indicios de que el episodio derive en una escalada militar directa entre China y Estados Unidos, y ambas cancillerías han insistido en mantener abiertos los canales diplomáticos. La persistencia de incidentes navales en el mar de China Meridional mantiene, sin embargo, a la región como uno de los principales puntos de riesgo de conflicto indirecto entre las dos potencias.
El siguiente hito será la continuidad de las conversaciones bilaterales una vez concluya el encuentro de cancilleres de la ASEAN en Manila, en un marco donde la agenda comercial —con la tregua arancelaria aún vigente— y la seguridad marítima seguirán condicionando la relación entre Beijing y Washington en las próximas semanas.