El estudio, coordinado por Marco Antonio Fernández y con la participación de Javier García Patiño, Roberto de la Rosa, Karla Contreras y Sandra Reyes, documenta que a escala nacional 60.5% de los menores que usan internet lo hacen únicamente a través del celular, mientras que solo 35.2% logra conectarse desde su escuela. La brecha, según el análisis, no es homogénea: se agrava conforme desciende el nivel socioeconómico del hogar y golpea con mayor fuerza a las comunidades rurales frente a las urbanas.
Entre los usuarios de internet del estrato bajo, únicamente 26.1% puede conectarse desde el plantel, 77% depende en exclusiva del celular y 73.1% —unos 4.2 millones de menores— vive en hogares sin computadora, laptop ni tableta. La fotografía se invierte en el estrato alto: 57.2% se conecta desde la escuela, apenas 30% depende solo del teléfono y únicamente 11.2% —alrededor de 200,000 menores— carece de otros equipos en casa. El estrato medio bajo se ubica en un punto intermedio: 32.1% se conecta desde la escuela, 64.4% depende exclusivamente del celular y 52.1% —cerca de siete millones de menores— no tiene otros equipos en el hogar.
La diferencia entre el campo y la ciudad reproduce el mismo patrón. En zonas rurales, solo 28% de los menores se conecta a internet desde la escuela, 75.7% depende únicamente del celular y 69.8% vive sin computadora, laptop ni tableta. En zonas urbanas esos porcentajes son de 37.3%, 56.1% y 41.9%, respectivamente, de acuerdo con las estimaciones del IEEC y México Evalúa a partir de la ENDUTIH 2025.
"La escuela compensa menos justo donde el hogar depende más del celular", señala el documento, al contrastar los estratos bajo y alto: la conexión desde el plantel pasa de 26.1% a 57.2%, mientras la dependencia exclusiva del teléfono cae de 77% a 30%. El texto sostiene que el sistema educativo, en su condición actual, no logra nivelar el acceso digital entre los hogares con menos recursos y los de mayores ingresos.
El teléfono celular, sin embargo, no es solo un dispositivo de entretenimiento en la vida escolar de millones de estudiantes. Según los datos de la ENDUTIH 2025 citados en el estudio, 88.2% de los usuarios de celular de entre 12 y 14 años declaró utilizarlo para actividades escolares, y 82% de los usuarios de internet de 6 a 17 años lo emplea para hacer tareas. Aun así, solo 35.2% de ellos puede conectarse dentro de su propio plantel.
La infraestructura escolar es, para los autores del análisis, la otra cara de la brecha. El informe "Aprender Parejo", elaborado también por la IEEC y México Evalúa en 2024, encontró que únicamente 35 de cada 100 escuelas públicas de educación básica cuentan con computadoras e internet destinados a fines pedagógicos, una proporción que deja a la mayoría de los planteles sin capacidad de ofrecer una alternativa de conectividad a sus alumnos.
Los vacíos que señala el estudio a la consulta de la SEP
El análisis se centra en una consulta que la SEP puso en marcha para conocer qué apoyos requieren las escuelas públicas para regular el uso de dispositivos digitales entre los alumnos, en el marco de un debate nacional sobre el uso de celulares en las aulas que también se ha reproducido en otros países de América Latina. Según el IEEC y México Evalúa, el instrumento de la dependencia no incluye preguntas sobre si los planteles cuentan con internet, equipos propios o espacios adecuados para resguardar los teléfonos durante la jornada escolar.
Esa omisión, advierten los autores, puede llevar a que la regulación resultante aplique una misma regla a escuelas y alumnos en condiciones distintas. Durante el horario de clase, señalan, guardar el celular puede ayudar a preservar el tiempo dedicado al aprendizaje; pero si la restricción se extiende al resto de la jornada escolar, el efecto cambia de naturaleza: un estudiante con computadora en casa pierde el acceso a uno de varios dispositivos, mientras que quien solo cuenta con el teléfono pierde su única vía de conexión a internet durante ese lapso.
El planteamiento se inserta en un debate de mayor alcance sobre desigualdad digital que el INEGI ha documentado en ediciones sucesivas de la ENDUTIH, levantada de manera periódica desde mediados de la década pasada, en las que la distancia entre hogares urbanos y rurales, y entre estratos socioeconómicos, ha aparecido de forma recurrente como un obstáculo para el acceso equitativo a la educación en línea. Ese contraste se hizo especialmente visible durante la contingencia sanitaria de 2020 y 2021, cuando millones de estudiantes debieron continuar sus clases a distancia con los recursos disponibles en casa, incluido el programa de televisión educativa dispuesto por la propia SEP para los hogares sin conexión.
El marco de la política pública en juego es el de una eventual normativa sobre uso de dispositivos en las aulas: la regulación de la educación básica corresponde a la SEP en coordinación con las autoridades educativas estatales, y cualquier lineamiento aplicable a los planteles se emite y publica por esa vía. El estudio pone el foco en que un diagnóstico que no mida la infraestructura disponible difícilmente permitirá diseñar una regla que atienda de forma diferenciada las condiciones de cada escuela.
El diseño final de la eventual normativa sobre uso de dispositivos en las escuelas, así como los mecanismos que se contemplen para atender la disparidad de acceso a internet y equipos entre los distintos estratos socioeconómicos, quedan como los puntos a seguir en las próximas semanas, conforme la dependencia federal difunda los resultados de su propia consulta y las medidas que deriven de ella.